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10 ESPAÑA www. abc. es SÁBADO 17- -2- -2007 ABC LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M LA DECLARACIÓN DE ZOUGAM Zougam reconoce que las tarjetas de los móviles de las bombas eran de su tienda El marroquí, autor material de los atentados, manipulaba teléfonos en su negocio s Elude preguntas que le acorralaban N. COLLI D. MARTÍNEZ MADRID. Jamal Zougam fue el primer autor material de la matanza que compareció ante el Tribunal que juzga el 11- M y el primero en contestar no sólo a su defensor, sino también a la fiscal y a las acusaciones. También fue el primer detenido por la Policía tras los atentados. Su declaración avaló al cien por cien las investigaciones sobre la vía islamista por cuanto este acusado reconoció que ocho tarjetas utilizadas en otros tantos móviles que los terroristas colocaron como temporizadores en las mochilasbomba salieron del locutorio Jawal Mundo Telecom que él regentaba en Lavapiés. Además, admitió que aunque sus estudios son básicos y sus conocimientos en electrónica pocos, sabe manipular teléfonos móviles por necesidades de su trabajo. No obstante, precisó que en su establecimiento había técnicos especialistas en la materia. Eran las dos menos cuarto de la tarde cuando el presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez, pronunció su nombre para dar comienzo a su interrogatorio. Jamal Zougam, que estaba distraído y pensaba que ese momento no llegaría hasta el lunes, levantó la cabeza visiblemente sorprendido, intercambió miradas con los procesados que tenía más cerca, sonrió con cierto nerviosismo y se levantó para salir de la pecera blindada y colocarse frente a los magistrados. Hasta su abogado apuntó tímidamente que Jamal pensaba que hoy no iba a declarar... En perfecto castellano, uno de los presuntos autores materiales de la matanza comenzó a responder a las preguntas de la fiscal, que pide para él 38.654 años de prisión. Relató que vive con su familia en España desde 1989 y que, como inmigrante, desde entonces trabajó en lo que pudo- -construcción, hostelería... -hasta que montó su propio negocio con su hermano: primero una tienda de alimentación y después los locutorios, uno en Lavapiés y otro en Cuatro Caminos. Zougam negó una y otra vez su implicación en los atentados e incluso intentó desbaratar los testimonios de cuatro personas que dijeron haberle visto en los trenes de Santa Eugenia y El Pozo aquella terrible mañana. El acusado se centró en la declaración de una persona que indicó haber visto cómo dejaba una mochila en la planta baja de un vagón. En opinión de Zougam, esta acusación es falsa porque en el sumario- -presumió varias veces de haberlo leído- -se especifica que la bomba estalló en la planta de arriba. Con esta declaración, Jamal Zougam pretendió desacreditar una de las principales pruebas que le incriminan. Lo mismo que hizo con su ubicación en otros escenarios del 11- M, como es el caso de la finca de Morata de Tajuña: Nunca he oído las palabras Chinchón y Morata hasta mi detención La fiscal le preguntó sobre estas dos localidades madrileñas porque en su término no sólo se halla la infravivienda alquilada por los terroristas para preparar los artefactos, sino también los repetidores telefónicos que captaron las señales de las tarjetas SIM vendidas en su tienda y colocadas en los móviles para activar la carga explosiva. La ironía del acusado El presunto terrorista también niega en su declaración toda relación con el 11- M Intentó desbaratar los testimonios de cuatro personas que aseguran haberle visto en un tren La fiscal Olga Sánchez le recordó que la investigación policial había acreditado que siete de las tarjetas empleadas el 11- M salieron del locutorio de Lavapiés, así como la que se recuperó en la mochila de la estación de El Pozo que no llegó a estallar. Zougam admitió, no sin cierta ironía, que conocía este extremo porque fue esa tarjeta intacta la que le costó la detención el 13 de marzo de 2004 y la que rompió mi presunción de inocencia En sus respuestas a los abogados de las acusaciones, Jamal Zougam se mostró más cortante que con la fiscal e incluso se negó a contestar a varias de las preguntas, especialmente si se veía acorralado En esa Jamal Zougam, en la sala de vistas del 11- M parte de los interrogatorios, Zougam parecía seguir las indicaciones que su abogado tuvo oportunidad de darle cuando, después del turno de la representante del Ministerio Público, el defensor pidió al Tribunal que le dejara comunicarse con su cliente en privado unos minutos. Zougam reconoció que en la tienda no llevaban control ni registro alguno de la venta de las tarjetas SIM y que, como confirmó la investigación, las adquirieron en un lote de cien a la distribuidora india Sindhu Enterprises Pero no fue él en persona quien las compró, sino su socio Mohamed Bekkali (también detenido aunque no procesado) a quien atribu- Germán Yanke ¿DE QUÉ RÍE ZOUGAM? L os interrogatorios son tediosos. Unos se niegan a responder a la fiscal y a las acusaciones y sólo sueltan su retahíla previamente preparada pos sus abogados. El otro, Jamal Zougam, acusado como autor material, lo niega todo. Unos no estaban en España, no conocen a nadie, no han hablado con nadie, son musulmanes normales y condenan los atentados. El otro estaba durmiendo y, por no saber, no sabe bien ni cómo se enteró del atentado ni de si eludió o no el tráfico imposible de aquella jornada. Zougam, además, se ríe. No parece nerviosismo, sino ese mecanismo un tanto chulesco para tratar de hacer ver que algunas preguntas son contra- dictorias, o que no van con él, que dormía hasta la diez de la mañana, como todo trabajador de un locutorio. Se trata de un trabajador con habilidades peculiares: mira las tripas de un móvil y sabe si se puede arreglar aunque no tenga ni idea de cómo. Pero la risa, inoportuna, es para quitarse de en medio, que es lo que todos los interrogados hasta ahora han intentado con la impostura propia de la mayoría de los acusados en los juicios. Es el tiempo del Derecho, como dijo el juez Gómez Bermúdez al comienzo de la vista. Y, ya se sabe, el tiempo del Dere- cho es el de los procedimientos. Fuera de la sala no son obligatorios y ya hay quien nada más empezar se pregunta si El Egipcio tan pausado y modoso el primer día, es un peligroso líder islamista. Acabáramos. Va a resultar que a este hombre le condenaron en Italia por reclutar terroristas para la guerra santa con el objetivo de enmarañar las cosas y que no nos preguntáramos qué tiene que ver ETA en el atentado. Fuera de la sala vamos a escuchar cosas más que sorprendentes. Hasta quizá algunas expliquen la risa de Zougam.