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ABC DOMINGO 25 s 2 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA UN EMPATE FRUSTRANTE En este contexto errático y fallido, Mariano Rajoy no tendría que dudar ni un minuto en celebrar el Congreso del PP, someter a su consideración y aprobación un programa electoral con vocación de centralidad, iniciar aceleradamente una aproximación a fuerzas políticas con las que pudiera urdirse un acuerdo postelectoral y cambiar determinados rostros del PP que no solo no suman sino que- -ya claramente- -restan posibilidades de victoria electoral... OS fracasos políticos, para ser percibidos como tales, tienen que reportar a sus responsables algún tipo de consecuencia negativa. El Gobierno ha cometido muchos y de grueso calibre sin que, de contrario, hayan beneficiado a la oposición popular por lo que debemos lamentar tanto los yerros gubernamentales como las incapacidades del PP. El hecho de que las encuestas- -la última del CIS, que presenta, como otras, una situación electoral pareja entre el PSOE y los populares- -ha hecho que la realidad política encalle en un empate técnico desde hace meses. En circunstancias normales la mala gestión gubernamental- -de la que sólo se salva la economía que sigue la inercia de la legislatura pasada- -tendría que haber supuesto una clara ventaja de la oposición y, sin embargo, no es así. El PP no puede ni debe conformarse con mantener el suelo electoral y con dar continuidad a la aparente cohesión interna- -de la que habría mucho que hablar y escribir- -sino aspirar a desarrollar políticas audaces que le reporten una ventaja demoscópica contundente. Los resultados en el referéndum del Estatuto de Autonomía de Andalucía- -con un famélico 36 por ciento de participación- la ominosa desautorización del presidente a su ministra de Sanidad a propósito del proyecto de ley sobre el consumo de bebidas alcohólicas y el regreso de la censura pura y dura a la Televisión pública- -el conocido ya como caso García -remiten a un escenario de postración gubernamental compatible, sin embargo, con el descaro y la prepotencia de un ministro de Justicia que fustiga- -sin razón ni política ni técnica- -al Consejo General del Poder Judicial; con la perseverancia en el engaño de hacer pasar acciones bélicas por humanitarias- -es el caso de la soldado muerta en Afganistán distinguida con una condecoración inadecuada a las circunstancias de su extremo sacrificio- -y, en fin, compatible también con la certeza lacerante de los filoetarras que muestran, eufóricos, su convencimiento de que- -con una marca u otra- -estarán presentes en los comicios municipales y forales del próximo mes de mayo en desafío abierto a la Ley de Partidos y a la decencia democrática. ientras, la Generalitat de Cataluña recurre contra disposiciones del propio Ejecutivo y las comunidades autónomas socialistas se enzarzan entre sí ante el mismísimo Tribunal Constitucional, en tanto varios departamentos ministeriales, en vez de resolver problemas, se dedican a crearlos, sea el de Cultura pretendiendo una abusiva financiación del cine a costa de las televisiones privadas, o el de L Fomento, más atenta su titular a utilizar con fines políticos un percance en una obra de la Comunidad de Madrid que en colaborar a solucionar el colapso ciudadano que provocó en la capital de España hace sólo unos días. Tampoco le va mejor al Gobierno con sus aliados nacionalistas que le plantean desafíos un día sí y otro también. Han hecho encallar la llamada ley de memoria histórica y la ejecución de la Ley de Dependencia- -algo así como el logro- estrella en lo social del Ejecutivo- -está propiciando un forcejeo que, previsiblemente, pondrá a Rodríguez Zapatero muy difíciles los presupuestos de 2008 si acaso no disuelve antes las Cortes como es de esperar suceda. n este contexto errático y fallido, Mariano Rajoy no tendría que dudar ni un segundo en celebrar el Congreso del PP someter a su consideración y aprobación un programa electoral con vocación de centralidad, iniciar aceleradamente una aproximación a fuerzas políticas con las que pudiera urdirse un acuerdo postelectoral y, sin duda alguna, cambiar determinadas rostros del PP que no sólo no suman sino que- -ya claramente- -restan posibilidades de victoria electoral. La inmensa mayoría de los cuadros populares están convencidos de la imperiosa necesidad de ofrecer al electorado la faceta más liberal y centrada del partido- -con coherencia en los principios y contundencia en su defensa- -y, al mismo tiempo, de ejecutar de una vez por todas el relevo de determinados puestos estratégicos de la organización. Sin embargo, en el PP se ha creado un círculo vicioso- -en vez del virtuoso de la renovación- -en el que nadie se atreve a gritar que- -como en el relato- el rey está desnudo En esta incapacidad de reacción interna dentro del PP y en el seguimiento por algunos de sus dirigentes de la malhadada teoría de la conspiración -que sólo beneficia al PSOE y al Gobierno porque ejerce un efecto llamada sobre el electorado de izquierda que se movilizó el 14 de marzo de 2004- -fía Rodríguez Zapatero sus posibilidades de victoria- -aunque sea en cortas proporciones- -en los comicios legislativos próximos. Sólo si Rajoy rompe con esta situación de empate técnico- -que desharía el Gobierno a su favor mediante la agitación de determinados errores del PP y con las dosis de demagogia habituales- -y lo hace mediante un acto de audacia que le granjee la credencial definitiva de liderazgo, será posible apostar por una mayoría relativa popular en las elecciones. De otra forma- -de seguir en la oposición las cosas como hasta ahora- los socialistas sentirán el aliento popular en su cogote pero llegarán antes a la meta. E Acciones inteligentes como las de Javier Arenas en Andalucía a propósito de su Estatuto en las que ha endosado al PSOE el mayor trastazo de los últimos veinte años, y discursos con perspectiva de futuro como el de Alberto Ruiz- Gallardón en Barcelona proponiendo un eje entre la ciudad condal y Madrid para superar la parálisis que aherroja a la nación, son ejemplos definitivos de la aplicación a la labor meramente opositora de elementos proactivos que superan la mera resistencia en la que se han instalado algunos discursos en el PP Es preciso que a los principios se añadan los pragmatismos. Sin aquellos, la política se convierte en una mera carrera por el ejercicio del poder; pero sin pragmatismo es inviable alcanzarlo para, desde su administración democrática, transformar la realidad y proyectar a España a un futuro que con Rodríguez Zapatero nos conduce a una permanente improbabilidad política, social y cívica. Todo cuanto el presidente toca lo convierte- -antes o después- -en un fracaso. Y como lo que Rodríguez Zapatero manosea son nada menos que los elementos medulares del Estado, la propia existencia jurídico- social de la nación, el modelo de valores compartido y nuestra presencia internacional, resulta necesaria su sustitución a través de las urnas que, si deseada por la derecha, también lo sería por la izquierda liberal y sensata a poco que desde el Partido Popular se emitiesen vibraciones de mayor determinación en su afán incluyente con un discurso que se ancle en la centralidad y en la firmeza verdaderamente democrática. l conformismo con el actual empate técnico resulta mediocre y frustrante. Son tantas las cuestiones esenciales que se juega España, ahora y en el futuro inmediato, que merece la pena arriesgar y hacerlo con un sentido patriótico y desprendido de la política de partido, superponiendo los intereses del proyecto de la derecha española- -compatibles con los de sectores ideológicos vecinos- -a los de personas o grupos por relevantes- -o, por condicionantes- -que pudieran resultar de puertas adentro de la organización popular. Deshacer el empate está mucho más en manos de Rajoy- -y debe deshacerlo mediante una apuesta por la centralidad que es donde psicológicamente están instaladas las mayorías electorales- -que en las de Rodríguez Zapatero que sólo espera que el PP siga congratulándose de un equilibrio que, dejado a su libre albedrío, siempre termina venciéndose del lado del que ostenta el poder. E M JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC