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92 GENTE JUEVES 15 s 2 s 2007 ABC Vísteme despacio que tengo prisa ROSA BELMONTE MADRID. Antes de un desfile las puertas de los diseñadores están llenas de jovencitas sentadas en el suelo. Parece que estuvieran haciendo cola para ponerse pegadas a la valla en el concierto de Shakira. Son las vestidoras que ayudan a ponerse los modelos a las maniquíes, estudiantes de diseño que se chupan una semana de clase en Pasarela Cibeles. Son como las camareras de los santos pero más veloces. Si fueran ajedrez serían partidas rápidas. A la hora zulú indicada, a un aviso, todas se levantan y se meten en el vestuario, en este caso en el de Lydia Delgado, que entra y sale del mismo unas veinte veces antes de irse a la boca de la pasarela. Para allá va también un batallón de peluqueros y maquilladores, instrumentos al cinto, a dar el último toque. Peluqueros y maquilladores que son como una tribu alternativa. El que no lleva crestas lleva rastas. Las modelos van saliendo como un goteo. Es como ver salir la procesión de la iglesia. Por la puerta de enfrente aparece Kina Fernández y se pone a hablar por teléfono. Va de negro, como de negro va Antonio Alvarado a quien se ve al final del pasillo. Como de negro va Lydia Delgado. Como de negro va Espido Freire (también lleva una pluma verde en el pelo) que ha pasado por la puerta del vestuario de camino a su asiento. A las seis y cuarto empieza la música. Empieza el desfile. A los pocos minutos comienzan las carreras. Casi todas vuelven al trote (menos mal que en la exquisita colección de Lydia Delgado los zapatos son bajos) Una llega quitándose el cuello de su vestido de colegiala, otra desabrochándose, las más quitándose el sombrero, como si fueran Las Bosto- Del Pozo utiliza ricos tejidos, pliegues y los colores de la naturaleza para ceñir las siluetas Talles altos y faldas a la rodilla, propuesta de Amaya Arzuaga El rojo pasión encendió la colección de Victorio Lucchino nianas de Henry James al llegar a sus casas. Cambio veloz y vuelta a salir. Última mirada en los espejos del pasillo. Clic, clic. Alguna hasta tiene tiempo y ganas para irse hacia la pasarela haciendo pasos de ballet para los pocos tres fotógrafos que esperan a portagayola. Otras no tienen tiempo ni de terminar de arreglarse. Detrás de una sale Leticia, la vestidora, intentando anudarle el lazo de la cintura. Hacerlo corriendo tiene su mérito. Detrás de otra, sale Beatriz, también vestidora, subiendo la cremallera de un vestido. Cuando hay que salir hay que salir, se esté lista del todo o no. Todavía queda el pasillo hasta la pasarela. Siguen corriendo al volver. Una se sujeta púdicamente el pecho en la carrera de regreso. Y cada vez posan más, cada vez hacen más monerías. Si fuera (en la pasarela) sólo se les escapa una sonrisa al final, antes de dar la vuelta, cuando los fotógrafos les silban, dentro (en la puerta del vestuario) se enrollan y dan saltos que saben hacen una buena instantánea, una imagen congelada de final de película. Se oyen aplausos de lejos. Y cada vez más cerca. Las modelos vuelven aplaudiendo. Regresa también el batallón de estilistas. Es como el vídeo de Thriller pero de peluqueros. Lydia Delgado presentó una colección muy delicada