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ABC DOMINGO 25 s 2 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA ESTACA OR muy volátil que se haya vuelto la opinión pública española, va a ser difícil, acaso imposible, sacar al terrorismo del primer plano de la escena en el año que falta para las elecciones generales. La preocupación de los ciudadanos por el problema ha crecido veinticinco puntos, certificados por el CIS, en cuatro meses, y el atentado de Barajas quebró toda credibilidad en cualquier tregua táctica o alto el fuego parcial. El proyecto angular de Zapatero, el célebre Proceso de Paz y Diálogo (términos ya expresamente rehuidos por el presidente, que prefiere refugiarse ahora en el mantra IGNACIO abstracto del fin de la CAMACHO violencia se ha clavado en el centro de la vida pública como una estaca en mitad de un sembrado, y a su alrededor se han abierto las trincheras de un combate político que amenaza con bloquearse sin plazos de resolución. El Gobierno, zarandeado por la onda expansiva de la T- 4, se ha encontrado en un camino sin retorno, y la oposición se aglutina en torno al escarnio de las víctimas y al clamor que sube de la calle procedente de cientos de miles de españoles que se sienten excluidos de la democracia deliberativa Lo peor no es que ya no exista ninguna posibilidad de entendimiento, sino que la torpeza gubernamental ha otorgado a ETA la llave del futuro. Desde la explosión del 30 de diciembre, la acción de gobierno ha quedado sometida a un chantaje explícito que aprisiona su iniciativa. Con el clima de opinión que reflejan los sondeos, otro atentado pulverizaría al Ejecutivo y acabaría con la legislatura, que de hecho se encuentra ya exánime ante la ausencia de planes alternativos. El miedo a un nuevo ataque maniata al presidente y le obliga a seguir a ciegas por un sendero cuyo mapa desconoce y cuyas claves no están ya en sus manos. Sólo sabe que la próxima etapa rinde en las municipales de mayo, en las que tiene que encontrar el modo de abrirle paso a Batasuna. Si lo hace arreciará la protesta ciudadana y dejará inerme al Estado, volando el dique de resistencia que sujeta la crecida del terrorismo y lo mantiene alejado de las instituciones. Si no lo hace, el Proceso será dinamitado, quizá en sentido literal, y la sacudida telúrica de la crispación sepultará bajo sus escombros el proyecto zapaterista. Así, el Gobierno aborda su último año enfrentado a una opinión pública desconfiada y pesimista, a una oposición acuartelada y combativa, a un juicio del 11- M con mucha tensión potencial y a una ETA amenazante con el dedo en el gatillo. Agarrado a esa estaca del Proceso a cuyo alrededor crece la cizaña, Zapatero ha preferido creer que su enemigo es la derecha, pero la siniestra realidad es que el próximo presidente lo van a elegir de algún modo, por acción u omisión, Txeroki y Josu Ternera. P CULPABILIDAD CON REVERSIBLE EL RECUADRO C UANDO yo estaba en el colegio de los jesuitas en Portaceli me deslumbraban los reversibles ingleses, carísimos, comprados de contrabando en Gibraltar, que tenían mis condiscípulos más riquitos. Yo quería un reversible, pero en casa no teníamos posición para comprarlo. El reversible era un impermeable de recia tela como encolada, al modo del posterior Barbour de los pijos, que no había chaparrón que traspasara. Y tenía por el otro lado una cara de tejido de lana, cheviot en vistosos colores y elegantes dibujos, ora de espiguilla, ora Príncipe de Gales. Mis compañeros con reversible llegaban al colegio las mañanas de lluvia embutidos en su agabardinado impermeable y si al cabo de la jornada escolar abría el día, salían, oh prodigio, vistiendo un gabán de cheviot de lana inglesa buena, buena, gordota, pelín rascona, como las chaquetas de Harris Tweed. ¿Qué había pasado para que llegaran con gabardina y salieran con abrigo? ¿Tenía Cornejo una sucursal de su guardarropía en los percheros del colegio? No. Era que mis compañeros tenían un reversible, prenda prodigiosa a la que le daban la vuelta y la elegante gabardina quedaba en ANTONIO un instante convertida en confortable BURGOS gabán. Cinturón, botones, capucha si la hubiere, todo se transformaba maravillosamente. Mi sino es admirar a los del reversible. Sigo admirándolos muchísimo. Ahora no en el colegio, sino en la contemplación de España. En la política se usa mucho el reversible. El reversible verbal y argumental, que le da la vuelta a una frase y deslumbra a todos, como si nunca nadie hubiera planteado el aserto contrario. En el colegio el reversible lo tenían sólo los compañeros riquitos, y ahora en España el reversible verbal y argumental sólo lo tienen los sociatas, forretas de poder y de dinero. Reversibles prodigiosos, que ríanse ustedes de aquellos textiles e ingleses del matute gibraltareño. Gracias al reversible verbal del argumentario de la jornada, cualquier socialista, cada mañana, cada día, cada ho- ra, le da la vuelta a una realidad, a un argumento, a una frase, a un hecho, a una tragedia, a una mangoleta, y es como si nunca hubiera existido lo contrario ni ellos fueran nunca culpables de nada. Gracias al reversible, el culpable es siempre el PP. Mis condiscípulos le daban la vuelta al reversible cuando salía el sol, y parecía como si nunca hubieran existido ni la gabardina ni la lluvia. Los sociatas le dan la vuelta a la realidad en cuanto sale el sol de su responsabilidad, y parece como si nunca tuvieran nada que ver con nada. Son unos artistas. Disciplinadísimos. La disciplina que nos imponía en el colegio el padre prefecto era una merienda de negros (perdón, de subsaharianos) al lado del riguroso cumplimiento de las consignas de estos tíos caras, que ante la más remota posibilidad de petición de responsabilidades sacan el reversible. Me maravilla cómo todos, absolutamente todos, de ZP al último concejal, cumplen a rajatabla la consigna de usar el reversible en cada instante y de culpar al PP hasta del cambio climático. Vieron lo del Ave, ¿no? El pellejazo de la viga sobre la vía, ¿no? Pues le faltó tiempo a Magdalena Álvarez para sacar el reversible, darle la vuelta a la realidad y por descontado a cualquier atisbo de responsabilidad, para afirmar que la culpa era de la Comunidad de Madrid. O sea, del PP. Esta misma Magdalena vino a mi pueblo el otro día. Aquí, como en tantas ciudades españolas, sufrimos la enfermedad matinal del embotellamiento. Le preguntaron a la ministra responsable del Fomento del Caos por los tapones que se forman desde el Aljarafe, ¿y saben qué hizo? Lo de siempre: sacó el reversible y con el mayor cinismo le dio la vuelta a la realidad y dijo que de los embotellamientos tiene la culpa Aznar, por no haber hecho más carreteras. Y se quedó tan pancha. Y esa copla es la que se le queda a la gente, deslumbrada por el reversible como a mí me maravillaban en el colegio aquellas prendas gibraltareñas. De todo lo cual infiero que, reversible en mano, dentro de breves horas podremos saber por fin la verdad sobre la muerte de Idoia Rodríguez Buján en Afganistán. De la muerte de nuestra soldado tuvo la culpa el PP, que compró esos blindados.