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70 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 12- -2- -2007 ABC Clint Eastwood, ayer durante la rueda de prensa en la Berlinale REUTERS 57 Festival de Cine de Berlín Cartas desde Iwo Jima otros ojos, otros ideales, otra bandera Eastwood completa con esta impresionante película su ancha mirada a la guerra, a las trincheras y al alma de sus ocupantes E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL BERLÍN. Un festival de cine bien programado suele ser muy exigente con sus invitados y les pide concentración y dispersión al tiempo. Concentrados en la película y dispersados por los diversos asuntos y lugares del programa. Ayer, hubo que estar en Iwo Jima, en la trinchera de enfrente; en Suráfrica, en la celda de Nelson Mandela, y en el interior de un noviciado veneciano, en compañía de frailes y religiosos. Y no vale confundirse: en Iwo Jima con novicios, en Suráfrica con japoneses y en un monasterio con Mandela. Cartas desde Iwo Jima de Clint Eastwood; Goodbye Bafana de Bille August, y In memoria di me de Saverio Constanzo, era la oferta del día. Aunque sólo lo de Clint Eastwood hubiera sido suficiente, y aún demasiado. Como ya sabe todo el mundo, a los americanos, o al menos a los de la Academia del Cine de Hollywood, les ha gustado más Cartas desde Iwo Jima que Banderas de nuestros padres o sea, prefieren la versión japonesa de aquel crucial desembarco y cruenta batalla, y por eso la han elegido entre las candidatas al próximo Oscar. Es fácil adivinar algunos de los porqués: porque en Cartas desde Iwo Jima hay sentimientos, digamos, positivos o grandes, como el valor, el honor, el sacrificio, la dignidad, el sentido del deber... en fin, justo casi todo lo contrario que se debatía en su visión americana más cínica y a la captura de la hipocresía, la mentira, los intereses bastardos, la ganga de materiales con los que se construyen los héroes y sus hazañas, la preeminencia de la representación, o sea, la foto, sobre la realidad... Y el segundo porqué, y a la altura del primero, es porque no hay en Banderas... ningún personaje como los buenos personajes de Cartas desde Iwo Jima y en especial el del general que interpreta Ken Watanabe, prodigiosamente escrito y a la altura de los mejores de cualquier tiempo y lugar. De modo prodigioso, Eastwood aparenta haber reproducido la batalla en su propia filmografía (película americana contra película japonesa) aunque aquí parece que el vencedor será otro. Si se mira bien, en cambio, ambas películas se complementan, perfeccionan y consuman: cada una es el contraplano de la otra, tanto físico como moral. Cartas desde Iwo Jima es aquello visto desde la otra trinchera y desde el otro espíritu, y hasta tal punto que parece ocurrir otra batalla, incluso otra guerra y en otro lugar. Es más bélica, pues la cámara nunca abandona el campo de batalla, pero también más trágica que dramática, pues la vemos en plano corto, con la cámara pegada a los personajes y sin alardes. De principio a fin, Cartas desde Iwo Jima es un rosario de dilemas, no sólo morales sino también tácticos y estratégicos, y Clint Eastwood suele resolverlos al menos en media docena de ocasiones con escenas sublimes; o sea, inolvidables, de ésas que los cinéfilos mastican, relatan y hasta mejoran al írselas narrando de generación en generación. Cartas desde Iwo Jima es una película muy grande, pero creo que buena parte de su grandeza proviene de ha-