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ABC DOMINGO 18 s 2 s 2007 ESPAÑA 31 Espinosa irrumpe en la polémica de la ley del Alcohol apoyando la cerveza La ministra de Agricultura se aparta de la estrategia de la titular de Sanidad S. N. ZARAGOZA. La tempestad desencadenada por el proyecto de Ley del Alcohol lejos de amainar se intensifica, incluso dentro del Gobierno. Ayer, la ministra de Agricultura, Pesca y Alimentación, Elena Espinosa, protagonizó un nuevo episodio en el que escenificó su apoyo a la cerveza y así trató de serenar al sector. Acompañada del consejero de Agricultura y Alimentación del Gobierno de Aragón, Gonzalo Arguilé, visitó la fábrica de cerveza La Zaragozana y allí, como para predicar con el ejemplo, degustó diversas especialidades de la fábrica. El apoyo expreso y público de la titular de Agricultura contrasta con la estrategia seguida por el Ministerio de Sanidad, que ha recibido severas críticas por su falta de diálogo con los sectores implicados. La Zaragozana está considerada como una de las empresas agroalimentarias más importantes en la economía aragonesa. En su visita, Elena Espinosa comprobó el proceso completo de elaboración tradicional de la cerveza de la fábrica, que todavía mantiene en uso estancias singulares como la maltería o la fermentación en tinos. Tras la visita a la maltería, la sala de cocidas y el museo, la ministra ha disfrutado de la degustación de diversas cervezas de la fábrica. En su recorrido, Espinosa estuvo también acompañada el director general de Cervece- Elena Espinosa degustó diversos tipos de cerveza que se producen en la fábrica de Zaragoza ros de España, Jacobo Olalla, quien valoró positivamente que el nuevo texto de la ley del Alcohol haya corregido muchas restricciones que afectaban al consumo moderado en adultos. No obstante, al mismo tiempo reclamó que la cerveza reciba en esta norma el mismo trato que el reclaman los sectores del vino y la sidra. Olalla recordó que estas tres bebidas son fermentadas de baja graduación, de origen agrario y uso alimentario, por lo que deben recibir el mismo trato en la ley. De otra forma se estaría discriminando de forma injusta e intolerable a la cerveza que además tiene tres veces menos alcohol que el vino El director general resaltó- -en presencia de la ministra- -la importancia de la cerveza en el sector agroalimentario, su larga historia y su carácter social y cultural. Los ela- EFE boradores de cerveza- -dijo- -de nuestro país son los terceros de Europa en producción, con 21 centros de elaboración que dan empleo directo a más de 8.000 familias e indirecto a más de 220.000 Y como para reforzar sus argumentos y apuntalar el apoyo a la cerveza dijo: Este sector es, junto con el vino, el segundo en facturación en la industria agroalimentaria española, sólo por detrás del aceite de oliva concluyó. Álvaro Delgado Gal CACANIA IBÉRICA a Fontaine escribió una fábula protagonizada por una liebre y una tortuga. Pero la liebre es mucho más que una liebre, y la tortuga, mucho más que una tortuga. Por ejemplo: un aficionado a los clásicos se inclinaría a identificar a la liebre con el vertiginoso e imprudente Alcibíades, o a la tortuga con Quinto Fabio Máximo, pesado y dilatorio, aunque, a la postre, precioso para la causa de Roma contra Cartago. Y es que hay que leer las fábulas de La Fontaine al bies: detrás de cada animal se esconde una fisonomía moral, y por debajo de la peripecia zoológica, se dibuja una reflexión edificante. En esa clave hay que aproximarse al libro interesantísimo que mano a mano han redactado Francisco Sosa Wagner y su hijo Igor. Lleva por título El Es- L tado fragmentado y trata, aparentemente, del proceso de descomposición de la Monarquía austro- húngara. Al enfilar, sin embargo, el último cuarto del volumen, descubrimos, sin demasiada extrañeza, que el sujeto real del libro es el Estado de las Autonomías. A esto, en poesía, se le llama un hipérbaton El sentido de un verso está subordinado al que inmediatamente le sigue, el cual aclara un mensaje antes incompleto, o mejor, provisional. Veamos, obedeciendo a la lógica del hipérbaton, en qué sazón se encontraba la Monarquía autro- húngara a principios del siglo pasado. Puede servir, como botón de muestra, la Bucovina, una región situada en el riñón noreste de los Cárpatos. En la Bucovina convivían seis nacionalidades: alemanes, judíos, rutenos, polacos, magiares y rumanos, armada cada una de un idioma propio- -es lícito considerar como tal al yidish, la variedad del alemán que hablaban los hebreos- Todas ellas estaban representadas en el parlamento, y no según un mismo esquema sino conforme a fórmulas inspiradas unas veces en el sufragio universal, y otras, en los modelos estamentales del Antiguo Régimen. Era evidente que esto no podía funcionar. Y no funcio- nó. Tras la derrota de Austria, Cacania se desparramó en cachos pequeñitos, que continúan desparramándose en otros más pequeños todavía- -recuérdese la partición indolora de Checoslovaquia, o la pulverización sangrienta de Yugoslavia- Tres fuerzas convergentes coadyuvaron a la eventración del Imperio: la noción romántica de que la lengua es el vehículo del espíritu nacional, la democracia, y los mecanismos de racionalización administrativa alrededor de los cuales cobró forma el Estado moderno. Todos sabemos que el patriotismo lingüístico aloja efectos explosivos. Ahora bien, ¿por qué fueron también deletéreas las otras dos fuerzas? La respuesta reside en el factor de escala. Cuando la lengua circunscribe el territorio nacional, y éste quiere dotarse a su vez de un poder monopolístico análogo al de los estados modernos y democráticos, el todo se deshace en miniestados que aspiran a ser homogéneos por dentro. Austrohungría era infinitamente más diversa que Alemania, y no había experimentado la acción centralizadora que en Francia impulsaron los monarcas absolutos y que acentuó la Revolución. La estatalización, aplicada a un cuerpo cuyo me- tabolismo obedecía aún a pautas antiguas, provocó que el tinglado saltara por los aires. El caso de España es más misterioso. Lo es, por cuanto el proceso disgregador se ha incoado a trasmano. No somos un país que se desvencija por causa de una adaptación imperfecta al modelo moderno de Estado, sino que somos un Estado moderno que está inaugurando en su interior las desigualdades y complicaciones del protoestado antiguo. Sosa Wagner, catedrático de Derecho Administrativo, mira el presente, y me temo que el futuro, con pesimismo. Estima que hemos entrado en una deriva confederalizadora, alimentada por la mutua emulación, los intereses de las oligarquías locales, y el juego de los partidos, incluidos los nacionales. osa Wagner se consuela pensando por elevación. La era clásica de la nación estado ha concluido, y lo que se precisa en el nuevo orden son estados que, pese a haber renunciado a muchas de sus funciones anteriores, se reserven la importantísima de redistribuir la riqueza y garantizar la ley, una ley que con frecuencia se genera en instancias supranacionales. Las subpartes de España carecen, por las trazas, del tamaño nece- sario para desempeñar con garantía estas labores. Un poder público menguado no serviría para contener la avidez arrolladora de las grandes multinacionales, y convertiría a los miniestados que se perfilan en el horizonte en presa fácil de los tiburones apátridas de la industria y las finanzas. as páginas económicas del Estado fragmentado son un punto precarias. Sosa Wagner, cuya especialidad es el Derecho, comprende peor el mercado, y acusa cierta tendencia a imaginar que los ricos de Wall Street traman conspiraciones abominables, un poco en la línea de los hombres malos que Chesterton pintó en El hombre que fue jueves Una última observación: precisamente porque en España existe, todavía, un Estado moderno con enormes capacidades redistributivas, la metástasis tropezará con más dificultades que en Austrohungría. Y si al final se verifica, será, también, infinitamente más traumática. ¿Se imaginan lo que ocurriría en Andalucía o Asturias si, por efecto de las veleidades de la clase política, se registrara un descenso brusco en las expectativas materiales de la población? Vale más, en fin, no seguir tentando al demonio. L S