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84 VIERNES deESTRENO VIERNES 23 s 2 s 2007 ABC Nuestro querido caníbal Se estrena hoy en España El último rey de Escocia un retrato de Idi Amín Dadá, el sanguinario dictador que hizo de Uganda un campo de sangre. Fue útil a sus antiguos jefes británicos hasta que su canibalismo político le hizo indeseable ALFONSO ARMADA MADRID. Los monstruos son útiles hasta que se vuelven intratables. Ante el peligro de una epidemia socialista en el este de África, británicos e isralíes vieron con buenos ojos cómo aquel antiguo sargento chusquero de los Fusileros Africanos del Rey, campeón de boxeo, sádico y casi analfabeto, se convertía en el candidato idóneo para hacerse por la fuerza con la presidencia de Uganda apenas nueve años después de que el país se independizara del Imperio Británico. La negativa de Milton Obote a vender armas a la Suráfrica del apartheid había puesto al presidente ugandés en el punto de mira de la antigua metrópoli. Uno de los nuestros benévolo, pero fuerte y sobre todo con una excelente disposición hacia Gran Bretaña Los informes del servicio secreto al servicio de la Reina no dejaban lugar a dudas de las cualidades necesarias. Para hacerse temer. Pese a todos los empeños de Yoweri Museveni, actual presidente de Uganda, el tristemente más famoso hijo del país sigue siendo Idi Amín Dadá. Abandonado por su padre, hay división de opiniones sobre la manera en que su madre se ganaba la vida, si como hechicera o como prostituta. Encontró su destino gracias al Ejército británico: empezó en las cocinas y llegó a sargento. Sus dos metros de envergadura, su habilidad con los puños (llegó a ser campeón de los pesos pesados) y su sadismo a la hora de aplastar a los rebeldes Mau Mau en Kenia, le granjearon el aprecio de sus superiores ingleses. Obote se labró su ruina cuando puso en manos de Idi Amín su seguridad y le ascendió hasta general y jefe del Ejército. El insaciable Amín aprovechó un viaje al exterior de su patrón para dar un golpe de Estado. Aunque empezó liberando a los presos políticos, pronto mostró su verdadera faz. Si el miedo al socialismo de Nyerere en Tanzania, Kenyatta en Kenia y Kaunda en Zambia dio alas a Amín, su intento de anexión del norte de Tanzania en 1978 selló el final de quien en menos de ocho años instauró un régimen delirante en el que la tortura y aniquilación de enemigos reales e imaginarios acabó con la vida de no menos de 300.000 ugandeses. El martillo era una de las formas frecuentes de aplastar a sus rivales, arrojados como pitanza a los cocodrilos. Para atajar la caída libre de la economía nacional prestó atención a un supuesto mensaje que el Profeta le deslizó en sueños: expulsar a 50.000 asiáticos. La rapiña subsiguiente acabó de hundir en la miseria a un país convertido en paria internacional gracias a los delirios de grandeza de un dictador enfermo de paranoia, con la mentalidad de un niño y las maneras de un asesino. No está probado su canibalismo, pero en sus neveras hallaron pedazos de sus víctimas. Padre de no menos de 32 retoños, a una de sus seis esposas hubo que volver a ensamblarla para el sepelio. Su Excelencia Presidente Vitalicio, Mariscal de Campo Al Hadji Idi Amin, Señor de Todas las Bestias de la Tierra y Peces del Mar y Conquistador del Imperio Británico, de África en general y Uganda en particular con el estrambote final de Rey de Escocia era el tratamiento que exígía. Un verdadero gánster tropical. Más información sobre la película: http: www. fox. es cinema last kin g of scotland- 11253 11253 Forest Whitaker es el principal candidato al Oscar por su encarnación de Idi Amín ABC El último rey de Escocia EE. UU. 2006 123 minutos Género- -Drama Director- -Kevin Macdonald Actores- -Forest Whitaker, James McAvoy, Kerry Washington, Gillian Anderson, Simon McBurney Personaje e intérprete Idi Amín Dadá nació en Koboko en 1924. Entró en la guardia del rey de Uganda en 1943 y fue nombrado general de división y jefe de las Fuerzas Armadas en 1968. Derrocó al presidente Obote en 1971 mediante un golpe de Estado y estableció un régimen de terror y una política genocida. Fue derrocado en 1979 y murió en Arabia Saudita en 2003. Forest Whitaker nació en Texas en 1961. Ganó el premio al mejor actor en Cannes por Bird Ha intervenido también en películas como Juego de lágrimas Platoon o Species La estampida del colibrí JAVIER CORTIJO Para no irse por las ramas: Whitaker es a esta película lo que Jordan a los seis anillos de los Bulls, Mercury a Queen o Sherlock a Conan Doyle. Más que su corazón o sus pulmones, su mismísima osamenta. Por ello es tan complicado calibrar o analizar El último rey de Escocia sin que la mirada oblicua y el cuerpo acorazado del actor sean, parafraseando su nombre propio, un bosque forest que impide ver cual- quier tipo de flor o arbusto adicional. Aunque tampoco conviene caer en el tópico de considerar esta brutal escalada a la ficción- no ficticia del prestigioso documentalista Kevin MacDonald como one man band a la mayor gloria de un actor que viene pidiendo a rugidos un Oscar, o más, desde que domó el saxo salvaje de Charlie Bird Parker. Porque esta película posee un generoso sistema de temperaturas, condiciones humanas, terrores y desilusiones orbitando, eso sí, alrededor de la cintura de su protagonista, que la mueve con la misma soltura que Ali cazando una avispa. Al menos, esa es la imagen que tuvimos durante dos horas: actor peleando a la contra y haciendo sombra con su despreciable personaje, Idi Amín, único bicho capaz de superar a Hitler durante el siglo XX al correr por sus venas el peor ele- mento del crimen: la cobardía antimegalómana y el cerebro de lombriz. Una combinación tan explosiva que tronchó las vidas de un cuarto de millón de ugandeses mientras le hacía ser adorado y venerado por muchos miles más. Y un reto que Whitaker agarra por las solapas, zarandea y logra que caigan al suelo diamantes que el tirano no merecería ni el mejor de sus sueños. Además de este impresionante fresco sobre la descomposición de a) un sueño y b) un país (magnífica la fotografía de Anthony Dod Mantle) valoraremos al rookie James McAvoy, que bastante tiene con aguantar el tipo pelirrojo ante el búfalo que le bufa en cada escena. Sus titubeos y unas gotas de gore sensacionalista (ese hombre llamado caballo en el duty free) empañan un filme impactante, sudoroso, apocalíptico y, vaya, forestwhitakero.