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ABC DOMINGO 25 s 2 s 2007 INTERNACIONAL 39 A los socialistas franceses les aterra alejarse de la extrema izquierda Luc Ferrys Filósofo, ex ministro de Educación (2002- 2004) con Raffarin Este hombre de 56 años quizá sea el filósofo más popular de Francia. Sus libros, lúcidos como La Pensée 68 ejercen una fascinación que se mide en miles de ejemplares vendidos POR JUAN PEDRO QUIÑONERO FOTO NOELIA DOMECQ PARÍS. Luc Ferry, en apenas veinte años, ha publicado una docena larga de ensayos que cubren muchos aspectos del pensamiento filosófico, la cultura y la actualidad: filosofía política, ecología, estética, filosofía de la religión, arte de vivir, puesto del pensamiento en la vida cívica. Ex ministro de Educación (2002- 2004) se mueve con la misma agilidad intelectual en el análisis profesoral del pensamiento de Nietzsche y de Heidegger que en la disección feroz de los programas políticos electorales. -Se habla poco de cultura durante la campaña. ¿Cómo interpreta usted tal ausencia de debate? -La cultura nunca ha sido un tema importante en ninguna campaña presidencial. Y, en el fondo, esa realidad no me molesta en absoluto. Tratándose de cultura, las intervenciones estatales sueles ser desafortunadas e injustas. -Hace años, Marc Fumarola denunciaba con mucho brío verbal el vampirismo del Estado francés, destruyendo la cultura nacional a través de la demagogia gubernamental. ¿No tiene usted la impresión de que la cultura de Estado y sus intervenciones gubernamentales, en todos los terrenos de la vida cultural francesa, han frenado si no amenazado la creatividad cultural? -Amenazado, no creo. Ya que, en ese terreno, la principal característica del Estado, de todas formas, es una intervención fofa, débil, ambigua, que no creo que afecte, en definitiva, a lo grandes creadores, que trabajan en solitario, al margen de las burocracias administrativas y estatales. Por el contrario, es cierto que la acción cultural del Estado es muy contestable, en cuanto asume funciones de conservador del patrimonio. ¿Por qué apoyar a este creador y no al otro? ¿Por qué apoyar esta escuela artística o de pensamiento y no otra? Etc. etc. Es el eterno problema de los ministros de Cultura, que tienen una lamentable tendencia a convertirse en ministerios de los amiguetes y de las estrellas de la prensa del corazón. Un horror. inventa la lengua francesa o española; otro tanto ocurre con las normas de convivencia, el respeto, la buena educación o la cortesía más elemental. Se trata de cuestiones capitales, que se aprenden y transmiten, al cien por cien, a través de la herencia, en la familia y la escuela. Para adquirir tales enseñanzas, tales elementos esenciales de la formación humana, es imprescindible una cierta humildad y respeto hacia los padres y los maestros. Pero, si se usted se fija, desde hace cuarenta años, prevalece la actitud inversa: no se ha cesado de estimular, si no fomentar, entre los alumnos, desde la primerísimo edad, la expresión de sí mismo la creatividad la invención etc. Vale. Pero, mire usted. En el principio, todo eso estaba muy bien, con buenísimas intenciones. Pero, finalmente, se ha caído en el extremo inverso. Y, al final del proceso, en curso, descubrimos, inquietos, que los dos principales problemas de nuestras escuelas son el mal conocimiento de la lengua y la emergencia de una falta palmaria de civismo, que desemboca, con frecuencia, en estallidos de violencia. -En el terreno de las ideas políticas, Francia parece sufrir de un cierto arcaísmo intelectual. ¿Cuál es su opinión a ese respecto? ¿Cuál es el alcance de la elección presidencial, para Francia y para Europa? Luc Ferry, pensador francés y ex ministro de Educación Europa? En mi caso, he tardado mucho en comprenderlo: la verdad, a mi modo de ver, es que la educación es, en buena medida, una herencia, una tradición. Es decir, una transmisión, que se realiza a través de la escuela y a través de la familia. Le pongo dos ejemplos muy simples: ningún individuo en particular, ninguna academia, -Europa no está en juego en esta elección francesa. Los dos grandes candidatos con posibilidades de ser elegidos, Nicolas Sarkozy, a la derecha, y Ségolène Royal, a la izquierda, votaron sí al proyecto de Tratado constitucional europeo. En ese punto concreto, no hay divergencias de fondo entre ellos. Por el contrario, a mi modo de ver, el verdadero debate de fondo es la relación de uno y otro candidato hacia la globalización y el liberalismo. Ése quizá sea el gran debate. Muy aproximadamente, hay dos posiciones claras: a la derecha, se milita por una adaptación de Francia a la globalización; mientras que la extrema izquierda está en contra. El problema del Partido Socialista francés es que se encuentra sentado entre dos sillas. En Francia, no tenemos el equivalente de un Tony Blair o un Gerhard Schröder. El socialismo francés no ha sido capaz, todavía, de asumir claramente una posición socialdemócrata. De ahí que el debate no esté claro, por momentos. -Francia tiene el raro privilegio de aumentar indefinidamente los presupuestos consagrados a Educación y Cultura. Pero, al mismo tiempo, la mala formación de los alumnos no ha dejado de aumentar, con aumento de la falta de letras y la mala integración en el mercado del trabajo. ¿Cuál es a su modo de ver la gravedad real y las perspectivas de ese drama? -A mi modo de ver, quizá no sea un fenómeno típico y solamente francés. Pero, lleva usted razón, quizá se trata de una característica de la mayoría de nuestros países europeos. Mire usted en detalle el caso de Alemania: sale muy mal parada en las comparaciones internacionales, aunque también gasta mucho dinero en sus escuelas y universidades. ¿De dónde viene ese problema, muy general y amenazante, en La educación es una herencia, una tradición. Es decir, una transmisión, que se realiza a través de la escuela y de la familia ¿Qué entiende usted por arcaísmo? Usted puede llevar razón si lo que quiere decirme es que la izquierda francesa, por citar una frase célebre del papa de la socialdemocracia alemana, Edouard Bernstein, no se atreve a aparentar lo que realmente es En ese punto lleva usted razón. Los socialistas franceses, al contrario que Tony Blair, viven aterrados ante la sola idea de perder sus contactos con la extrema izquierda. Y ese resto de arcaísmo profundo impide a los socialistas franceses hacer su verdadera actualización. ¿De donde viene un comportamiento que tiene algo de esquizofrénico? Pues mire usted... básicamente, de nuestra tradición política republicana, que comienza, recuérdelo, con la Revolución de 1789, y de este principio: la sociedad es mala, a su modo de ver, y corresponde al Estado la tarea de reformarla permanentemente. En Francia, la política va siempre de arriba hacia abajo, y jamás de abajo hacia arriba. De ahí que, efectivamente, los políticos franceses aborden casi siempre la cuestión de la globalización desde una óptica que roza lo histérico: en Francia, si usted quiere, para muchos políticos y para buena parte de la sociedad civil, adaptarse a la nueva realidad mundial es comportarse poco menos que como un colaboracionista con un ejército invasor; una forma de traicionar a la sacrosanta República, si usted quiere.