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18 ESPAÑA España, en el avispero afgano s Análisis DOMINGO 25 s 2 s 2007 ABC Afganistán: pensar el Ejército La oposición pone el dedo en la herida de las contradicciones del PSOE y éste aventa intencionadamente el pasado. Puede que una cosa y la otra renten políticamente, pero eluden una reflexión necesaria No hay razón para no llamar a esta fundamental cooperación misión humanitaria sobre todo porque se trata de defender los derechos humanos y la estabilidad política de los afganos, pero tampoco es un secreto que con esa fórmula podría tratar de eludirse una evidencia: hay una guerra en Afganistán y los soldados de la OTAN están allí para defender al Gobierno legítimo. La polémica en España sobre la condecoración concedida a la soldado Idoia Rodríguez Buján, en la que se ha evitado el distintivo rojo de la Cruz al Mérito Militar porque éste se otorga a los que se distinguen en acciones de guerra tiene el regusto amargo de producirse ante el cadáver de una española que ha dado su vida por motivos tan excelsos, pero revela el argumentario político con el que se justifican- -y sólo con él- -la presencia española en misiones militares internacionales: el alto riesgo puede existir, pero en misiones humanitarias, no en guerras. El PP pide claridad y, según Mariano Rajoy, un esfuer- Germán Yanke No son pocas las palabras que parecen haber perdido su sentido. Entre ellas, misión humanitaria que es como se denomina, según la reiterada versión oficial, la presencia española en Afganistán. Con esa fórmula se pretende, como se sabe, esquivar retóricamente lo que, en lenguaje llano, serían actividades propiamente militares. Hay un especial empeño en ello y la propaganda oficial- -que ahora, siguiendo con el uso interesado de las palabras, se llama política de comunicación- -nos presenta a los militares españoles en misiones internacionales como personas ocupadas en la construcción de infraestructuras, asuntos sanitarios, asistencia desprotegidos, etcétera. Es ya más fácil ver a un soldado español en el extranjero entregando regalos a unos niños que en una acción militar. La realidad es que los militares españoles desplazados a Afganistán forman parte de una coalición internacional liderada por la OTAN que responde a un objetivo que queda bien reflejado en unas siglas (ISAF, International Security Asistance Force) que aluden a la ayuda para garantizar la seguridad en el citado país. La reconstrucción de Afganistán no está ausente de ese propósito pero pasa, como explica la OTAN, por ayudar a las autoridades afganas en el esfuerzo por conseguir una situación de seguridad pública y estabilidad. Los soldados, por tanto, están en Afganistán para asistir al Gobierno ante los ataques de los talibanes, es decir, de los restos violentos del régimen desplazado en 2001, que aún son importantes, que se hacen fuertes en determinadas zonas caracterizadas por la pobreza extrema y el tráfico de drogas y que cuentan- -y en aumento- -con la participación de jihadistas de otros países. Acuartelamiento de la base española Camp Arena en Herat (Afganistán) zo para decir la verdad de lo que ocurre en Afganistán Tiene razón, sin duda, pero también es cierto que la resistencia en nuestro país a este tipo de misiones militares va más allá del pacifismo declarado del Gobierno actual. La retórica humanitaria fue también utilizada por los gobiernos de Aznar, como la propaganda del Ejército como una suerte de ONG y aquellas famosas alusiones a zonas hortofrutícolas para atemperar ante la opinión pública los riesgos de una situación de guerra. Muchos años de aislamiento de España son, seguramente, una de las causas de la dificultad con la que la opinión pública de nuestro país entiende el papel internacional de las Fuerzas Armadas. La pregunta sobre lo que se nos haya podido perder en Afganistán- -o en otros lugares- -se plantea, quizá, por no reparar en la responsabilidad de un país como el nuestro. Una responsabilidad que no atiende sólo a la solidaridad con otras naciones, sino con el propio futuro, interdependiente sin duda de la seguridad y estabilidad en ellas y afectado por la violencia de quienes quieren terminar con los valores occidentales. Es un debate pendiente en España. Coincidiendo con el apoyo de nuestro país a la intervención bélica en Irak y con la posterior presencia del Ejército, la batalla dialéctica se centró más en el dogmatismo de unos y en la demagogia de otros que en el fondo del asunto. Ahora, la oposición pone el dedo en la herida de las contradicciones del PSOE y éste aventa intencionadamente el pasado. Puede que una cosa y la otra renten políticamente, pero eluden una reflexión necesaria. Nos hace falta pensar el Ejército, su organización y su papel, en un espacio mucho más amplio que nuestras fronteras y en un contexto distinto del buenismo inútil y la discusión rastrera. De todos modos, y Afganistán es un ejemplo paradigmático, nos enfrentamos al problema inmediato de que la retóri- EFE Hay una guerra en Afganistán y los soldados de la OTAN están allí para defender al Gobierno legítimo ca humanitaria oficial, más allá de justificar la presencia española o disimular los riesgos, afecte a las misiones mismas. Con ese planteamiento podría ocurrir que el número de efectivos desplegados se limite por el pavor al número elevado de soldados en vez de delimitarlo en función de las necesidades. La OTAN, en la última reunión de ministros de Defensa celebrada en Sevilla, pidió a los países de la coalición ampliar el número de soldados en Afganistán. No se ocultó la realidad y el portavoz de la organización, James Appathurai, advirtió de la necesidad de ampliar la capacidad de combate sobre el terreno para lograr los objetivos. La negativa de España debería ser explicada en el contexto de esa necesidad de repensar el papel del Ejército: o se trata de hacer lo que se pueda en misiones humanitarias de ONG o se trata de hacer lo necesario para conseguir unos objetivos militares. Pero aún hay otro riesgo del citado planteamiento retórico, teniendo en cuenta que el número de soldados en el extranjero está limitado no por la realidad internacional y nuestra obligada contribución, sino por un cálculo de despacho volcado en la justificación de una retórica. En ese sentido, diversos estudios han recomendado recientemente que, por razones de eficacia, los soldados españoles en Afganistán precisan una formación específica de combate pendiente en determinados casos y, por razones de estricta seguridad de las propias tropas, necesitan el refuerzo de nuevos efectivos. El problema, entonces, es que podría ser necesario decir la verdad no para dar satisfacción al PP, sino para el éxito y la protección de nuestros soldados.