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ABC MARTES 27 s 2 s 2007 Ciclismo DEPORTES 91 Ullrich se va en la cuesta abajo El ganador del Tour 97, presionado por su implicación en la Operación Puerto anunció su retirada RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. Jan Ullrich confirmó ayer lejos de la meta el final de su carrera sobre dos ruedas. Expulsado del conjunto T- Mobile, en declive y presionado por un presunto caso de dopaje, el mejor ciclista alemán anunció en Hamburgo el fin de mi carrera deportiva Y lo hizo con cierto rencor entre pecho y espalda. Ganador del Tour de Francia con sólo 23 años y proclamado entonces posible sucesor de Miguel Induráin, el ciclista relacionado con la Operación Puerto manifestó su intención de seguir ligado al mundo de la bicicleta como asesor en el modesto equipo Volksbank, de Austria. No podría vivir sin el ciclismo, es mi pasión Dijo haber tenido hasta siete ofertas, incluyendo algunas de equipos ProTour Dicen que en Suiza hay material como para suspenderme de por vida, pero llevo ocho meses preguntándome por qué no aparece Palmarés internacional Juegos Olímpicos: Oro en ruta en Sidney 2000; plata contrarreloj Campeonato del Mundo: Oro en contrarreloj en 1999 y 2001. Pruebas de un día HEW- Cyclassics 97, Luk- Buhl 97, V. a Berlín 98, GP Nuremberg 98, Coppa Agostoni 2000, Vuelta d Emilie 01, Clásica de Dortmund 01, Vuelta a Colonia 03, Coppa Sabatini 04. Grandes vueltas 1 Tour (1997) 2 en 1996, 1998, 2000, 2001 y 2003; 3 en 2005; 4 en 2004. Siete etapas; 18 días de amarillo 1 Vuelta (1999) Dos etapas. Giro: Una etapa en 2006 Pruebas por etapas Vuelta a Suiza (04 y 06) Regio Tour 1996. Equipos D. Telekom (94- 02) Team Coast (2003, hasta abril) Bianchi (2003, desde abril) T- Mobile (2004 hasta el 21- 07 de 2006) terial como para suspenderme de por vida comentó Ullrich, que se respondió: Pues llevo ocho meses preguntándome por qué no aparece ese material Arremetió contra el presidente de la Federación Alemana y ex ministro de Defensa, Rudolf Scharping, que antes era el que más fotos se hacía conmigo y ahora dice que he hecho más daño que bien al ciclismo alemán y que nunca me dará una licencia, que yo no le he pedido Duras críticas en su país El día más negro de mi vida Ullrich empleó su despedida para saldar cuentas con algunas caras conocidas y otras que me alegro menos de ver y sugirió que también hay ovejas negras entre nosotros, que aquí no deben tener lugar Reconoció que el día en que fue apartado del Tour fue el más negro de mi vida... se derrumbó mi mundo deportivo El deportista, de 33 años Y residente en Suiza, se refirió a aquella circunstancia como un shock que hasta ahora no he podido superar alegando que entonces se encontraba en plena forma, el equipo estaba bien y estábamos convencidos de que podíamos lograr la victoria Insistió en que se me prejuzgó como nunca an- Ullrich se despidió ante su foto como ganador del Tour 97 tes y como no debería ocurrir en un Estado de derecho y subrayó que aún no se habrían presentado pruebas que demos- REUTERS trasen una actuación antideportiva ni siquiera hay un proceso deportivo en mi contra Dicen que en Suiza hay ma- La ex presidenta de la Federación Alemana de Ciclismo, Sylvia Schenk, criticó la comparecencia de Ullrich ante la prensa y dijo que el ciclista perdió una gran oportunidad para dar a conocer lo que realmente había pasado. La idea de que no pasó nada es algo que yo no puedo aceptar El pasado verano, Jan Ullrich demandó al experto en la lucha antidopaje en Alemania por afirmar que el corredor se habría gastado en un año unos 46.000 dólares en productos dopantes. El nombre de Ullrich apareció también en documentos de la investigación contra el médico español Eufemiano Fuentes, encausado en varios presuntos casos de dopaje deportivo. POULIDOR EN VERSIÓN MODERNA Jan Ullrich, el prodigio de la antigua RDA, será más conocido por su faceta de perdedor, sus cinco segundos puestos en el Tour, que por sus éxitos POR JOSÉ CARLOS CARABIAS MADRID. En la antigua Alemania Democrática, la RDA de los excesos con el dopaje en honor del comunismo, cualquier superdotado caía pronto en las redes de la propaganda. Jan Ullrich era carne de cañón. Hijo de una empleada de hogar en Rostock, sin padre reconocido, pendenciero por el gigantesco puerto del Báltico, pero con una capacidad pulmonar y un consumo de oxígeno capaz de triturar cualquier prueba de esfuerzo. Pudo ser ciclista, maratoniano o jugador de balonmano. El régimen decidió por él. Peter Becker, su primer gurú- entrenador, le desvió hacia las bicis. Una genética superdotada El mismo Ullrich que ayer decía adiós con amargura, marcado por la leyenda negra de este deporte, fue aquel que cogió una bicicleta y maravilló a los técnicos del régimen allá por los ochenta. Pero siempre arrastró la misma condena: no le gustaba su profesión, ni este deporte ni nada que tuviera relación con él. Nunca se empapó de la épica ciclista, de Coppi o Bartali, de Anquetil o Bahamontes, de Merckx, Hinault o Induráin. Corrió porque nació con una genética superdotada, pero con el mismo aliciente que un pegasellos de oficina. Cuenta el vox populi del ciclismo que Eddy Merckx se postró genuflexo para saludar al nuevo crack en Saint Emilion, en aquella contrarreloj de 1996, Induráin abatido por Riis y un país incrédulo por la caída del ídolo, el Tour de regreso de Pamplona. El debutante Jan Ullrich exhibió un poderío extraterrestre en la tercera semana, barrió a la competencia y cuando fue a recoger el ramo de flores despachó a Merckx con el mismo desaire que a un caza- autógrafos pelma. No le conocía. Fue su lastre, la ignorancia sobre un deporte que requiere algo más que sesiones de trabajo. La sensibilidad. Ullrich ganó el Tour 1997 y la búsqueda de un heredero para Induráin cesó. No era necesario más rastreo. El delfín era aquel bestia capaz de ganar todas las contrarrelojes del Tour 1997 y avasallar en la cima de Ordino Arcalís. Llegó entonces el fin de la abundancia. Ullrich tenía algo así como el doble de capacidad atlética que cualquier persona normal pero fallaba en lo elemental. Quiero su cuerpo, pero déjame mi cabeza dijo una vez otro alemán, Jens Voigt. Ullrich es débil. Alguien le comparó en el pelotón con un conejo asustado, incapaz de ejercer como un capitán. Así perdió el Tour 1998, el de la desdicha del dopaje. Pantani, el hé- De carácter débil roe del pueblo, decapitó al germano entre la lluvia del Galibier, a todo o nada. Ullrich llegó descompuesto a Dos Alpes, pómulos al rojo, perdedor ardiente, y desde ahí ya nunca volvió a ser quien anunciaba. Ganó la Vuelta del 99 porque era demasiado bueno para no hacerlo y ahí arrancó su problema crónico en la rodilla. Las lesiones le apartaron del Tour y un error adolescente con una dosis de anfetaminas, de su profesión. Llegó Armstrong, orgulloso y tenaz, con la escoba, y Ullrich abdicó. Ha sido cinco veces segundo en el Tour (1996, 98, 99, 00 y 03) en una pelea contra sí mismo que ha perdido. Cambió al Telekom por el Coast, luego por el Bianchi y más tarde regresó a su casa, el T- Mobile, en una relación tormentosa que su aparición en la agenda negra de Eufemiano Fuentes la última primavera terminó por emborronar.