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44 MADRID LUNES 12 s 2 s 2007 ABC AL DÍA Luis Prados de la Plaza MOVER FICHA UANDO algo se discute más de la cuenta, sin dar señales de una posible solución a corto plazo, sale un portavoz oficioso y hace una declaración insulsa, sin entrar en cuestiones de fondo, claro. Dejar constancia de seguir la jugada de las obligaciones que no se cumplen (o se cumplen mal, que es peor) para disimular malas conciencias. El reto final más repetido de los últimos tiempos consiste en una frase: ahora son ellos los que tienen que mover ficha Lo de final es ficticio, porque lo mismo produce un cruce de insultos o cualquiera otra falacia demagógica, que se guarda en un cajón con siete llaves, hasta que vuelva la necesidad de provocar de nuevo. Los tiempos muertos se usan como ofertas de pasar página aunque se rompan cuando alguien decide despistar con el recurso de la actualidad amañada... Todo parece destinado a la estrategia de mover ficha, venga o no venga a cuento, lo cual equivale al abuso de la caja de los tópicos: la pelota está en el tejado las espadas están en alto y ahora le hemos pasado el turno con un órdago: ¡que muevan ficha! La vida política (y, lo peor, que también las gestiones) están expuestas en un inmenso tablero de fichas descolocadas que reciben un traqueteo de mal estilo y nula obediencia a las reglas del juego. Llevada la teoría de tan insanas costumbres al escenario práctico de las calles y barrios de Madrid, los pitufos de amarillo y gorra de cuadros mueven ficha a ritmo de twist, con multas de quinientos euros por el mismo delito que en otras lugares se resuelven con la vista gorda La patronal que maneja la carga y descarga ya había movido sus fichas antes, y parecen dispuestos a mover Roma con Santiago, si llegara el caso. Otras minorías menos influyentes le llaman mover ficha a romper los parquímetros. Pero entre bolardo y bolardo, esa protección a la industria (que no guarda el mismo tratamiento con el automóvil y que ataca al sector vitivinícola, cerveza incluida) la movilidad responde moviendo montones de fichas: cuatro por treinta, ciento veinte, y me llevo doce C Dos vecinos discuten acaloradamente anoche, antes de la representación de la obra en el teatro Buero Vallejo de Alcorcón JULIAN DE DOMINGO Un amplio despliegue policial trata de impedir la cacerolada contra la obra de Rubianes en Alcorcón Los agentes identificaron a todos los vecinos que protestaban s Lanzaron duras críticas al alcalde socialista JOSÉ MARÍA CAMARERO MADRID. Una amplia presencia policial para evitar incidentes ante la representación de la obra teatral del actor Pepe Rubianes Lorca eran todos en Alcorcón. Los responsables de seguridad se curaron en salud, ante la experiencia de anteriores fines de semana en los que las revueltas callejeras tomaron la localidad. Pero esta vez, la concentración era pacífica: la protagonizada por medio centenar de vecinos de Alcorcón, que acudieron a las puertas del teatro Buero Vallejo de la localidad. Se trata de la tercera concentración espontánea y consecutiva que se produce en el sur de la región, tras las de Pinto y Getafe. El esquema, el mismo que en estas dos últimas ciudades: vecinos indignados con el alcalde de su localidad, en este caso el socialista Enrique Cascallana, por permitir y subvencionar la representación de la obra de Rubianes en el teatro municipal, después de que el actor repudiara a España en una televisión. Sin embargo, la concentración de Alcorcón tuvo algunas particularidades: la presencia de vecinos de todo tipo de edades- -desde jóvenes treintañeros hasta jubilados- -y una perfecta escenificación en la que se pudieron ver algunas banderas españolas- como las que utilizamos para los Mundiales de fútbol recordaban algunos- silbatos y cacerolas con las que intentaban disuadir a quienes acudían a ver la obra del polémico actor. Casi nadie esperaba la llegada de hasta tres dotaciones de la Policía Nacional, además de otras dos de la Local de Alcorcón. Incluso una de las unidades pertenecía al grupo de antidisturbios. Una veintena de agentes de la Policía Nacional se dispersaron en el pórtico de entrada al teatro, donde se desarrollaba la protesta, y comenzaron a pedir la identificación prácticamente a todos los manifestantes que se encontraban allí. La mayor parte de los vecinos no ofreció resistencia a entregar su Documento Nacional de Identidad (DNI) a los agentes, aunque algunos se negaron rotundamente, por lo que fueron advertidos por los policías de que podían estar cometiendo un delito de desobediencia, por el que podrían ser trasladados a comisaría. ban su indignación a ABC. ¿Cómo es posible que no podamos estar aquí con la bandera de nuestro país y este señor- -en referencia a Pepe Rubianes- -pueda traer aquí su obra, después de lo que ha difamado? se preguntaba Julián M. un jubilado de 68 años. No estamos haciendo nada malo, esto es el mundo al revés indicaban María y Julia. Sin embargo, como ya ocurrió en Pinto y Getafe el viernes y el sábado, respectivamente, la indignación vecinal se transformaba en críticas hacia el alcalde de Alcorcón. Él ha sido quien ha incitado a que en estas tres ciudades se represente la obra afirmaba Isabel V. de unos 40 años, porque lo ha hecho a mala leche, es un pataleo del PSOE, porque en Madrid no les dejaron hacer la función explicaba. Una vez comenzada la representación, los vecinos de Alcorcón que habían acudido a protestar se fueron del lugar, sin que se registrara finalmente ninguna detención, pese a las advertencias policiales, y con un sentimiento de frustración por parte de los alcorconeros que seguían sin entender la actitud de los tres Ayuntamientos gobernados por el PSOE ante la obra de Pepe Rubianes. Sorpresa e indignación Identificaciones La sorpresa fue mayor cuando varios agentes indicaron a quienes portaban una bandera de España que debían replegarla y dejar de vocear contra quienes compraban en esos momentos entradas de la obra, porque se trataba de una manifestación ilegal Si insistían en sus protestas, aseguraron los agentes, podrían ser denunciados, además, por atentar contra la seguridad ciudadana según les indicaban a los vecinos. Fue entonces cuando parte de los congregados lanzó insultos contra la Policía y mostra- La policía obligó a replegar una bandera de España mientras aseguraba que era una manifestación ilegal