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ABC VIERNES 23 s 2 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA VOTAR DESDE CASA IENE con papeles, tochos de estadísticas sobre el referéndum de Andalucía. Aquí hay muchas más claves de lo que parece Está contento porque acertó en sus predicciones- los sociólogos no siempre nos equivocamos, aunque tenemos mala prensa últimamente -y siente reforzado su crédito de gurú contemporáneo. El Madrid político crepita a media tarde en el hall de un hotel lleno de corrillos de diputados tomando café. No te voy a hablar de lo obvio, porque ya está bastante claro que las operaciones de ingeniería polítiIGNACIO ca, como las reformas de CAMACHO los estatutos, no interesan a los ciudadanos. En Andalucía, además, la autonomía ya es parte del paisaje, hace mucho que dejó de verse como una necesidad histórica. Si acaso, lo que hay es una crecientedesconfianza en los ambientes urbanos hacia laineficacia de la Junta, quemuchagente percibe ya como un aparato administrativo elefantiásico. Y desde luego lo que no se ve tampoco es un clamor de agravio respecto a Cataluña; al contrario, de alguna manera, el Estatuto catalán ha reforzado el sentimiento de españolidad en otros territorios Lo importante de este referéndum está en otras conclusiones. Una, que es la primera vez que los andaluces no hacen lo queles pide el PSOE. Significativo. Y dos, que el electorado, en España en general, sólo responde a la confrontación. Si el PP se hubiese opuesto, la participación habría subido cerca de diez puntos, y el PSOE lo habría arrasado con el sí. La autonomía no es importante... hasta que la cuestiona alguien. Ya me entiendes Lo que la gente quiere es votar contra alguien para ganarle. Tenemos un concepto muy antagónico de la política: los míos y los otros. En escenarios pacíficos, pasamos de las urnas, en ese sentido somos una democracia muy desactivada cívicamente, de poca implicación. Pero ya verás en las municipales y autonómicas: habrá batallas a cara de perro. Y en las generales. Por eso las opciones del PP de ganar a Zapatero se cifran en un ambiente político que se crispe lo justo. Ahora mismo, los votantes del PP están mucho más movilizados que los socialistas, por las negociaciones con ETA sobre todo, más el reflujo de la deriva catalana, y el PSOE tendrá que aumentar la bronca si quiere que su electorado se lance a cerrarle el paso a la derecha. Si se abstienen la mitad de los que pensaban hacerlo en marzo de 2004, y que al final votaron por culpa del 11- M, el PP puede ganar Sí, eso en parte también está aquí, en los datos de Andalucía. Hay que saberlo leer. En Andalucía los socialistas tienen 15 escaños más, y casi con seguridad te diría que no los van a mantener en 2008. Lo habrían logrado si el PP hubiese dicho que no al Estatuto. El dato extrapolablees quemuchos votantes del PSOE se han desactivado. Quizá en las próximas generales no haya muchos ciudadanos que cambien su voto, pero sí está creciendo la decepción, el alejamiento ante una agenda política muy confusa y poco prioritaria. No olvides una cosa: en la democracia moderna, la abstención es también un modo de votar... desde casa V EN FIN SOBRE EL LAICISMO L cardenal arzobispo de Madrid le atormenta el laicismo, al que considera, junto al agnosticismo y el relativismo, fuente de casi todos los males que padece la España contemporánea. Lo afirmó con toda solemnidad la semana pasada y lo ha repetido ayer mismo. Para descifrar diagnóstico tan severo y examinar la panoplia de los síntomas que le conducen a juicio tan tajante, y antes de escrutar cuáles son las causas y cuáles los efectos, merece la pena detenerse en lo que monseñor Rouco entiende por laicismo y lo que define como tal la Real Academia de la Lengua. Para la docta institución, laicismo es la doctrina que defiende la independencia del hombre, de la sociedad y del Estado detodainfluenciaeclesiástica oreligiosa A primera vista, resulta un tanto extremado atribuir la responsabilidad de todo género de males a un principio vigente en muchas democracias modernas que no parecen tan enfermas. Lo que predica un laicismo así enunciado no es la muerte de Dios como podría deducirse de las pesadumbres del cardenal, sino la independencia de los sujetos para actuar en la vida pública sin presiones de orden religioso, cualquiera que sean las EDUARDO convicciones del propio sujeto, y la de los SAN MARTÍN estados paraorganizarlasociedad almargen de la confesiones de sus ciudadanos, aunque éstas sean mayoritarias. Ningún laicismo activo podrá borrar, en todocaso, el inevitable sello queimprimen en el nervio moral de una sociedad las creencias religiosas de sus individuos, por muy laico que se declare el estado al que pertenece. El ejemplo de Estados Unidos es ilustrativo: nos explicacómo estados formalmente laicospueden albergar sociedades con un músculo religioso capaz de influir en toda la vida política del país. Sin embargo, para el cardenal laicismo equivaldría a una especie de pulsión política por eliminar todo rastro religioso de una sociedad determinada, lo que no es el caso en la definiciónacadémica y no pareceserlo, en mi opinión, en la realidad española de hoy. Constatado, pues, que seguramente no hablamos de las mismas cosas, nadie puede ne- A gar al arzobispo de Madrid, sin embargo, el derecho a denunciar lo que él considera un mal, llámese como se llame. Para caracterizar esa plaga, monseñor Rouco señala síntomas alarmantes: vivimos en una sociedad donde sólo interesa lo que sirve para obtener poder reina una dictadura del relativismo y se defiende el que no hay verdad todo lo cual amenaza la existencia de la democracia Cierto que conductas como las que enumera el cardenal colocan a nuestro país en una situación muy parecida a la de los años treinta pero se le puede encarecer que, antes de salir demisión por esos caminos de Dios, dondeseguramente encontraría no pocas, buscara más cerca algunas causas de ese estado de cosas: lugares bajo la égida episcopal desde donde se pondría en riesgo la convivencia entre españoles y, por tanto, la propia democracia; donde mucho de lo que se predica está al servicio de la obtención de poder y desde donde se juzgan personas e instituciones en el ejercicio permanente de un relativismo moral escandalizador. España pierde nervio religioso. En eso los obispos tienen razón. Pero, ¿dónde está la causa y cuál es el efecto? Recordemos elejemploamericano: un estadolaicocon una sociedad robusta en términos religiosos. ¿No será que la causa de todos los males que denuncia con razón el arzobispo de Madrid no es el laicismo, que no puede tanto frente a una sociedad armada moral y religiosamente, sino que ese alejamiento progresivo de la sociedad española respecto de la Iglesia, o la franca hostilidad contra una parte de ella, puede tener algo que ver con la imagen que de la propia Iglesia seproyecta desde alguna desustribunas? Existe, desde luego, un cierto tufillo a los años treinta en lo que denuncia el cardenal. Sobre todo en el mundo de las ondas. Una palabra final sobre el poder de las mayorías parlamentarias, a las que alude también monseñor Rouco. De acuerdo; tales mayorías no pueden alterar ciertos principios morales, que deben quedar a resguardo de las contingencias de las políticas concretas. Pero, una vez más, la formación de esas mayorías no tiene por qué ser el efecto de esa causa general que el cardenal identifica con el laicismo. Estados Unidos, de nuevo: allí, mayorías políticas nada laicas sostienen la pena de muerte, cuya defensa repugna a toda conciencia cristiana.