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74 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 12 s 2 s 2007 ABC CLÁSICA ZARZUELA TOROS XV Liceo de Cámara Obras de F. J. Haydn, W. Rihm, L. Beethoven. Int. C. Alban Berg. Auditorio Nac. de Música. Madrid En los límites de la música ANDRÉS IBÁÑEZ El Cuarteto en Do mayor Op. 33 n 3 de Haydn nos confirma lo que ya sospechábamos: que Haydn escribe en la medida exacta del hombre, equidistante de los ángeles y de los diablos. El Alban Berg nos entrega un Haydn orquestal, con una compenetración absoluta con el lenguaje del creador del género, aunque no será éste el mejor Haydn de la noche, sino el Adagio que tocarán en la propina, lleno de un lirismo y una calidez capaces de desarmar al más pintado. Grave, de Rihm, es una obra escrita in memoriam Thomas Kakuska, el viola del Alban Berg durante tantos años. Incluso los admiradores de Rihm convendrán en que se trata de una obra menor, con momentos de gran belleza y emotividad puntuados por efectos sonoros que forman un tapiz lleno de huecos y cuya continuidad no acaba de lograrse. Kakuska ya no está en el Alban Berg pero sí su viola, su instrumento, ahora en las manos de la gran Isabel Charisius, su discípula predilecta. Lo que suena verdaderamente a música contemporánea, casi escandalosa en su atrevimiento, es la Grosse Fugue de Beethoven, que el cuarteto toca como finale del cuarteto op. 130. Tras una Cavatina sublime, de las más hermosas y conmovedoras que he escuchado nunca, los cuatro virtuosos se lanzan a una lectura apasionada, delirante, surrealista, gigantesca, metafísca, de la Gran Fuga, una aventura sonora en los límites de la tonalidad, en los límites de la percepción, en los límites casi de la música. Gigantescos. El Barbero de Sevilla de M. Nieto y G. Giménez y Bohemios de A. Vives. Int. R. Rosique, M. Moncloa, M. Martín, A. Monserrat, C. González, E, Ruiz del Portal. C. del Teatro de la Zarzuela. Orq. de la Comunidad de Madrid. Dir. de escena: J. M. Mestres. Dir. mus. A. Fauró (coro) M. Roa. Teatro de la Zarzuela. Madrid El barbero de Sevilla Bohemios Indulto de risa en Valdemorillo FERIA DE SAN BLAS Plaza de Valdemorillo. Domingo, 11 de febrero de 2007. Última corrida. Tres cuartos de entrada. Toros de Pablo Mayoral, desiguales; destacaron el 4 indultado, el 2 y, en menor medida, el 3 Domingo López Chaves, de grana y oro. Tres pinchazos y cinco descabellos (silencio) En el cuarto, dos orejas y rabo simbólicos. Julio Pedro Saavedra, de rioja y oro. Estocada corta baja (pitos) En el quinto, estocada trasera y seis descabellos (pitos) Fernando Cruz, de grana y oro. Pinchazo hondo, pinchazo y estocada (vuelta al ruedo) En el sexto, estocada corta tendida (ovación de despedida) Amor y libertad A. IBÁÑEZ Noche de estreno en el Teatro de la Zarzuela. Todo el que era alguien estaba allí, empezando por el alcalde y siguiendo por una larga lista de compositores, actores, escritores y otras gentes tradicionalmente consideradas de mal vivir. El barbero de Sevilla y Bohemios son dos zarzuelas breves unidas por el tema del teatro dentro del teatro (o, más bien, de la ópera dentro de la zarzuela) lo cual permite al director de escena, Josep Maria Mestres, la realización de mágicos juegos de realidad ficción, como el final de El barbero cuando el fondo de la escena se convierte en el telón que se abre a la sala de otro teatro del mundo de allá, o el final de Bohemios cuando Girard, el mecenas imaginario, magníficamente interpretado por el actor Pedro Miguel Martínez, físico perfecto, humor perfecto, melancolía perfecta, convierte toda la sala en la Ópera Cómica de París, y a nosotros, el público, en criaturas de su fantasía. El barbero de Sevilla en el Teatro de la Zarzuela Ruth Rosique canta una preciosa Elena en El barbero con un timbre hechizante y una dicción perfecta en un papel que es un sueño para una soprano y que encuentra en el cálido timbre de Marco Moncloa un contrapunto ideal, y Carmen González (las dos alternan ambos papeles) una Cossette intensa y sentida, quizá con un exceso de vibrato. Esta noche pudimos disfrutar también de la voz de Albert Monserrat haciendo de Roberto, el compositor pobre, que pone la belleza lírica de su voz al servicio de una de las partes más hermosas de todo el género. Vibrante, también, la escena del EFE coro de los bohemios, con un juvenil y triunfante Javier Galán singularizando el canto a la libertad y al amor. En el debe, quizá, una dirección de actores algo esquemática, y ese problema de que los secundarios no sean en ocasiones buenos cantantes, o no sean cantantes en absoluto. Pero las pequeñas reticencias (una extraña escena con plumas de marabú y doncellas transformistas que parece llevarnos al mundo del Paralelo más que al del arte lírico, por ejemplo) apenas oscurecen el brillo de una velada de buen teatro, llena de humor y bellísima música. Vayan a verlas. FLAMENCO Los grandes Compañía de Antonio Canales. sBaile: A. Canales, M. Bajo, P. Galván, N. Paños y A. Guitarra: J. del Rosario y Iván Losada. sCante: D. Gallo, A. Rubio, M. Chicuela y M. Fernández. L. Losada y F. de Favier. sDirección artística: Antonio Canales. sDirección musical: Juan Parrilla y Jesús del Rosario. sIdea y guión: Lucho Ferruzzo sLugar: Teatro Gran Vía. Madrid Cuando suena bien la flauta MANUEL RÍOS RUIZ Para la reaparición ante el público madrileño de Antonio Canales, Lucho Ferruzzo ha ideado un sencillo guión de musical flamenco, una forma de re- presentación del género que siempre corre ciertos riesgos. Y una vez afrontado el reto, la puesta en escena necesitaba de alguien que lo asumiera con talento. Así ha sido gracias a Juan Parrilla, ese flautista gitano de dinastía jonda, biznieto del cantaor Juanichi El Manijero, nieto del polifacético Tío Parrilla e hijo del tocaor Juan Parrilla. Toda una ralea artística jerezana. De ahí que la flauta de Juan Parrilla suene tan flamenca en todos los estilos y se convierta en guía y acento del amplio elenco de músicos en Los grandes título un tanto caprichoso del espectáculo. Un espectáculo en el que Antonio Canales administra su presencia, bailando por bulerías, una letra por siguiriya y unos minutos por tangos, el fin de fiesta y pare usted de contar. Lo suficiente para enardecer a su público, pues en estos lares cuenta con una buena canti- dad de seguidores. Naturalmente, el bailaor sevillano puso todo su afán en complacerlos, con su baile basado en el zapateado casi continuo, con el aditamento de su gestualidad encorajinada y ese braceo hierático que le caracteriza. O sea, poniendo de relieve su personalismo artístico a rajatabla. Le aclamaron como de costumbre. El musical de Lucho Ferruzzo, aparte de lo bien que sonó la flauta, ofreció junto a los bailes de Canales, los de Mayte Bajo, en una rondeña airosamente danzada; un largo zapateado de Nani Paños; una original farruca de Amador; y unas alegrías enjundiosas de Pastora Galván, con bata de cola. Posiblemente estas actuaciones de jóvenes artistas sean lo más positivo de la función. La manera de fomentar las posibilidades de una nueva generación flamenca. Gracias por ello, Antonio Canales. ROSARIO PÉREZ VALDEMORILLO (MADRID) La recién estrenada cubierta de Valdemorillo quedó ayer a la altura del betún. Presidente, toreroy tres ¿aficionados? seinventaron un toro ideal que no existió. Vale que ese cuarto ejemplar de la dispareja corrida de Pablo Mayoral resultó bueno y bravo, pero a la quinta serie no quería pelea ya. Y para ganar el perdón se exige la lucha hasta el final. Los tendidos montaron en cólera cuando asomó el pañuelo naranja y López Chaves, contagiado por la fiebre de indultitis populachera simuló la suerte suprema. El usía le otorgó dos orejas y rabo simbólicos, pero el salmantino tuvo el detalle de no pasearlos en la vuelta al ruedo. Antes había cuajado una meritoria faena que contuvotandas notables hasta que el animal se apagó y dijo que nones. De ahí el enfado del personal cuando la presidencia concedió el indulto, gloria máximade la Fiesta reservada a los toros bravos que van a más. Con el anterior, de mayores complicaciones, no se centró del todo. Antes de ese episodio de risa, uno se entretuvo en hacer el toreo: Fernando Cruz, quien expuso un valor sereno y mando en sus muñecas desde el quite por chicuelinas con el que se presentó en el ruedo. Arrancó su primera faena con dobladas y se fue a los medios. Ofreció distancia, plantó la muleta por delante, dio el toque preciso y aguantó la llegada del toro, potable en dos rondas a derechas- -la segunda enjaezada con un cambio de mano extraordinario- -para después medirlo más. Como no mató a la primera, se esfumó un posible trofeo, pero dio una vuelta al ruedo de ley. Con el sexto, que cantó su mansedumbre y su feo estilo, se mostró muy firme. Saavedra, sin fondo ni formas, anduvo dubitativo con el buen segundo e impotente frente al quinto- -que tampoco se comía a nadie- -ante el enojo del paisanaje.