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40 ECONOMÍA Tribuna Abierta SÁBADO 17 s 2 s 2007 ABC Eugenio Nasarre Diputado del Partido Popular LA ELIMINACIÓN DEL IMPUESTO SOBRE EL PATRIMONIO ON el margen de maniobra fiscal que les concede el Estado de las Autonomías, algunas comunidades autónomas, gobernadas por el Partido Popular, han suprimido prácticamente el impuesto de sucesiones y donaciones de padres a hijos a partir de este año. Ha sido una decisión valiente, acertada, justa y modernizadora de nuestro sistema tributario. A mí me ha parecido siempre particularmente odioso gravar las transmisiones mortis causa de padres a hijos. No encontraba nada más natural que lo que un padre había ahorrado a lo largo de su vida tuviera como destino a sus hijos. La presencia voraz del Fisco ante el hecho luctuoso, convertido en hecho imponible en la jerga tributaria, se me antojaba una agresión a la realidad más íntima de la familia, que constituye también una comunidad de bienes y, por lo tanto, debe incluir su transmisión de una generación a otra. Y, asimismo, gravar la donación que un padre hace en vida a su hijo me ha parecido algo contrario a la razón y producto de una mentalidad individualista y antifamiliar. ¡El Fisco no te penalizaba si tus ahorros te los gastabas para ti, pero caías en sus garras si pretendías ayudar a tu hijo a formar su hogar! esulta tan justa, tan lógica y tan natural la supresión del impuesto de sucesiones y donaciones de padres a hijos que el movimiento iniciado por casi ya la mitad de las comunidades autónomas va a resultar imparable. Son las comunidades que no han dado ese paso las que tendrán que justificar a sus electorados por qué no lo han hecho. Pero en la línea de modernizar nuestro sistema tributario, con criterios de justicia y eficiencia, ha llegado la hora de dar un paso más: la eliminación del impuesto sobre el patrimonio. Me ha parecido clamorosa la miopía del Gobierno, al no haber tocado una coma de la regulación de este impuesto en su última reforma fiscal. Parece como si el Gobierno estuviera ciego y no fuera capaz de ver lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Porque si algo nadie puede negar es que el impuesto sobre el patrimonio está moribundo en Europa y en el conjunto del mundo occidental. Después de las sucesivas aboliciones del impuesto sobre el patrimonio de Alemania, Ho- Dejo a los especialistas los argumentos sobre los efectos perversos que desde el punto de vista económico provoca este anacrónico impuesto. Basta leer el texto del Senado francés para averiguar por qué el impuesto ha ido cayendo, como las cerezas, en aquellos países que lo establecieron C perversos que desde el punto de vista económico provoca este anacrónico impuesto. Basta leer el texto del Senado francés para averiguar por qué el impuesto ha ido cayendo, como las cerezas, en aquellos países que lo establecieron. En España, por cierto, fue introducido hace treinta años como un impuesto excepcional y transitorio con una misión más de control de los datos de los contribuyentes que con una función recaudatoria. En aquel tiempo el tipo máximo fue fijado en el 2 por 100, cuando los tipos de interés se acercaban al 20 por 100. Pero, a diferencia de lo que ha ocurrido con otras figuras impositivas, el impuesto sobre patrimonio no ha sido puesto al día, teniendo en cuenta las transformaciones de la economía en todo este período, los valores monetarios de los bienes y la evolución de la inflación. La consecuencia de todo ello es que el impuesto sobre el patrimonio penaliza cada vez más el ahorro familiar y está afectando de manera creciente a las clases medias... las que pagan religiosamente sus impuestos. Porque, según cuentan los expertos, el fraude en este impuesto alcanza cotas muy elevadas, lo que le hace doblemente injusto. ué hacer ante la actitud de ceguera y pasividad del Gobierno, que se muestra obstinado, del modo más castizo posible, a mantener este anacrónico impuesto a toda costa? Ante todo, hay que abrir un debate, que traspase los estrictos círculos económicos, en los que las ideas me parece que están cada día más claras, con la finalidad de plantear una modernización de nuestro sistema fiscal con criterios de justicia y eficiencia económica. Pero también las comunidades autónomas, con el margen de maniobra fiscal del que disponen, pueden iniciar pasos en la buena dirección, siguiendo el ejemplo de lo que han hecho con el impuesto de sucesiones y donaciones. Podrían elevar el mínimo exento hasta la cifra, por ejemplo, establecida en la legislación francesa. Bastaría tal decisión para que el 90 por 100 de los actuales declarantes quedasen exentos del pago del impuesto. Las amplias clases medias quedarían liberadas de esta figura tributaria, que es la que de modo más irracional penaliza el ahorro familiar. Así, al menos, aquellas comunidades que tuvieran el acierto de adoptar tal decisión serían menos extravagantes en el contexto fiscal europeo y los beneficios económicos que se derivarían de ello muy pronto se dejarían notar. Porque hoy la eliminación del impuesto sobre patrimonio no significa otra cosa que más dinamismo y mayor prosperidad económica. ¿Q R landa, Austria y Dinamarca en los últimos años, sólo cinco países de los veintisiete que componen la Unión Europea lo mantenían en vigor. Pero en el año que acaba de finalizar Finlandia y Luxemburgo lo han suprimido también. Y Suecia ha anunciado el recorte en este año del tipo máximo del gravamen a la mitad (hasta el 0,75 por 100) como paso previo para su progresiva eliminación. S ólo quedamos Francia y España como únicos países extravagantes, aferrados a esta figura impositiva. Pero en Francia se ha abierto ya el debate para su supresión. La Comisión de Economía del Senado ha aprobado recientemente un informe en el que se señalan los negativos efectos para la economía francesa que supone su mantenimiento, entre otros las deslocalizaciones de patrimonios. Y conviene recordar que en Francia el mínimo exento está fijado en 720.000 euros y el tipo máximo asciende al 1,8 por ciento. Las clases medias francesas no se ven prácticamente afectadas por el impuesto. En España la situación es mucho peor. El mínimo exento está fijado en 108.000 euros, a los que hay que añadir hasta 150.000 euros del valor de la vivienda habitual, es decir en total algo más de 250.000 euros, lo que significa aproximadamente un tercio del mínimo exento en la legislación gala. Y el tipo máximo está fijado en el 2,5 por 100, lo que le convierte en el más elevado del mundo, con una progresividad que supera con mucho la del impuesto sobre la renta. Dejo a los especialistas los argumentos sobre los efectos Hoy, la eliminación del impuesto sobre patrimonio no significa otra cosa que más dinamismo y mayor prosperidad