Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
12 ESPAÑA Muere una soldado española en Afganistán SÁBADO 24 s 2 s 2007 ABC Zapatero impone a la soldado fallecida la Cruz del Mérito Militar con distintivo amarillo, en presencia de sus familiares rotos por el dolor EFE Idoia viaja del desierto a la lluvia La soldado de Lugo regresó del país de los talibanes. La lluvia y la noche le dieron la bienvenida en un gélido acto presidido por Zapatero en un hangar. Su madre y su prometido y compañero de armas fueron la metáfora del dolor ANA MARTÍNEZ SANTIAGO. El reloj marca las 01.45 de la madrugada. El aeródromo de Santiago está repleto. Decenas de periodistas acuden puntuales a la hora que figuraba en el comunicado enviado por fax. La convocatoria permite tan sólo la entrada de los gráficos, pero a los reporteros se les deja observar y se les pide que, en esta ocasión, no hagan preguntas. Diluvia en la capital de Galicia. La espera se presume larga. Pasan dieciocho minutos de las tres cuando el Boeing 707 de la Fuerza Aérea Española procedente de base de Herat (Afganistán) toma tierra en el área militar de Lavacolla. Son pocos sus pasajeros. Con Idoia Rodríguez Buján viaja César Muñoz Pantoja, el alférez de Villaviciosa de Odón (Madrid) herido por la explosión de una mina anticarro en el país de los talibanes, y Braulio Picón, militar y pareja de la primera mujer soldado española que muere en un conflicto. Desciende el féretro con sus restos mortales. Lo portan sus compañeros de la Brigada Ligera de Infantería Aerotransportable de Figueirido (Pontevedra) Mutismo y calma en el trayecto. Sólo se escucha el click, click constante de las cámaras y la marcha fúnebre interpretada por la banda de la Brilat. Los camaradas de la joven de 23 años de Nodar no hablan, pero su mudez es expresiva. Los ojos están enrojecidos; los rostros, desencajados. Las miradas de los allí presentes se dirigen al sarcófago que llevan a hombros y que entregan, después del itinerario por la alfombra roja, a los familiares y amigos, que esperaban ansiosos este momento desde que a las 00.30 los microbuses en los que se desplazaron arribaron a Compostela. En el hangar, el novio de la muchacha abraza con firmeza a la que en meses sería su suegra (la pareja tenía planes de boda) Consuelo Buján está vestida de riguroso luto. Se la ve inquieta, angustiada, nerviosa. Es la estampa del dolor. Su cara refleja el calvario que vive desde el día en el que conoció la pérdida de su única hija. De esa niña que ya desde pequeña amaba las Fuerzas Armadas, y que no había quien se lo quitase de la cabeza declaraba recientemente, como si en su mano estuviese todavía la posibilidad de convencerla para elegir otra vida diferente, o de devolverle la existencia. quitarse el abrigo negro que lleva puesto, lo colocan sobre el lecho donde descansa su pequeña, y se la llevan a la ambulancia. Va arropada por siempre por su marido y su yerno. Constantino Rodríguez, el padre, intenta hasta ese instante permanecer estoico, entero, guardián. Procura mantener el tipo, y lo logra, aunque difícilmente, con un esfuerzo colosal para no desmoronarse. Los actos protocolarios se prolongaron durante sesenta minutos. El mismo tiempo que las nubes, gentilmente, dejan de manar agua. Rabia contenida y mucha emoción en la improvisada ceremonia. El matrimonio había pedido intimidad y rechazado un fausto en la Brilat de Figuei- La madre se desmaya Deja de llover. Los chubascos dan una tregua, pero no el viento y el frío, que acompañan una especie de acto castrense, anónimo, rápido y casi clandestino (por su ubicación y horario) La madre de Idoia se desploma ante el ataúd. Se nota indispuesta y se sienta en una silla. En una acción espontánea fuera de protocolo le ayudan a rido. Percibirán una indemnización de 140.000 euros por el fallecimiento de su descendiente y heredera en una operación de mantenimiento de la paz, en aplicación del Real Decreto de Indemnizaciones aprobado en noviembre de 2004. Pero a ellos no les importa el dinero. Lo que más querían ya no lo tienen. Y era tan buena, tan alegre, tan cariñosa han reiterado una y otra vez desde la fatal noticia. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quiso desplazarse a la capital de Galicia para dar el pésame a quien, en este momento, no halla consuelo. Llegó acompañado del responsable de Defensa, José Antonio Alonso, a las 02.10. Los dos impusieron a la desafortunada chica la Cruz al Mérito Militar con distintivo amarillo, a título póstumo, y la medalla de la OTAN, e intentaron dar abrigo y coraje a sus pa- El contingente que ha regresado está destrozado Contentos por la vuelta, pero afligidos, mustios y pesarosos por la muerte de Idoia Rodríguez Buján, para siempre, la soldado de Lugo. En el primer contingente de la Brilat procedente de Afganistán hay 87 soldados, contentos por el regreso pero cansados y con el recuerdo en su mente de Idoia Rodríguez Buján. Han vuelto este jueves, a las cuaatro y media de la tarde, y la mayoría se enteraron del atentado cuando prácticamente ya habían salido de su zona comenta el general jefe de la Brigada Ligera Aerotransportable de Pontevedra, José María Prieto Martínez, que resume en una palabra el sentimiento del grupo al conocer la noticia: Se quedaron destrozados Él tiene claro el motivo del triste fallecimiento de la muchacha de Nodar. Murió porque era la conductora y tuvo la desgracia de que la mina explotase debajo de su asiento, por lo que tuvo la peor suerte El cabo Jorge Laíño del Río, gallego, de La Coruña, se encuentra bien después de la intervención en la que le extirparon el bazo, y se espera en breve su llegada. El alférez César Muñoz Pantoja ya está de vuelta, muy compungido.