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74 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 26 s 2 s 2007 ABC La ópera cumple cuatrocientos años Se cumplen cuatrocientos años del estreno de Orfeo de Monteverdi, considerada como la primera ópera moderna. Desde entonces, el género operístico ha vivido una brillante historia, que ABC recogerá a partir del próximo 4 de marzo en una colección de libros y compactos de Deutsche Grammophon J. B. MADRID. El 24 de febrero de 1607, se estrenaba en el palacio del duque de Mantua, en Italia, La favola d Orfeo una pieza musical escrita por Claudio Monteverdi sobre libreto de Alessandro Striggio. Aquel día, según la mayoría de los historiadores musicales, nació la ópera. Unos años antes ya habían visto la luz obras que pueden denominarse como la prehistoria del género, pero la favola in musica de Monteverdi es, por grandeza y trascendencia artística, la primera gran ópera de la historia. Pocos años antes del estreno de Orfeo un grupo de poetas y músicos de Florencia se reunían habitualmente en casa de Jacopi Corsi y Giovanni di Bardi; en estas reuniones nació la Camerata Florentina; entre ellos se encontraban Vincenzo Galilei (padre de Galileo) Jacopo Peri, Giulio Caccini, Emilio de Cavalieri u Ottavio Rinuccini. En estas reuniones se hablaba de arte, de música, de teatro... Y uno de sus propósitos era revitalizar el teatro clásico griego y romano. La idea era dotar de música a los dramas, pero dando a las palabras su importancia, y no forzándolas como hacía a menudo la música contrapuntística. Basándose en la monodia- -ha escrito José María Martín Triana- crean el stile rappresentativo, cuya esencia la constituye el recitativo: línea vocal entonada de modo declamatorio y libre, y apoyada en un sencillo acompañamiento instrumental (recitativo secco) Tras estos principios fundacionales -esencialmente, ponía el acento en el drama por encima de la música, y establecía que el canto era una forma de dar rienda suelta a los sentimientos- nacieron las primeras obras que los ponían en práctica. Dafne de Jacopo Peri y libreto de Ottavio Rinuccini, se estrenó en Florencia en 1597, aunque no se conserva el original. Los mismos autores escribirían tres años después, para las bodas de Maria de Medicis y Enrique IV Euridice y en 1602 Giulio Caccini pondría también música (algunos fragmentos de la obra de Peri ya eran suyos) al libreto de Rinuccini sobre Euridice A la boda de Maria de Medicis y Enrique IV y al estreno de la obra de Peri asistió el duque de Mantua, que no quiso quedarse atrás y encargó a Claudio Monteverdi, que entonces era músico de la Corte del duque. El libreto lo escribió Alessandro Striggio, que era diplomático y músico. Orfeo cuenta con cinco actos y un prólogo. Una de las novedades de la obra de Monteverdi está ya en su obertura, una fanfarria en Do mayor de quince compases que se interpretaba tres veces para llamar a los espectadores (Monteverdi la usaría después en sus Vísperas, en 1610) La obra, en la que la Música se convertirá en narradora, arranca con la boda de Orfeo y Euridice, con ninfas y pastores como testigos; en el segundo acto, y mientras canta a la Naturaleza, Orfeo es interrumpido por la Mensajera, que le trae la noticia de la muerte de Euridice, provocada por una mordedura de una serpiente. Orfeo, entonces, acompañado por Esperanza, decide descender a los infiernos en busca de Euridice. Adormeciéndole con su canto, Orfeo sortea a Caronte, que quiere impedirle la entrada en los infiernos. Allí, logra que Plutón y Proserpina permitan la vuelta de Euridice a la tierra, con la condición de que Orfeo no vuelva a mirarla. Sin embargo, éste no consigue dominar su ansiedad y se gira para asegurarse de que Euridice le sigue, con lo que ella regresa a los infiernos. Desolado, Orfeo canta su soledad y su desesperación, pero recibe el consuelo de Apolo, que le promete la inmortalidad junto a Euridice. Una de las claves para el éxito de Monteverdi fue la adaptación a la ópera, un género nuevo, de las formas tradicionales; así, hay en Orfeo mucho de sus madrigales, que ya le habían concedido notoriedad. Sus melodías son extraordinarias- -y siempre están al servicio de la palabra- incluye danzas y hay incluso un anticipo (aunque lejano) del leit motiv que posteriormente emplearía Richard Wagner. Sus personajes- -dice Martín Triana- -se ven caracterizados musicalmente hasta el punto de poder ser reconocidos por estas mismas expresiones, rasgo éste que, por desgracia, sus seguido- John Eliot Gardiner, emprendedor e historicista John Eliot Gardiner (sir John Eliot Gardiner desde hace casi una década) es uno de los directores que más han contribuido a la recuperación de la música antigua y barroca y a la defensa del historicismo en su interpretación. Nacido en Inglaterra en 1943, fundó en 1964 el Coro Monteverdi; en 1977 el conjunto English Baroque Soloists, y en 1990 la Orquesta Revolucionaria y Romántica. Y si en sus comienzos destacó como un especialista en la música de los siglos XVII y XVIII- -que interpretaba con instrumentos originales- con el tiempo ha ido derivando hacia un repertorio más contemporáneo- -hasta llegar a Benjamin Britten- aunque ha mantenido el rigor, la exactitud y la adecuación estilística e histórica. Músico emprendedor e inquieto, han sido varios los proyectos singulares y ambiciosos que Gardiner ha llevado a cabo en los últimos años; entre ellos figura el Camino de Santiago musical que recorrió en 2004 junto al Coro Monteverdi, Igualmente, destacan sus monográficos dedicados a Bach o a Monteverdi, músicos que han sido la piedra filosofal de su trabajo. Fanfarria Principios fundacionales ABC res en el género no volverían a incorporar hasta pasado bastante tiempo. En sus óperas se anuncian ya los estilos bufo y belcantista del siglo XVIII. Lo más admirable de Claudio Monteverdi, sin embargo, es la economía de medios con que, con unos cuantos compases, es capaz de caracterizar a sus personajes, pintar un ambiente o encarnar un estado de ánimo determinado También la nutrida orquestación- -cuarenta músicos- -es una de las características más significativas de la obra, que cumplía además los requisitos obligatorios de la época, entre ellos el final feliz lieto fine El crítico británico Robin May escribió que Orfeo hizo por la ópera lo que el Tamburlaine the Great (Tamburlán el grande) hizo por el drama isabelino, por más que Marlowe careciese de la apasionada humanidad de Shakespeare y de Monteverdi Años más tarde, ya compuestas otras óperas, y en contestación a una sugerencia de Alessandro Striggio, que le proponía un libreto titulado Le nozze di Tetide escribía Monteverdi: ¿Cómo podría yo imitar el lenguaje de los vientos, si no hablan? Y en esas condiciones, ¿cómo podría mover los afectos? Ariadna me conducía a un justo lamento y Orfeo a un justo ruego, pero esta fábula, ¿a qué puede llevar? Con estas palabras explicó Monteverdi la finalidad del nuevo arte del canto, donde éste sirve únicamente como transmisor de emociones. De Florencia y Mantua, la recién nacida ópera se trasladaría a Venecia. Allí se inauguró en 1637 la primera sala pública dedicada al género, el teatro San Cassiano. El público, cuenta May, solían componerlo grupos selectos de la nobleza y del clero La ópera caló pronto en los venecianos, y a comienzos del siglo XVIII ya había en