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ABC MARTES 27 s 2 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA MELODÍA DE SEDUCCIÓN E miran desde lejos a los ojos, y en los guiños mutuos encuentran destellos de complicidad. Pestañas que aletean, pupilas que brillan, mariposas en el estómago, gestos rituales en el tablero de la seducción Como dos tórtolosquesetantean adistancia en una discoteca de moda, Zapatero y Otegi inician el coqueteo de un romance bajo la melodía del Proceso. El presidente no quiere parecer fácily sehaceel estrecho aparentando cautela, pero se le adivina conmovido por la zalamería táctica del hombre de paz que le encuentra virtudes de enamorado como IGNACIO si hubiese sufrido un ataCAMACHO que de oxitocinas con el presentido despertar de la primavera. Ha descubierto Otegi en Zapatero un océano de convicciones y principios valores cívicos republicanos y ambición histórica y conquistado por tanto magnetismo insinúa halagadoras promesas y se declara dispuestosin ambages a hacer loquehaga falta El otro mueve el abanico y entorna los párpados con indisimulada complacencia al halago. Ambos parecen en celo, pero Zapatero no seacabadefiar porqueaúndesconoce- -quizáloaverigüeen lospróximos días- -sielcortejo cuenta con el visto bueno del hosco hermano mayor del pretendiente, que lleva pistola y capucha y gasta contrastada y siniestra reputación de pistolero. El noviazgo se intuye, se palpa, se ventea. Además de los piropos, el terrorista en comisión de servicio ha añadido la sugerencia de una dote: Preferimos un Parlamento a cuatro con un lendakari del PSOE que uno a tres y soberanista Traducción: Déjame pasar en las elecciones que puedo apoyar otro tripartito presidido por el que tú pongas Ésa es la música que lleva tiempo tocando Eguiguren en sus partys de caserío. Suena conocida. De ahí que los expertos en alcahuetería política den en sospechar que este galanteo tiene truco, que se trata de una escenificación ventajista, y señalan la prueba del nueve de la honestidad del solicitante: renuncia formal a la violencia, condena expresadelterrorismo, cesedela presióncallejera y alejamiento fehacientedeETA. Eso sería lo que hace falta lo que separa una oportunista declaración cosmética, una treta de conveniencia, de una verdadera voluntad dereinserciónen la legalidad democrática. Lo demás es flirteo, coquetería, insinuaciones, arrumacos. Batasuna quiere paso libre en las municipales y prodiga lisonjas, carantoñas, promesas y requiebros. Al presidente le complace este juego galante y se deja querer con manifiesto agrado. Sabe que para consumar el romance existe una dificultad objetiva: políticamente está aún casado en un Pacto Antiterrorista que suscribió cuandoeramásjoven ycreíacon romanticismo en los acuerdos para siempre Pero ese matrimonio está roto de hecho, y su pasión consumida deja paso al revoloteo de esta nueva melodía de seducciones. El divorcio está al caer. Y Aun así, está obligado a guardar ciertas formas de decoro. Las que impiden bailar alos amantes sobrelos rastrojos delos difuntos. S TANTO PASTELERO EQUIDISTANTE A Martínez de la Rosa sus enemigos le llamaban Rosita la Pastelera por su capacidad política para la componenda. En realidad, él sólo era un moderado opuesto a los exaltados. Los retratistas le dan un aire augusto, atildado y satisfecho. Al fin y al cabo, fue un experto en la política de transacción, en busca del término medio. A sus seguidores hoy en día también se les llama pasteleros. Los hay en el PP y algunos en el PSOE, pero más emboscados. Propenden a las tesis del justo medio, a la clásica posición del moderantismo: por eso se dice que pastelean. Los sectores más aguerridos del PP les califican de equidistantes, y ya se sabe que la equidistancia es un posicionamiento equívoco y pastelero. Eso no obsta para que en el futuro sean los equidistantes quienes tengan que retocar en el photoshop la instantánea de las islas Azores y recomponer las relaciones con CiU para tener un socio parlamentario que les permita gobernar. En el PSOE los pasteleros se verán en la faena de superar el estropicio zapaterista, porque más pronto o más tarde el socialismo español tendrá que espaciarse claramenVALENTÍ te del radicalismo y reingresar en la PUIG post- socialdemocracia europea, según se vaya orientando el Partido Demócrata norteamericano. Cambio de ciclo: el pasteleo ya no será una entrega, sino un método; no un pecado, sino una culminación de la política como arte de lo posible. Los puros llevan siempre ventaja porque cualquier matiz de gobierno o un gesto conciliador desde la oposición puede parecerles un pasteleo condenable al fuego eterno. Por eso arremetían contra Martínez de la Rosa, también llamado Barón del bello rosal por sus modales. Había estado en las Cortes de Cádiz, fue desterrado por el absolutismo, se instaló en el liberalismo moderado, triscó por los atajos que evitan la involución y la revolución, conoció el exilio. Fue eso, un pastelero, un equidistante. Presidió pasajeramente el Consejo de Ministros: su nombre está en la Historia y quienes le moteja- ron sólo constan en alguna hemeroteca. La ventaja de los pasteleros es que suelen contrastar la política con la experiencia, mientras que el maximalismo lo coteja todo con una ideología. En realidad, la política sería poca cosa sin la tensión interna entre pasteleros y maximalistas, entre equidistantes y extremosos. En el PP, eso es en parte razón de ser, naturaleza constitutiva. Lo importante es que los pasteleros no manden en todo momento y que los maximalistas no ocupen todas las posiciones. Tampoco es bueno que se haga visible una línea de armisticio entre ambas tendencias, sino que se amalgamen y sumen energías, como en el futuro deberán hacer equidistantes y radicales en un PSOE post- zapaterista. En el fondo, casi nunca está de más un poco de pastelería en política, si se salvan los pocos principios imprescindibles. La repostería con merengue y canela ayuda a engullir los platos más ásperos del menú, sapos incluidos. En la época que va de la Guerra de la Independencia a las décadas moderadas, los hubo mucho más inútiles y extemporáneos que Martínez de la Rosa, Rosita la pastelera Pactar siempre implica transigir y al mismo tiempo diferenciar lo sustantivo de lo accidental. El no al pacto y a la componenda viste mucho a la hora de posar como tribunos en algún cónclave ateneísta, ensayando un discurso ante el espejo de la alcoba o en debates de televisión, pero es una actitud que fácilmente nos dejaría sin postres. Para minar la moral de los pasteleros se comienza por argumentar que el centro no existe y que la equidistancia responde más a una flojera que a un valor político. Por ahí andan los pasteleros equidistantes, deseando salirse cualquier día del armario para entregar a sus correligionarios extremosos una tarta de cinco pisos. Por el momento, lo que tenemos son jacobinos de entremeses y primer plato. En el PP exigen la cabeza de cualquier Martínez de la Rosa y en el PSOE practican el pas d ennemi à gauche según verifica IU. De cumplirse el viejo ciclo, luego se afirmarán los pasteleros. Lo menos que puede pedírsele a todos es que estén a la altura de las circunstancias. vpuig abc. es