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ABC DOMINGO 11- -2- -2007 De Niro narra la historia de la CIA en El buen pastor con Damon y Jolie 87 Con Nada por fin hice algo En este texto inédito, Laforet relata, en primera persona, sus vivencias desde la infancia hasta su separación y su traslado a Roma pasando por el éxito de su primera novela, Nada que escribió con sólo 23 años una colección de ellas y había instalado en el jardín de nuestra casa en Monte Coello un campo de tiro. Nos hacía participar en todas estas aficiones suyas. A mí a veces me obligaba y yo me resistía a esas imposiciones. Mi padre no comprendía que a mí no me gustasen las armas. Decía que no hay nada tan femenino como una pistolita en el bolso de una mujer. No sé de dónde habría sacado esa idea. En todo caso, yo, hasta ahora no he llevado nunca una pistolita en el bolso. Mi feminidad falla en este sentido. La afición al manejo de las armas debió ser heredada por mi padre de ascendientes militares- -todos los que yo sé que fueron militares son de la rama vasca de nuestra familia- El último militar que recuerdan nuestras crónicas familiares fue mi bisabuelo Mariano Altolaguirre y Zumalacárregui que era hijo de una hermana de los generales Tomás Zumalacárregui (carlista) y Miguel (liberal) El apellido Laforet es francés; lo he recibido en línea directa de un bisabuelo francés casado con una sevillana. Los padres de mi padre eran sevillanos, con ascendencia francesa mi abuelo, y vascongada mi abuela. Mi abuelo Eduardo Laforet era profesor de dibujo en el Instituto Balmes de Barcelona- -el único instituto oficial que había entonces- -y pintor. Sus siete hijos sabían pintar y dibujar. Mi infancia estuvo llena de referencias a pintores y escultores. Mi casa llena de cuadros. Los primeros libros que la generosidad de mi padre nos dejó manosear sin reñirnos, sin importarle que estropeásemos su buena encuadernación, fueron los de la gran colección de reproducciones de los Grandes Museos de Europa. Mi aspiración secreta en la infancia era lle (Pasa a la página siguiente) Quise ser pintora N ací en Barcelona, en casa de mis abuelos paternos, durante la época de las vacaciones escolares. Mis padres vivían entonces en Toledo, porque mi padre era al mismo tiempo estudiante de arquitectura en Madrid y profesor de dibujo en la Escuela de Maestría Industrial en Toledo. Mi madre era toledana y estudiaba magisterio, cuando mi padre ocasionalmente dio unas clases de dibujo en la Normal de Toledo. Así se conocieron. La familia de mi madre era modesta. Mi abuelo era guarda de una finca en Carmena- -un pueblo de la provincia toledana- -cuando mis padres se casaron. Mi madre no llegó nunca a ejercer su carrera de maestra mas que con nosotros, sus hijos, (al margen de nuestros estudios en el colegio) pero tenía el arte de enseñar, de interesar. La afición a la lectura- -esa pasión devoradora de nuestra infancia y adolescencia- ella la plantó como una semilla en nosotros. Ahora recuerdo con cierto asombro que a nosotros nos divertían mucho las lecturas de los clásicos castellanos. Creo que fue uno o dos años antes de su muerte inesperada (murió el día en que cumplía treinta y tres años) Laforet, con el director de la revista Blanco y Negro Torcuato Luca de Tena, en mayo de 1959 cuando organizó las lecturas en alta voz en las sobremesa. Ella leía un trozo del Quijote o del Lazarillo de Tormes y al final pasaba el libro a uno de nosotros para que leyésemos también uno o dos párrafos. Cada día era un capítulo el que leíamos. Como yo, que soy la mayor de mis hermanos, tenía trece años cuando mi madre murió, y como todos recordamos como algo estupendo estos ratos de lectura, creo que fue un experimento afortunado de educadora con arte el que ella hizo con sus niños. Otros libros que nos leía mi madre- -siempre a solicitud nuestra- -eran los del naturalista Fabre o sobre la vida de los pájaros y los insectos. Nosotros teníamos nuestros cuentos infantiles, pero en casa había una buena biblioteca que siempre estuvo a nuestra disposición. Mi madre nos quitó el miedo o la pereza de leer todo lo que se nos antojase sin más limitación que nuestra mayor o menor comprensión del texto según la edad. Vivíamos en Canarias, al terminar su carrera de arquitecto, mi padre pidió el traslado de su cátedra a la Escuela Industrial ABC La primera bicicleta Mi infancia estuvo llena de referencias a pintores y escultores. Mi casa llena de cuadros de Las Palmas. Mis hermanos Eduardo y Juan nacieron allí. En la isla de Gran Canaria pasé mi niñez y mi adolescencia. La personalidad de mi padre que era un deportista polifacético llenó mi infancia de sol y de aire libre. Deportes de mar- -aparte de la natación, los paseos en balandro, la vela inclinada a veces hasta casi rozar el agua- Excursiones de montaña. La primera bicicleta cuando apenas llegaban nuestros pies a los pedales La casa estaba llena de copas de plata- -trofeos deportivos de mi padre- Había participado en carreras ciclistas en su juventud y sobre todo en campeonatos de tiro al blanco. En una ocasión fue campeón de España en tiro al blanco con pistola. Le gustaban las armas de fuego. Tenía