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92 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo DOMINGO 11- -2- -2007 ABC Cara a cara con la enfermedad No sólo hay médicos e investigadores... La batalla la libran los pacientes. En el Día Mundial del Enfermo, esta es la historia de cuatro vidas enfrentadas al cáncer, el alzheimer, la diabetes y a un problema del corazón POR N. RAMÍREZ DE CASTRO FOTOS ÁNGEL DE ANTONIO SIGEFREDO MADRID. Juan Manuel, Beatriz, Diodoro y Montserrat llevan años sorteando los obstáculos que sus problemas de salud les ponen a diario. Conviven con una de las nuevas epidemias que azotan hoy al primer mundo. Cuatro relatos, cuatro imágenes dibujan el perfil más humano de enfermedades que suelen difuminarse entre logros médicos y abrumadoras cifras de incidencia, mortalidad y supervivencia. ro, su marido y único cuidador, se preparó para afrontar lo que iba a ocurrir. Recibió apoyo psicológico en Afal, una de las asociaciones de enfermos de alzheimer, pero sobre todo luchó para salir adelante. Me vine abajo cuando me dieron el diagnóstico, pero decidí salir adelante. La asociación fue la tabla donde me agarré cuando caí en este naufragio. Aunque sé que si yo no hubiera conseguido plantarle cara a la enfermedad me hubiera muerto de pena Hoy, diecinueve años después de la aparición de los primeros síntomas, María Jesús ha entrado en la fase terminal de la enfermedad. Pasa de la cama a la silla de ruedas con la ayuda de una pequeña grúa, no habla, tiene la mirada perdida, necesita insulina y respira con dificultad. Pese a todo, en esa casa se advierte la felicidad. He aprendido a hablar con ella con los ojos, apretándole la mano. La miro y a veces me sonríe; para mí es suficiente. Me siento afortunado a pesar del drama. Quizá porque soy católico y lo asumo con resignación. Ella hubiera hecho lo mismo por mí. Los vecinos me dicen que tengo ganado el cielo y yo me considero un privilegiado. Me agarro a los recuerdos, pienso en cómo era ella antes del alzheimer y me basta A Diodoro, cuando se le nombra la palabra residencia, agita la cabeza como si intentara alejar un maleficio. No, no, ni hablar. Como decía Néstor Luján, el mejor cocinero es la madre de uno y la mejor residencia es tu propia casa Donde sí tiene sus ojos puestos es en la ley de dependencia, la tabla a la que se agarran muchas familiares de enfermos como él. Esta enfermedad se puede comer en un solo año 24.000 euros. Necesitamos apoyo Diodoro cuida con cariño y esmero a su esposa, María Jesús, enferma terminal de alzheimer María Jesús Enfermedad de Alzheimer He aprendido a hablar con ella con los ojos A Diodoro y a María Jesús la enfermedad les cogió por sorpresa, cuando más tranquilos estaban. Habían sacado dos hijos adelante, Nuria y Antonio, y se preparaban para vivir una jubilación tranquila con la vida resuelta. Cuando María Jesús cumplió 59 años, aparecieron los primeros síntomas. Perdía cosas, tenía pequeños despistes y empezó a obsesionarse con el dinero. Escondía billetes entre las sábanas porque pensaba que entraban en casa para robarnos. La última vez que fuimos a misa juntos, durante la colecta empezó a recoger el dinero del cestillo... Después dejó de reconocerme. Yo le decía que la quería y ella respondía: Qué buena es usted señora Esa fue la peor etapa, la más dolorosa, porque sabíamos que ocurría algo grave y no sabíamos el qué Tras el diagnóstico, Diodo- Beatriz, operada de una dolencia cardiaca, tuvo que renunciar a la maternidad, pero adoptó una niña Montserrat Cáncer Es muy duro, pero de esto se puede salir Tiene 36 años de edad y ganas de comerse el mundo. Cinco años después de que le diagnosticaran un linfoma de Hodking, un tipo de cáncer de la sangre, está a punto de cantar victoria. Las revisiones no en- cuentran ni rastro de la enfermedad, se ha casado y ha recuperado su mal genio de siempre. Cuando ve por la calle a alguien con un pañuelo en la cabeza o un gorro tapando los estragos de la quimioterapia, le invade la ternura. Le abrazaría y le diría que no pasa nada, aunque aún no me siento preparada; sé que me echaría a llorar. Me gustaría tener la suficiente fuerza para decirle que de esto se sale, es muy duro pero se sale Montserrat se topó con el cáncer hace cinco años, justo cuando acababa de conocer al hombre que es el amor de su vida. Llevaba casi un año intentado dar esquinazo a un pequeño bulto que crecía en su cuello. Lo tapaba con collares y jerseys de cuello alto para no verlo; así era como si no existiera. Desde el principio se imaginaba que no podía ser nada bueno, pero le aterraba la idea de pensar en una enfermedad que ya había hecho estragos entre su familia. Sólo reunió la suficiente decisión para ir al médico cuando conoció a Guillermo, su actual marido. Coincidió con él en un curso de vela, en Altea. Quedaron en verse en Madrid y no fue una frase hecha. Una semana después fueron al cine. Todo marchaba sobre ruedas y Montserrat temía que aquel bulto en su cuello, si no era cáncer, fuera algo contagioso que pudiera hacerle daño a Guillermo. El diagnóstico de su linfoma le llegó 15 días después de