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6 OPINIÓN DOMINGO 18 s 2 s 2007 ABC AD LIBITUM DOMINGO DE CARNAVAL S posible que la máscara sea, para muchos, un vehículo de sinceridad, algo que les desinhibe y alienta para, con el disimulo, ser más auténticos y verdaderos. Aún así no me gusta el Carnaval. Estos tres días prologales de la Cuaresma son, con la exquisita excepción de Venecia y, por su derroche de talento popular, también la de Cádiz, algo chocarrero y acre. Ruido, alboroto y travestismo como expresión colectiva de una frustración continuada que sólo somos capaces de liberar en estas fiestas de invierno que entroncan, en la tradición mediterránea, con las de Dionisio en Grecia y las saturnales M. MARTÍN de Roma. FERRAND El éxito actual del Carnaval, si se le puede llamar éxito a su casposa realidad, reside en el hecho de que era una pieza en la larga y absurda lista de las prohibiciones franquistas. Hoy, para muchos, esa celebración gritona y antiestética adquiere el valor de la rebeldía contra el viejo dictador. Por ahí circula nuestro drama colectivo: lanzadas a moro muerto en señal de valentía y audacia. Anacronismo en vena para ocultar la escasez del juicio y la abundancia del sometimiento. Aquí la palabra libertad es tan exótica y bella como la palabra jazmín, pero ni la primera está en la exigencia cotidiana ni la segunda florece en todos los jardines. Es más: la mayoría de los ciudadanos no sabrían distinguir la flor ni el ideal de otros parecidos y de mayor presencia. A Mariano José de Larra le gustaba el Carnaval. ¡Murió tan joven! Nos dejó reseña de los que se celebraban mientras languidecía, con el Estatuto de la regente María Cristina, el espíritu liberal de 1812 y cuajaba la desgracia carlista. En su tiempo, el de vuelva usted mañana, el poder del Estado se circunscribía a un mísero Presupuesto y a unos cuantos paniaguados sorbiendo la sopa boba del Gobierno. De ahí que el Carnaval, tres días al año, tuviera justificación de desahogo. Hoy el Estado, que nos ayuda a nacer, nos acompaña a diario y está dispuesto a enterrarnos, es el empresario del Carnaval perpetuo que conocemos por televisión pública, en donde el disfraz alcanza la maestría, el disimulo supera la imaginación más fina y lo grotesco sustituye a la inteligencia. Para quienes no nos gusta el Carnaval, al que forzosamente subvenimos con nuestros impuestos, nos sirven estos días para repasar los detalles de los disfraces en que se han embutido nuestros líderes partidistas. Todos ellos con aires de abnegación cuasi heroica, aromas demagógicos y arrogancia representativa quieren hacernos pasar lo que tenemos por un Estado democrático sin que le podamos ver a cada uno de los tres grandes poderes sus patitas bien diferenciadas. Lo demás, como el Referéndum que hoy vive Andalucía, son movimientos generados por el pedaleo para que no se venga abajo la gran bicicleta de la superchería en la que estamos instalados. PROVERBIOS MORALES GIUSSANI prendente, que parte de la tradición filosófica realista paOS de Comunión y Liberación me invitan a una cera entablar un diálogo con la modernidad literaria. Porlebración eucarística en San Jerónimo el Real, preque Don Giussani entendió que la literatura, más que la fisidida por monseñor Rouco, con motivo del segunlosofía, es el idioma errático del deseo que nos constituye, do aniversario de la muerte de su fundador. Agradezco el y así, aunque recurre a Heidegger para ilustrar su concepgesto. Desde mis convicciones judías, les estimo y siento ción de la naturaleza como signo del ser; a Buber, cuando una sincera simpatía por el desaparecido monseñor Giussse refiere a la estructura abierta y dialógica del espíritu ani, una de las personalidades más atractivas del catolicishumano, o a Lévinas, si se trata de profundizar en el enmo contemporáneo y, sin que suponga merma alguna en cuentro con la alteridad, muestra una clara prefesu significación universal, figura verdaderamenrencia por vérselas con los escritores, con Leoparte admirable de la historia europea del siglo XX. di o con Eliot, con Milosz o con Kerouac. FirmeHe hablado de simpatía, que no excluye la admimente anclado en la pretensión cristiana y con ración, porque determinadas circunstancias biouna confianza realmente conmovedora en la ragráficas de monseñor Luigi Giussani me lo hacen zón- -una razón razonable, que integra la tradientrañablemente cercano. Nacido en 1922, perteneción, el sentimiento y la moralidad en la actividad cía a la misma generación que mis padres y mi tío cognitiva- construye, desde un discurso ajeno a cura (que fue, como él, prelado honorario) es dela apologética, un pensamiento riguroso y exigencir, a la de los últimos europeos que, formados en JON te, contrafigura de esas ruinas del asalto a la rauna cultura católica y en una fe hogareña y sólida, JUARISTI zón que hemos dado en llamar posmodernidad. vieron su tradición arrasada por la secularizaEl parentesco entre el pensamiento de Don Giussani y ción compulsiva en una modernidad agonizante. Aunque el de Benedicto XVI no se debe tan sólo al Zeitgeist que marsu niñez transcurrió en una aldea, Don Giussani era hijo có el pontificado de Juan Pablo II, en el que el propio Papa de la Italia industrial: un hombre del norte, del alfoz de Micomenzó a hablar de la modernidad desde claves insólitas lán. Los lombardos son lo más parecido a los vascos que ca (una crítica de la modernidad progresista y totalitaria be encontrar en el viejo continente. Nuestros respectivos desde otra modernidad) sino a la estrecha afinidad intelecpaisajes geográficos son distintos. No así nuestros paisatual y humana entre el teólogo milanés y Joseph Ratzinjes culturales, configurados por la colisión tectónica enger. No creo equivocarme si afirmo que la problemática de tre tradicionalismo localista y modernidad cosmopolita: ambos presenta bastantes similitudes con las de algunos lo que llamaban los futuristas strapaese y stracittà y que autores judíos contemporáneos cuya crítica de la moderaquí traduciríamos por ultracastizo y ultraurbano. Adenidad surgió de la necesidad de pensar el Holocausto. Comás, Don Giussani venía de una familia de artesanos de la mo en el de Don Giussani, el concepto de acontecimiento madera, como lo fue la mía durante muchas generaciones. ocupa un lugar central en el pensamiento de George SteiSu padre, un socialista con inclinación al anarquismo, ner, que ha defendido, en términos muy semejantes a los era tallista y restaurador de muebles, profesión ya casi exde aquél, la fruición de la obra artística como una forma tinguida en la que uno de mis hermanos persiste heroicade acceso a la presencia real del ser y la identidad de vermente. Y comparto, en fin, con monseñor Giussani la expedad y belleza. Tampoco anda muy lejos Alain Finkieriencia impagable de sendas culturas familiares erigidas lkraut, con su lectura judía de Péguy. en torno al amor de la música. Para mis amigos de Comunión y Liberación, Don De la amplia obra escrita de Don Giussani sólo conozco Giussani es, por supuesto, mucho más que un pensador una parte mínima. Suficiente, sin embargo, para apreciar respetable. su grandeza y hondura. Es el suyo un planteamiento sor- E L