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90 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 18 s 2 s 2007 ABC ROCK Nine Inch Nails Concierto de Nine Inch Nails- -La Riviera (Madrid) -14 de febrero. La ley de la gravedad JESÚS LILLO En vísperas de editar Year Zero -álbum en el que Trent Reznor anuncia menos guitarras y más electrónica de bolsillo y dormitorio- Nine Inch Nails organiza una gira para repasar su viejo repertorio a toda pastilla de metal; la de paracetamol conviene tomarla después del concierto, con el estómago lleno y revuelto de graves y la cabeza pisoteada por los amplificadores desde los que NIN vuelca una violencia que el público acepta y disfruta como el cliente de una sesión de latigo, acero y humillación de prepago. Heridos, pero contentos. Atiende madame Reznor. Antes de su presumible renacimiento sintético, el artista sacrifica casi todos los matices que han hecho de sus obras de estudio un monumental tratado sobre el ensamblaje de sonidos y la precisión narrativa de un drama construido de minúsculas piezas de ingeniería y músculo. Metido a entrenador, el compositor prescinde del ataque y la fantasía, apuesta por la defensa y plantea una función de catenaccio en la que la electrónica, en segundo plano, machacona, no hace sino acentuar la carga pesada de unas canciones que, así interpretadas, parecen reivindicar el mismo género que Nine Inch Nails cuestionó en los años noventa con grandes dosis de talento y electrónica trascendente, industrial y fiestera, sin hacerle ascos a nada. En pocas palabras, que Reznor viene muy heavy. En un recital de generoso metraje, NIN se toma ciertos respiros, como cuando su líder interpreta a solas y al piano Hurt la canción que, junto a otras joyas de finales del siglo pasado, hechizó a un otoñal Johnny Cash, pero el ritmo y la base del discurso del quinteto es plano y aplastante. Sin dobleces, sin apenas elementos que contrarresten su gravedad, cae a plomo sobre el público, que iba avisado. Los teclados se encienden con Heresy que abre un primer miniciclo dedicado a The Downward Spiral pero no pasan de plegarse a la línea de defensa de Reznor. La ejecución sumarísima de The Fragile representa la jugada perfecta de un forma de entender el rock que- -por primaria, a años luz de lo que pueda ser su Year Zero del que desde ayer se puede escuchar Survivalism -el propio Reznor se había desentendido. La izquierda europea prefirió ignorar la parte más siniestra de Gaddafi o Castro Hisham Matar s escritor libio Trípoli hacia 1979... Un padre opositor al Gran Guía de la Revolución, el coronel Gaddafi y un niño que palpa la represión... Una historia que bebe de las experiencias de la familia de Hisham Matar SERGI DORIA BARCELONA. La vida de Hisham Matar sigue los caminos del exilio. Residente desde hace veinte años en Londres, ha novelado en Solo en el mundo (Salamandra) los años de plomo del régimen de Gaddafi, visto desde los ojos de un niño. -Le diré más. Es chocante que pueda editarse un libro de autor libio. Durante 37 años los escritores de mi país han sido perseguidos de forma pertinaz: leer una historia libia es un pequeño milagro... Rafaela Carrasco convence a los neoyorquinos con su flamenco de vanguardia JULIO BRAVO ENVIADO ESPECIAL NUEVA YORK. ¿Quién me iba a decir a mí hace siete años que íbamos a llegar hasta aquí? repetía ayer Miguel Marín, director del Festival Flamenco de Nueva York, ante el nuevo lleno que registró el City Center en el espectáculo de Rafaela Carrasco (lleno que está también asegurado para las dos funciones que restan de Sabores de Sara Baras) Y es que no hay duda de que el festival ha calado en los neoyorquinos, y si en ediciones anteriores la colonia española era mayoría en el patio de butacas, ahora las tornas han cambiado (aunque se sigan escuchando oles con acento jerezano o suene un nostálgico ¡Viva Sevilla! al levantarse el telón. Y es que el Festival Flamenco de Nueva York (que se extiende ya por todo Estados Unidos, y que ha abierto sucursales en ciudades como Londres, adonde viajará la próxima semana) es un magnífico escaparate de la creación y la interpretación flamenca actual. Además de intentar que las grandes figuras estén en el cartel (y este año no ha podido ser mejor en ese sentido, con Paco de Lucía, Estrella Morente o Sara Baras) Miguel Marín ha pretendido siempre que los artistas emergentes tengan su espacio en la programación, y no le ha asustado apostar por los nuevos creadores, aun a sabiendas de que sus propuestas pueden chocar a un público habituado a un flamenco más tradicional. Este año una de sus apuestas ha sido Rafaela Carrasco. La artista sevillana titula su espectáculo Una mirada al flamenco y su propuesta es, efectivamente, un más que particular punto de vista. Su trabajo pasado con creadores de danza contemporánea se deja sentir durante todo el espectáculo, desde el planteamiento musical (con piano, chelo, guitarra, percusión y cante) hasta el entramado coreográfico, pasando por el vestuario (no siempre acertado) en el que las luces- -magníficas- -de Gloria Montesinos juegan un papel importantísimo. Rafaela Carrasco actúa con honradez, con modestia incluso, en una puesta en escena en la que comparte el protagonismo con el resto de su compañía. Ella brinda su elegancia, su fortaleza, un modo de bailar pausado, sin afectaciones, que fluye por entre la música, siempre muy pegada a ella, y que logró levantar al público neoyorquino del asiento. -La literatura libia es una gran desconocida... Hisham Matar en un momento de la entrevista -Gaddafi da una imagen gesticulante, entre Mussolini y Michael Jackson... ¡No es agradable para Michael Jackson! Pero estoy de acuerdo en que Gaddafi hubiera sido un cantante popular muy bueno: su cara me recuerda a Keith Richards... Su prepotencia le hubiera ido de perlas en los ambientes más sórdidos del Rock... Pero, bromas aparte... esta forma de ver a Gaddafi oculta su imagen real: con el paso del tiempo ha demostrado ser un líder muy listo, hábil en las artes más oscuras de la dictadura. YOLANDA CARDO ¿Cómo es el régimen de Gaddafi? -El niño protagonista, va tomando conciencia de la represión que sufre su padre viendo la televisión: retransmiten un juicio al puro estilo de las purgas de Stalin... -La imposición de una creencias políticas supone la muerte del individuo; es aplastado, deja de tener responsabilidad y pierde la libertad de opinión... Muchos líderes de la izquierda europea han preferido ignorar la parte más siniestra de regímenes como el de Gaddafi o Castro. Y en eso hay que ser taxativo: o te importa la justicia o no. -Recojo una frase de su novela: El nacionalismo es un hilo muy fino; quizá por eso muchos se afanan en cuidarlo con empeño... -Ser libio o británico no es una prioridad. tengo muchas afinidades con la sociedad inglesa y no hay conflicto con mi cultura familiar. Amor profundo a Libia y sentido de pertenencia a Gran Bretaña. -Es un episodio real. Era una forma muy agresiva de invadir el último refugio que le queda al intercambio libre de ideas, que es el comedor de tu casa. Se exhibía de forma grotesca en la televisión y eso generaba una psicosis de terror en todo el país... En los regímenes totalitarios, la primera premisa de los derechos humanos se lee de otra manera: eres culpable mientras que no demuestres tu inocencia. Unos manifestaban a todas horas una exagerada adhesión al dictador otros, procuraban pasar desapercibidos. -Yo no estuve de acuerdo con aquella acción. Creo que Reagan actuó como un cow- boy y se puso al nivel de Gaddafi. ¿Pero Gaddafi ha cambiado? -No creo que haya cambiado nada sustantivo en su Régimen. Gaddafi nunca estuvo alineado en ninguna tendencia política dentro del mundo árabe. Su única obsesión es la supervivencia política y eso explica su larga trayectoria como dictador. -Hay un antes y un después en la Libia de Gaddafi tras el bombardeo de Reagan... -Lo dice el protagonista. El nacionalismo limita los horizontes. seguro que había leído al doctor Johnson- el patriotismo es el último refugio de los canallas -El nacionalismo no produce nada, es provinciano y parroquial. Una de las mejores cosas que puede hacer una persona es imaginar al Otro y el nacionalismo excluye al Otro, o lo distorsiona. -Usted se presenta como británico de temperamento... ¿qué le queda de Libia? -Sí, pero... Debería mejorar la situación de los derechos humanos. Volver en estos momentos supondría traicionar a mi familia y a las miles de personas que siguen encarceladas, entre ellos mis propios tíos y primos. Como individuo sería fingir que no ha pasado nada. Y ser fiel a la Historia es para mí el acto de amor más importante. ¿Volvería a Libia?