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ABC DOMINGO 25 s 2 s 2007 MADRID 67 Historias madrileñas Torero se nace... y se aprende Famosa y con solera, de la Escuela de Tauromaquia de Madrid Marcial Lalanda han salido El Juli, Miguel Abellán, Joselito, Cristina Sánchez Hoy, un centenar de adolescentes- -hay dos chicas- -aprenden el oficio al precio, simbólico, de cuatro euros al mes POR MARÍA ISABEL SERRANO FOTO DANIEL G. LÓPEZ MADRID. Alberto, Cristian y Sergio comparten un sueño: triunfar en los ruedos. En plena adolescencia, con esa edad que está más para pensar en el jolgorio y las chicas, ellos han apostado fuerte por la que quieren que sea su profesión, la de torero. Ni la lluvia, ni los chuzos de punta, ni el calor asfixiante del verano les impide acudir cada tarde a la Escuela de Tauromaquia de Madrid- -de nombre Marcial Lalanda nada menos- -para empaparse del toreo. Porque torero se nace, pero también hay que aprender el oficio. Atrás quedó aquella figura, romántica, del maletilla. Aquellos chavales que recorrían con su atillo y sus ilusiones media España para dar con alguien que se fijara en su arte y en sus ganas. Malvivían y sufrían con tal de pegar un capotazo a un becerro. Corren otros tiempos. Ahora las figuras del toreo se cuajan en las escuelas de tauromaquia. La de Madrid es una de las más famosas y respetadas. Tiene un centenar de alumnos, entre ellos dos chicas. Cada alumno paga un precio, simbólico, de 4 euros al mes, para que no crean que todo es regalao dice el maestro Gregorio Sánchez, director del centro. Lo bonito es sacar toreros comenta otro maestro, José Luis Bote, uno de los profesores de la Marcial Lalanda ¡Mira, mira ese chaval que bien anda! Está nuevecito pero es muy bueno nos dice de uno de sus pupilos que, cierto es, pega unos capotazos de postal. Yo he sido alumno de la escuela. Vengo de una familia muy humilde que no tenía vínculos en la profesión del toro. Aquí fue donde me encaminaron. La tengo un cariño muy especial. Hoy significa todo para mí dice este matador de toros, hoy prácticamente retirado a causa de una lesión. Cuando me propusieron ser profesor- -añade Bote- creí que esto era para los verdaderos maestros Yo me consideraba un torero nuevo Por lo visto, aporto frescura Los alumnos pasan de dos a tres horas todas las tardes jugando al toro Son las clases teóricas en la pequeña plaza de toros junto a la Venta del Batán, o dentro de una inmensa nave dentro de las mismas instalaciones. El polvisco se mastica en esa nave con tanto capote rozando el suelo. ¡Eh, toro! se escucha a derecha e izquierda. Los muchachos se jalean y se aminan dentro de una exquisita templanza y seriedad. Hay pocas risas y sí mucho fijarse en lo que les dice Bote. La mitad de los chavales hace de morlaco, la otra mitad de torero, moviendo muleta y capote. Luego se cambian. En el rincón de la izquierda, dos alumnos andan con el carretón, aprendiendo a manejar la entrada a matar, la suerte suprema. Como no mates bien, te quedas sin trofeos dice el más chico, de unos trece años. Cinco años de carrera ¡Qué bien anda! Los fines de semana, o no hay clase o se van al campo. Puede haber tentaderos. Los alumnos no duermen de los nervios. Eso de enfrentarse a un toro de verdad, por muy pequeño que sea, es algo sublime para ellos. No hay una regla fija pero, por lo general, los alumnos están aquí cinco años. Es como una carrera de ciclo largo, que dirían los universitarios. Llegan con doce o trece años y salen a los dieciocho. Siempre hay un porcentaje que se desespera, se desilusiona y se va. La mayoría, aguanta. Para muchos, tener los Sergio y Cristian, en la plaza del Batán, en plena clase con el capote cien alumnos que tenemos ahora significa que estamos en una época baja explica José Luis Bote. Yo no estaba todavía aquí- -añade- pero me han contado que cuando el toro mató a Paquirri y a Yiyo se apuntaron trescientos chavales a la escuela. Parece que la tragedia les llama, que se crecen en la adversidad. Lo cierto es que de aquí han salido figuras como Joselito, El Juli, Miguel Abellán, Uceda Leal, Cristina Sánchez, Miguel Encabo... Hasta cien matadores de toros, si no me falla la memoria Bote lo pasa muy mal cuando tiene que decirle a un chaval que esto del toro no es lo suyo. También es duro ser crítico con el que vale porque conociendo la técnica y el comportamiento del toro, también te equivocas. El animal no es una máquina. Te está obedeciendo y de repente cambia Alberto López, Cristian Carnicero y Sergio Blanco son tres de los alumnos. Tienen entre 15 y 17 años y ya han matado su primer becerro. Nos citan a algunos de sus toreros favoritos pero prefieren prepararse para ser ellos mismos. Es- -dicen- -una profesión difícil. Por eso es bonita ¡Suerte chavales! Los alumnos pasan aquí cinco años entre clases de capote, muleta, banderillas y suerte suprema El toro cambia Maestros del toreo, entre los profesores de la escuela Llegar a ser figura del toreo es casi un milagro... pero al que llega, podrá el toro quitarle la vida; la gloria, jamás Esta es la frase que figura, con grandes caracteres, en un cartel pegado en una de las paredes de la Escuela de Tauromaquia de Madrid Marcial Lalanda No es un presagio, ni una advertencia. No pretende echar para atrás a nadie, pero tiene mucho de verdad. La Marcial Lalanda abrió sus puertas en 1980. Antes que ella, había una especie de escuela de carácter privado que llevaba Enrique Díaz Arranz, en terrenos cedidos por el Ayuntamiento. Iba a peor, entraba en crisis y conseguimos que aquella escuela privada se oficializara y que, además, se creara un consorcio en el que participaban el Consistorio y la entonces Diputación Provincial, hoy Comunidad de Madrid asegura Felipe Díaz Murillo, gerente de la escuela madrileña. El centro cuenta con un presupuesto de 80.000 euros al año que da el Ayuntamiento, otros 80.000 que corren a cargo de la Comunidad y unos 50.000 que aporta la Plaza de las Ventas. La escuela está dirigida por el maestro Gregorio Sánchez. Entre sus profesores, otro maestro, Joaquín Bernadó; también José Luis Bote, Macareno y Faustino Inchausti Tinín Las banderillas las enseña Faqui y las clases de gimnasia corren a cargo de Antonio Salcedo.