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ABC VIERNES 16 s 2 s 2007 VIERNES deESTRENO 87 Antonio Banderas y Jennifer López, periodistas en Ciudad Juá... Juárez El cubano Fernando Pérez presentó Madrigal película medio española que pudo verse en la sección Panorama E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL BERLÍN. La de ayer podría servir como jornada tipo de un Festival de Cine, de ésas que ofrecen de todo: pelicula aburrida y mala, película mala pero no aburrida, película soporífera y vaya usted a saber, directores de prestigio, estrellas de Hollywood, el gran homenaje a Arthur Penn... Cine, lo que se dice cine, no sobró, pero de todo lo demás, especialmente aburrimiento, hubo para darse un buen hartazón. Cualquier día de estos pondrán en la sección competitiva alguna película que merezca la pena; esperemos, al menos, que sea antes de que den los premios. Por haber, ayer hubo hasta película española, o casi, la que firma el cubano Fernando Pérez titulada Madrigal y que es evanescente y ambigua como extraída de las entrelíneas de un cuento de Cortázar, pero leído al revés por Borges. Película rara, apasionada y tórrida donde se cuentan fantasías confundidas con la realidad... Con el cine de Cuba pasa que uno nunca sabe si detrás de lo que se dice, o parece que se dice, hay alguna otra cosa realmente importante y que se le ha camuflado al olfato y al colmillo de la fiera. La película oficial del día era Bordertown Ciudad del silencio de Gregory Nava, protagonizada por Jennifer López y Antonio Banderas, y que fue acogida con una cierta y comprensible desidia a pesar del impresionante asunto que trata: los asesinatos de mujeres en Juárez. Nava desaprovecha sus mejores cartas para contar esa historia, y desde luego esas cartas no son, precisamente, sus protagonistas, que interpretan el papel de reporteros curtidos con pasado delirante y son tan creíbles en ellos, les pegan tanto, como a Otegui un ministerio. Los ambientes nocturnos y sórdidos de la infernal Ciudad Juárez, el barullo y el olor a miseria y a peligro es lo mejor de la película. En todo caso, Ciudad del silencio entre unas cosas y otras, bien por el tema, bien por los propósitos, bien por los despropósitos, al menos mantenía bien despierto y entretenido al personal. Lo cual, para una jornada como la de ayer, que empezó con una película china de Zhang Lu y terminó con una francesa de Jacques Rivette, vino a ser casi una juerga flamenca. Según marca la Berlinale, este año se lleva el páramo mongol en la cinematografía china, y ayer pusieron la segunda película de allí, y allí, en pleno páramo. Se titulaba algo así como Sueño en el desierto y eran dos horas alrededor de un chamizo en medio de la nada en el que vive un hombre dedicado a plantar arbolillos en el páramo, para preservarlo. O sea, gran sueño en el páramo, o en el desierto, y gran sueño en la butaca, tras comprobar que la gran escena a la que se iba a asistir era a la habitual recogida de boñigas de vaca por uno de los personajes. En cuanto al diálogo, es tan escaso y tan afinadamente plano que se puede seguir sin problemas en su mecla original de chino y coreano. Pero nadie compite con un francés en ese terreno del tedio, y ayer había en la competición un veterano campeón, Jacques Rivette, que presentaba su visión de una novela de Balzac, La duquesa de Langeais con el título muy adecuado por cierto de Ne touchez pas la hache y que narra (Balzac, no Rivette) la mezcla de amor, pasión y rencor entre la duquesa y el general de Montriveau. La película es soporífera, tramada en interiores enclaustrados y escayolados, de escenas encadenadas y diálogos que se repiten como las situaciones durante la primera hora y media. Todo el trabajo es para la pareja protagonista, Jeanne Balibar y Guillaume Depardieu, que se lo gastan todo en memoria para descargar sus parrafadas. Para días así, que no se saltan de cualquier modo, el festival debería proporcionarnos una pértiga, o una caperuza. Balzac, a plomo Arthur Penn, Oso de Oro honorífico en la Berlinale AP Protagonistas fuera de lugar Arthur Penn: Las películas grandes son malas películas GUILLEM SANS MORA SERVICIO ESPECIAL BERLÍN. Arhur Penn, tres veces candidato al Oscar sin conseguirlo, fue distinguido anoche en Berlín con el Oso de Oro honorífico por toda una vida dedicada al cine. El director de Pequeño gran hombre (1970) y Duelo en Missouri (1976) tiene 84 años y llega a tiempo para recoger el máximo honor de la Berlinale: Si llegan a esperar un poco más, tienen que sacarme en ataúd ironizó en rueda de prensa antes de recibir el premio de manos del presidente del jurado, Paul Schrader. Penn exageraba un poco, porque no tenía aspecto de ir a morirse de un momento a otro. Además, esta Berlinale está demostrando que Hollywood, al menos en algunos casos, es garantía de sana longevidad: Lauren Bacall tiene exactamente la misma edad que Penn y luce un maravilloso escote en la película de Schrader, que se proyectó anteayer fuera de concurso, The Walker De todos modos, Bacall es el Hollywood de los años cuarenta, mientras que Penn nunca se sintió cómodo del todo en los grandes estudios, a pesar de que dirigió a Marlon Brando, Paul Newman y Dustin Hoffman. Las películas grandes son malas películas dijo en referencia a productos recientes de Hollywood como Misión imposible mientras que son más bien las pequeñas películas las que tienen una posibilidad de convertirse en buenas películas El premio llega cuando Bonnie Clyde su mayor éxito, cumple 40 años. La juventud inquieta de los años sesenta reconoció en los criminales encarnados por Warren Beatty y Faye Dunaway a una pareja de rebeldes enfrentada a los valores de una sociedad sacudida por la guerra de Vietnam y altercados racistas. Cine, lo que se dice cine, no sobró, pero de todo lo demás, sobre todo aburrimiento, hubo para darse un buen hartazón Antonio Banderas y Jennifer López fueron las estrellas de la jornada con la presentación de Ciudad del silencio AP