Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 OPINIÓN MARTES 20 s 2 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro MINISTERIOS, UNA ORQUESTA DESAFINADA CUPADO en diseñar y llevar a cabo estrategias partidistas, parece que José Luis Rodríguez Zapatero no ha tenido tiempo de leer el artículo 98 de la Constitución, de acuerdo con el cual el presidente del Gobierno dirige y coordina la acción de los demás miembros de su Ejecutivo. La vicepresidenta Fernández de la Vega venía cumpliendo esta labor con mejor o peor fortuna. Sin embargo, en los últimos tiempos está claro que cada ministro va a lo suyo, ofreciendo a la sociedad una pésima imagen de ineficacia y descoordinación entre los miembros del Gabinete. Es patente el desencuentro entre las ministras de Sanidad y Agricultura en relación con la futura ley del vino y del alcohol: mientras Elena Salgado persiste en el empeño de que la Administración adopte medidas restrictivas para el consumo, Elena Espinosa recibe a los sectores afectados y no se oculta a la hora de expresar públicamente el apoyo a sus demandas. Otro ejemplo, reciente y notorio, es el drama del buque Marine I el Ministerio de Asuntos Exteriores mueve como puede a sus diplomáticos sin obtener respuestas positivas, Jesús Caldera hace su propia política migratoria ante las autoridades de Senegal y, para colmo de males, Interior deja en una posición desairada a los policías españoles encargados del caso; cada uno a su aire, sin que nadie ponga orden en esta orquesta desafinada. A mayor abundamiento, el Estado residual promovido por la política territorial del Gobierno vacía poco a poco de competencias a diversos departamentos ministeriales, cuyos titulares procuran llenar el hueco de su gestión a través de ocurrencias más o menos llamativas de cara a la opinión pública con la finalidad de obtener algún protagonismo o, simplemente, de no pasar inadvertidos en las encuestas de opinión. El Gobierno ofrece así la imagen propia de un fin de ciclo, porque sus miembros están pensando más en sus propios asuntos que en atender las responsabilidades comunes que les incumben. Si no se adelantan las elecciones generales, falta un año para que concluya la actual legislatura. Lo más probable es que a partir de ahora se intensifique la huida hacia adelante de los ministros que quieren dejar huella de su paso por el Gobierno o hacer méritos, pero los ciudadanos tienen la sensación de que nadie se ocupa de armonizar las actuaciones de unos y de otros, y los funcionarios perciben desde hace tiempo una impresión generalizada de provisionalidad. Se afianza la creencia de que hay una distancia creciente entre la clase política y la sociedad civil, porque algunos sólo atienden al reparto de cuotas de poder y no a los problemas que importan realmente a la gente. Al mismo tiempo, crece el desconcierto entre determinados sectores sociales y económicos, que no encuentran el interlocutor apropiado para plantear sus demandas o que, simplemente, no se fían de lo que pueda decir el responsable de turno en un escenario dominado por las contradicciones y, en consecuencia, por la desconfianza. O ACIERTO ESTRATÉGICO DEL PP N cierta medida, no le falta razón al secretario de Organización del PSOE, José Blanco, cuando afirma que si hubiera dependido del PP, Andalucía no habría tenido nuevo estatuto No le falta razón porque no fue el PP quien abrió hace tres años el incierto camino hacia unas reformas estatutarias y del modelo de Estado que están poniendo en peligro el andamiaje territorial cuidadosamente levantado durante la Transición. Culpar al PP como excusa para no reconocer errores propios, tal y como ayer hicieron los socialistas en una irreflexiva reacción al fracaso sin paliativos del referéndum en Andalucía, es un ejercicio de cinismo: son el jefe del Ejecutivo, Rodríguez Zapatero, y el presidente andaluz, Manuel Chaves, en calidad de impulsores de una reforma que no interesa al ciudadano- -a la vista está- quienes deben asumir en primera persona el fiasco de su iniciativa, por muy ajustado a la legalidad que este proceso haya estado de principio a fin. El PP no ha incurrido en la deslealtad que le imputa el Partido Socialista. Por el contrario, es digna de elogio la actitud del líder del PP andaluz, Javier Arenas, quien no sólo ha sabido reconducir con una meritoria capacidad negociadora los excesos filonacionalistas que el PSOE pretendía cometer con el estatuto andaluz al amparo de otras iniciativas de reformas más arriesgadas, sino que acertó al implicar a su propio partido en la estrategia de dejar al descubierto el desdén ciudadano por este tipo de aventuras. En un principio, el PP no impulsó de la mano de Chaves la reforma estatutaria andaluza, pero después demostró un alto grado de responsabilidad ante los ciudadanos al aceptar un mal menor, cual fue contribuir con decisión a convertir un articulado original redactado por el PSOE con tachas de inconstitucionalidad en un texto que, aun siendo discutible desde un punto de vista político, proba- E blemente no necesitará ser sometido al escrutinio del Tribunal Constitucional. Sumándose en última instancia a este nuevo estatuto, el PP asumía el riesgo de ser censurado por entrar en el juego de Zapatero y en el laberinto de su irresponsable modelo territorial. Pero Arenas- -y con él Mariano Rajoy- -era consciente de que también era la única alternativa para que el PSOE e IU no impusieran a los andaluces, de manera unilateral y bajo unos criterios dudosos, un nuevo estatuto autonómico contraproducente. Además, estratégicamente ha servido para poner de manifiesto la debilidad argumental de Chaves y del PSOE al promover una reforma innecesaria y no reclamada por la sociedad con el fin de satisfacer los planes de Zapatero y servir de coartada a otro estatuto, el catalán, cuya constitucionalidad sí está aún por determinarse. Y en segunda instancia, ha servido para poner en entredicho la capacidad de movilización del PSOE en un feudo como Andalucía, con el consiguiente regusto amargo que este referéndum ha debido dejar, de modo especial, en Moncloa y en Ferraz. Lo ocurrido rubrica un innegable divorcio entre políticos y ciudadanos, además de una parálisis de la gestión de Zapatero. En este diagnóstico se adentró ayer en Barcelona el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz- Gallardón, quien propuso como solución a esta parálisis una iniciativa novedosa y de calado que no debe caer en saco roto: crear un eje de vertebración Madrid- Barcelona como base para fortalecer la cohesión territorial en España. A este afán por combatir la parálisis política causada por Zapatero debe vincularse asimismo la decisión de Rajoy de confiar a un político experimentado y de solvencia en el PP Pío García- Escudero, la campaña electoral de mayo. Víctima de su propio bloqueo, Zapatero parece negarse a observar cómo el PP da cuerpo a estrategias que sí ofrecen nuevos escenarios y soluciones al ciudadano. DINAMISMO DE LA BANCA EN EL EXTERIOR A reciente compra, por más de 7.000 millones de euros, del banco norteamericano Compass por parte del BBVA representa la última operación derivada de la creciente internacionalización y diversificación de la banca española, que figura por méritos propios entre las más eficientes, solventes y sólidas del mundo, lo que le permite acometer con garantías la adquisición de otros bancos, preferentemente en los mercados más competitivos y abiertos del mundo. Esta pujante actividad exterior de la banca española se asienta en la calidad de sus equipos gestores, lo que ha propiciado bancos sólidos y eficaces tras haber competido con éxito en un mercado interno abierto desde hace mucho tiempo a la competencia, pero también en la labor continuada del Banco de España, institución que ha sabido ser diligente en su labor de inspección y supervisión. Todo ello hace de nuestra banca un referente internacional de la pujanza empresarial española, que ha logrado aprovechar el euro y la entrada en la UE para competir fuera con la misma capacidad con que lo hace en el mercado doméstico. Además de los dos grandes bancos, Santander y BBVA, hay otras entidades financieras con negocios en el exterior, a los que en breve podrían sumarse algunas cajas de ahorro, dispuestas a seguir esta estela expansiva de los bancos, con los que compiten en el mercado interno- -donde gestionan la mitad del mercado financiero español- pero que posiblemente requieran un debate sereno y sosegado sobre su control o sobre sus- -en ocasiones cuestionadas- -participaciones industriales. L La compra de Compass- -que se fusionará con las otras tres entidades ya adquiridas con anterioridad por el BBVA- -permitirá a éste colocarse como el banco número veinte de EE. UU. donde también el Santander tiene una fuerte presencia tras la compra del Sovereing, situado en el puesto 21 del ranking bancario norteamericano. Santander y BBVA han sabido aprovechar su rentable expansión iberoamericana y se han lanzado a la conquista de los mercados financieros más competitivos, como el de EE. UU. o el británico, donde el Santander ya adquirió el Abbey. Esta internacionalización creciente es uno de los rasgos definitorios de la actual realidad empresarial española, con un número cada vez mayor de compañías capaces de competir con los mejores en los mercados más exigentes: desde el sector textil a los servicios públicos, la construcción o el metal, estas operaciones son todo un símbolo de la pujanza empresarial española, en evidente contraste con la errática labor exterior del Gobierno, con escaso apoyo a la internacionalización de las empresas nacionales y magros recursos en labores comerciales en embajadas y foros internacionales. Pese a todo, muchos empresarios españoles salen al exterior, con preferencia a los países más competitivos y abiertos, menos intervenidos y con unas reglas de juego más claras, en las que los poderes públicos y los organismos reguladores cumplen con transparencia, autoridad y prontitud su función, algo que, con harta frecuencia, parecen olvidar algunos gobernantes con la perenne tentación de controlar e intervenir el mundo empresarial.