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78 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 19 s 2 s 2007 ABC JAZZ Steve Coleman Concierto de Steve Coleman SeptetsLugar: Sala Clamores, Madrid Leyenda Juan Ramón Jiménez, verso a verso Visor recupera, corregida y aumentada, toda la poesía del Nobel de Moguer que en 1978 realizó Antonio Sánchez Romeralo MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Aquel hombre recubrió de suave algodón la piel de un borriquillo, y luego, en esos días en los que las rosas se conformaban (que no es poco) con ser tan sólo rosas (y que nadie nos las toque, claro) le contó y le cantó sus cuitas al universo: Soledad, te soy fiel. Espérame en el último rincón de aquel jardín con luna grande, donde soñamos tanto juntos por ejemplo. Con los años, aquel hombre, nacido en un pequeño pueblo andaluz, daría aliento a una de las obras más intensas, diáfanas, exijentes (no he podido evitar caer en la tentación de esta j tan juanramoniana) de la literatura universal. Pero Juan Ramón Jiménez, aquel español eterno de Moguer, no fue sólo un escritor de un aliento lírico portentoso, sino también un riguroso intelectual, con los demás y con su propia obra. Una obra que siempre quiso legar, legarnos, como un corpus completo y no como un puñado de libros aislados. Esa labor de corrección, depuración y recopilación le ocupó buena parte de su vida y de su energía creadora. Incluso, cuando la muerte se lo llevó El que muere, cada noche más lejos se va... en mayo de 1958, lejos de su tierra y de su gente, ya tenía un título para su obra completa: Metamorfosis cuyas materias y nombres serían: Leyenda (poesía) Historia (prosa lírica) Política (ensayo y crítica general) Ideolojía (aforismos) Cartas (cartas públicas y particulares) Complemento complemento jeneral y Traducción (traducciones de poetas extranjeros aparte de Tagore) editado por Galaxia Gutenberg hace unos meses bajo el título Música de otros El primero, Leyenda es el que ahora nos ocupa. Después de un trabajo ímprobo de siete años, Antonio Sánchez Romeralo consiguió publicar en la editorial Cupsa, en 1978, una primera edición, que ahora ha sido recuperada con el trabajo de María Estela Harretche (a la sazón segunda esposa de Romeralo) en exquisita edición de Visor. Escribía entonces Sánchez Romeralo: La presente edición es sólo una aproximación al libro que Juan Ramón nos hubiera dado de haberlo él publicado, y así debe ser entendida y y aceptada; como decía Platón que eran las cosas bellas que los hombres conocemos, aproximaciones sólo de lo bello La propia María Estela Harretche corrobora esas palabras en esta segunda edición: El proceso al que asistimos como lectores (de manera que no existe en ningún otro libro de poesía de Juan Ramón que se haya publicado) es el de haberles dado (el poeta) una nueva vida a partir de la que ya tenían. Nueva vida que resuena con ese nuevo espíritu en la medida en que forma parte de una totalidad abarcadora. Esa nueva luz que brilla gracias a las otras, es en esencia la personalidad de Leyenda A JRJ le gustaba decir que su obra poética era como un mar en movimiento y en cambio El propio poeta se explicaba allá por 1949: Sigo publicando, como en mis antolojías, versos antiguos míos revividos, los poemas que aquellos llevaban dentro y que han ido saliendo a lo largo de mi vida. Sin yo quererlo, todo lo escrito me acompaña siempre. Y aquí, allá, en casa, de viaje, a la madrugada, me salen al encuentro con un aspecto distinto. Y si un escrito reciente se rehace ¿por qué no uno anterior? Leyenda comprende 45 libros, desde poemas de adolescencia (1896 1902) hasta sus últimas entregas de los años cincuenta. Resumiendo, 1.364 poemas, aderezados con un índice de procedencia y variantes Y como guinda, 60 poemas nuevos que Romeralo no pudo localizar. Así, Leyenda contiene la obra de Juan Ramón tal cual él la quiso organizar y disponer, aunque sus más íntimos deseos, como recoge Sánchez Romeralo, fueran más exactos aún. Mi ilusión- -dejó escrito en 1952- -sería poder corregir todos mis escritos el último día de mi vida, para que cada uno participase de toda ella, para que cada poema mío fuera todo yo Visor también ha comenzado la edición de todos sus libros de poemas en una colección cuya singularidad reside en que cada uno llevará un prólogo de un poeta actual. Para abrir boca, Ángel González ha prologado las Rimas y Vicente Gallego ha hecho lo propio con Animal de fondo CLÁSICA Ciclo Sinfónica de RTVE Obras: C. del Campo, B. Bartók y J. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de RTVE (Director: A. Ros Marbá) s Solista: J. Colom (piano) s Lugar: Teatro Monumental de Madrids Fecha: 8- II- 2007 Música árida LUIS MARTÍN Miles Davis diseñó un mundo musical diferente y preñado de emociones. Era un universo que se asomaba al futuro y al que sus contemporáneos no siempre entendieron bien. Miles fue el centro de un sinfín de revueltas musicales y quienes tuvieron la suerte de compartir aventuras con él quedaron para siempre marcados por la forja movediza de su filosofía. El altista Steve Coleman no formó jamás con el maestro. Ni en discos, ni en conciertos. Y, sin embargo, coincide en idénticos compromisos: Abrir la ventana para escuchar lo que suena en la calle En realidad, Coleman ya estaba en la calle cuando Miles así se expresaba. Ahora trae consigo un singular pelotón instrumental. En él medran un trombón, un trompetista, un contrabajista hierático, una cantante latosa, un par de bateristas de bulla urbana y él mismo, colando ráfagas y bucles melódicos que siempre saben a poco. La música de Steve Coleman es siempre inconforme, tiene un perfil de corte de mangas. Y sin embargo su empeño no concluye al dejar las convenciones fuera del discurso. Tras esa apariencia alborotada, hay una literatura musical sincera, mingusiana, desinhibida. Es una de las caras de la vanguardia jazzística y este concierto ha sido una muestra de los valores que propone, organizados en torno a una idea que discurre con el principio de las mareas: música sin solución de continuidad que se encrespa tras el anuncio de un nuevo tramo, y amaina para ofrecer el testigo del siguiente. El disco Weaving symbolics ofrece algo parecido a lo que se convoca en la escena. Ante este discurso, los Wynton Marsalis del mundo y los George Benson de otro sin identificar quedan irremediablemente arrollados. Otra cosa es que el asunto funcione bien en el club, donde las distancias son más cortas y este esquema se hace árido y poco digerible. La cantante Jen Shyu sobra y al contrabajista le falta sangre en las venas. Y todo lo demás estaría muy bien si no fuera porque, junto a una fascinante confluencia de lenguajes, en el trabajo de Steve Coleman hay también una fastidiosa voluntad de desagradar. Será la fatiga. Josep Colom, grande en Bartók ANTONIO IGLESIAS Noble, generoso y elevado eran los tres epítetos que Don Conrado (Conrado del Campo) mi maestro en la Composición al lado de otros no pocos discípulos, gustaba de utilizar hasta la exageración; él, sí era así, y su música se reviste de ellos. En El Infierno extraído de La Divina Comedia los derrocha a manos llenas, de sabiduría y, a la vez, de inspiración que no por personal deja de rendir culto a Wagner, auténtico ídolo en su vida, en una partitura soberbia, máxime en la época (1910) en que fue escrita. La llevó muy bien dibujada en sus amplios contornos Antonio Ros Marbá, y la Sinfónica de RTVE, bajo su acertada batuta, nos la tradujo apasionadamente. El programa del jueves último en el Monumental se engalanaba con el Tercer Concierto para piano y orquesta de Bela Bartók, página de nada fácil comprensión y que exige mucho de sus intérpretes: una paleta sinfónica que por cuidada maraña resulta de árido entendimiento y nada digamos del solista: pianista de campanillas que ha de estar en posesión de los más variados quilates técnicos y que ha de responder en alto modo a lo que, al transcurrir del tiempo, se echa más y más en falta: la musicalidad. Josep Colom colmó ambos extremos, escuchándole con esa serenidad que sólo los grandes son capaces de transmitirnos. El buen programa finalizaría con una versión de la Segunda Sinfonía de Johannes Brahms, fácil después de haber vencido la complejidad rítmica del tercer tiempo bartokiano, muestrario de las excelencias de la Sinfónica de RTVE, versión que lució profesores de la clase del trompa (pongámoslo como ejemplo entresacado del total de sus compañeros) llevados con una ejemplar recreación personal y al tiempo tradicional, por Ros Marbá. Un buen Concierto. Prólogos de nuevos poetas Pianista de campanillas Juan Ramón hace una lectura de sus poemas en la Librería del Congreso, en Washington ABC