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32 INTERNACIONAL SÁBADO 17 s 2 s 2007 ABC Rafael L. Bardají Bayrou se consolida como tercer candidato en la primera vuelta en Francia JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. El liderazgo persistente de Nicolas Sarkozy (candidato conservador) la caída de Ségolène Royal (candidata socialista) y el estancamiento de Jean Marie Le Pen (extrema derecha) favorecen la lenta pero segura ascensión de François Bayrou (centro) que todos los sondeos cotizan como posible tercer candidato en la primera vuelta de finales de abril. Los sondeos subrayan la credibilidad decreciente de las promesas crecientes de Ségolène y Sarkozy, cuando un 74 por ciento de los franceses- Le Figaro -aprueban las denuncias de Bayrou contra la demagogia incivil de sus rivales. Durante el último trimestre de 2006, Bayrou se cotizó entre el 6 y el 8 por ciento de las intenciones de voto. Desde finales de enero, se cotiza ya a 12 o 14 de intenciones de voto, sistemáticamente por delante de Le Pen, en la primera vuelta. Sarkozy se mantiene a la cabeza, con un 30 de las intenciones de voto, mientras que Ségolène no ha dejado de caer, lentamente, pero sin cesar, cotizándose en torno al 24 Todavía tiene 10 largos puntos de ventaja sobre el candidato centrista. Sin embargo, todos los analistas insisten en la nueva dinámica de la campaña. ECO- HISTERISMO GLOBAL o deja de ser una llamativa paradoja que el tema estrella de Davos este año, el calentamiento global haya sido tratado bajo una gran tormenta de nieve o que la portavoz demócrata en el Congreso americano, Nancy Pelosi, quiera votar contra las emisiones de carbono en una ciudad paralizada por una ola de frío polar. La reciente publicación del resumen del informe sobre cambio climático del IPCC de la ONU no ha hecho sino alimentar la eco- histeria con muy poca base científica. Ha jugado con la opinión pública atemorizándola con toda una serie de incertidumbres sobre el futuro, aunque no ha presentado datos que sustenten sus tesis. Y precisamente es con datos con lo que la ciencia despeja las incógnitas y las incertidumbres. Cierto, las emisiones de dióxido de carbono se han incrementado significativamente en los últimos cincuenta años. Pero es que la actividad humana- -y con ella la riqueza- -ha crecido exponencialmente en el mismo periodo. Con todo, el aumento de la temperatura media ha sido de medio grado en los últimos treinta años. Esto es, bastante menos de una décima de grado al año. Cambio despreciable en relación al aumento del bienestar alcanzado. Pero lo peor es que del pasado se pasa a hablar de un futuro para el que no hay dato alguno todavía, pero del que se dice saber ya todo. Y la realidad es que los modelos que se utilizan para predecir el cambio climático no cuentan con los elementos científicos suficientes para resultar creíbles. Es posible que el tiempo se esté volviendo loco, pero nada parece indicar que reduciendo nuestro nivel de vida, cargando los costes de la actividad industrial o encareciendo el consumo vaya a detenerse algo que, de ser verdad, puede depender de otras muchas fuerzas. Sólo un puñado de científicos ideologizados puede pensar en prohibir fumar a la vez que legalizar el consumo del hachís. Los del IPCC agitan sus fantasmas porque no pueden aceptar la realidad: que sobre el futuro no tienen ni idea. N Vladímir Putin (izquierda) con Sergei Ivanov, ex ministro de Defensa y posible sucesor AFP Ivanov, un duro de buenas maneras para suceder a Putin Habla un inglés perfecto, sirvió como espía y tiene la misma visión que su jefe del papel que debe jugar Rusia en el mundo RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. El hombre que parece tener más posibilidades de sustituir a Vladímir Putin en marzo de 2008 es Serguéi Borísovich Ivanov y acaba de cumplir 54 años. Hasta el jueves, ocupó la cartera de Defensa. Ahora es el primer viceprimer ministro, encargado de coordinar el funcionamiento del Complejo Militar Industrial, el sector aeronáutico y algunas otras áreas de la economía. Tiene buena presencia, mayor estatura que Putin y que su rival, el también primer viceprimer ministro, Dmitri Medvédev, luce abundante cabellera, es buen orador y vocaliza con detenimiento cada palabra que pronuncia para que todo el mundo le entienda. Si a Medvédev se le puede considerar un liberal, con las reservas que tal término suscita en Rusia, Ivanov es un conservador declarado. Pero moderno e innovador. Una de sus tareas en su nuevo puesto es la de potenciar tecnologías de vanguardia. Cuenta con el apoyo de la cúpula militar, los cuerpos de seguridad, la industria armamentística y el sector duro del Ejecutivo. Como el presidente ruso, inició su carrera en el KGB, pero a diferencia de éste, que llegó a coronel, Ivanov alcanzó el rango de general. A comienzos de los 80, pasó a las filas del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) y trabajó en África y Europa. Su inglés de filólogo lo aprendió en la Universidad de San Petersburgo, de donde es natural, como Putin, y lo pulió durante su estancia en el Reino Unido. De allí fue expulsado en 1983 por espionaje. Sus modales educados los adquirió precisamente viviendo entre los ingleses. Poco después de la desintegración de la URSS se convirtió en el general más joven del SVR. Putin, su viejo compañero, le arrastró en su ascensión hacia el poder. Tras ser nombrado director del Servicio Federal de Seguridad (FSB, el KGB) en agosto de 1998, Putin puso a Ivanov a su vera y, siendo ya primer ministro, lo nombró secretario del Consejo de Seguridad. Ivanov, por tanto, contribuyó a posibilitar las victorias cosechadas por el Ejército ruso contra la guerrilla separatista chechena, pero también quedó vinculado a las atrocidades cometidas entre los civiles. En marzo de 2001, el jefe del Kremlin puso a Ivanov al frente del Ministerio de Defensa. Según el diputado liberal, Vladímir Rizhkov, tenía tres objetivos por delante: concretar la doctrina militar y determinar los posibles enemigos de Rusia, definir en función de ello, las reformas que necesitaban las Fuerzas Armadas y el número de soldados y, finalmente, poner orden en las finanzas castrenses Según Rizhkov, ninguno de esos tres objetivos se ha alcanzado totalmente Por su parte, el general Leonid Ivashov, vicepresidente de la Academia de problemas geopolíticos, cree que Ivanov ha desestabilizado a los militares Lo que sí es cierto es que los casos, cada vez más frecuentes, de brutalidad en los cuarteles, accidentes de submarinos nucleares y fallos en los ensayos de misiles estaban empezando a empañar la imagen de Ivanov como presidenciable. Putin le ha puesto a salvo nombrándole número dos del Gobierno, como Medvédev. Aparentemente, Ivanov y Medvédev se encuentran ahora al mismo nivel en la carrera por la sucesión, pero a juicio de Andréi Vavra, uno de los analistas de la agencia Ria- Nóvosti, Putin e Ivanov están más cerca, comparten el mismo punto de vista sobre cómo debe desarrollarse Rusia y cuál debe ser su papel en el mundo. Con Ivanov, la continuidad de la política de Putin estaría garantizada Eso no quiere decir que el zar ruso no opte al final por otro sucesor. Le Pen y Ségolène, perdedores Compañero de armas El eventual sucesor del presidente ruso está considerado como un conservador declarado, moderno e innovador Bayrou se beneficia de los decepcionados de Ségolène (la izquierda reformista, la izquierda católica) y de una parte del electorado centrista conservador, que contempla con cierta reserva el lenguaje viril de Nicolás Sarkozy. A juicio de los institutos de opinión, los dos perdedores de la campaña en curso son, por ahora, Le Pen y Ségolène. Recentrándose y huyendo parcialmente de sus viejos demonios extremistas, Le Pen se hace más respetable pero pierde electores, por ahora. Por su parte, la candidata socialista que comenzó siendo la gran favorita ha precipitado una consternación profunda entre los electores de izquierda. Vencedores por ahora Sarkozy y Bayrou todavía tienen que salvar muchos obstáculos. El candidato centrista aún tiene que ganar 10 largos puntos para poder aspirar a pasar a la segunda vuelta. El flanco débil del candidato conservador es, paradójicamente, su campaña victoriosa, convirtiéndolo en el blanco todas las rivalidades a flor de piel.