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ABC DOMINGO 11- -2- -2007 MADRID 65 Dos pasajeros con problemas de movilidad solicitan sillas de ruedas a una chaqueta verde A los diez minutos, una empleada los dirige al ascensor una serie de pruebas, grabaciones y encuentros con la prensa. ¡A ver cómo me resarcen de todo ello! se queja esta mujer. Amaya ha presentado la correspondiente reclamación. Tampoco me han querido meter en otro vuelo porque tiene que ser, por lo visto, de la misma compañía. A esperar. Esto es un desastre y no me parece nada serio asegura. Son las 11,45 y estamos a punto de ocupar los asientos. Desde que llegamos a la T 4 en taxi hasta el momento de entrar en el avión, a través del finger hemos caminado cerca de una hora, algo más de tres kilómetros y medio. Antes de partir rumbo a Bilbao, en la T 4 muchos pasajeros se han quejado del sistema de megafonía. Tampoco entienden muy bien que sólo se utilice en el caso de un cambio imprevisto de puerta de embarque o para la última llamada de algún vuelo. La voz, insistente, recuerda a los viajeros que jamás se avisa de las llamadas para embarcar habituales y que, por ello, han de estar pendientes de los paneles de información, no demasiado numerosos a lo largo de la T 4. Despega el vuelo. Estaremos en el aire unos 50 minutos. Un empresario que viaja en la fila de delante le dice a su compañero: ¡Hay que fastidiarse! Desde que he salido de casa, en Madrid, hasta que llegue a Bilbao habrán pasado más de tres horas. Y sólo para una reunión de trabajo que durará poco. A veces sale más rentable venir en coche El amigo le mira poco convencido de su teoría y parece más forofo del avión que de las cuatro ruedas. En la vuelta a Madrid calculamos que el tiempo que invertimos al andar y los kilómetros que hacen nuestras piernas son muy similares. Embarque de pasajeros. Desde que se llega a la T 4 en taxi hasta el momento de entrar en el avión, a través del finger se camina cerca de una hora, algo más de 3,5 kilómetros sación es extraña pero divertida. A los de arriba les pasa otro tanto de lo mismo: no paran de mirar a los de abajo, que están sentados y pacientes esperando sus equipajes. Otra persona de edad comenta que tiene dificultades para caminar. Le ha costado mucho trabajo llegar hasta esa zona de cintas de equipaje y parece que le fallan las fuerzas para continuar hasta la salida de la terminal. Se avisa a los empleados del aeropuerto para que envíen una silla de ruedas, que no tarda en llegar. Ese servicio funciona muy bien. Ya lo habíamos verificado por la mañana. Hay necesidad de ir al servicio. Huele a limón nada más entrar. Están, en general, limpios y aseados. Varios pestillos están flojos y falta jabón en alguno de los recipientes colocados junto a los lavabos. No parece que haya ningún sanitario atascado y, curiosamente, queda papel higiénico en todos los servicios, al menos en los de la zona de salida de equipajes. Da la sensación de que nunca se llega al final a pesar de que todo es diáfano y con colores para no crear agobio Si se utiliza el Metro, hay que sumar doce minutos más para llegar a la T 2 y otros doce en bus a la T 4 Las personas con dificultades de movilidad disponen de un eficaz servicio de sillas de ruedas Megafonía a medias Mala fama nos trae de Bilbao. Ponemos el pie en tierra firme. 16,20: Salimos del avión que Un panel bien puesto 16,40: A paso ligero, hemos lle- gado a la zona de equipaje. Al final de una escalera mecánica hay un panel donde figuran todos los vuelos que han aterrizado y la cinta exacta por donde va a salir el equipaje de cada uno de ellos. Los viajeros suspiran aliviados porque, antes de toparse de bruces con ese panel, se temían todo un via crucis de cinta en cinta para dar con la que le iba a devolver su maleta. Eso es una información bien pensada y puesta en el sitio adecuado. Recogida de maletas. Pese a su mala fama, la recogida de equipajes de un vuelo procedente de Bilbao se hace en un cuarto de hora... 17,00: Nuestro equipaje emerge por la cinta. En realidad, ha sido uno de los últimos en salir pero, ni así, ha sido muy larga la espera: un cuarto de hora, más o menos. Es tranquilizador porque la fama que tiene la recogida de equipajes en la T 4 es malísima. Hay quienes aseguran haber tenido que esperar más de una hora. Nos temíamos lo peor. Por suerte, la cosa ha ido ligerita. 17,15: Salimos de la T 4. Desde que aterrizamos hasta este momento han pasado más de cincuenta minutos y hemos andado más de tres kilómetros. Prácticamente las mismas marcas que hicimos por la mañana. Punto final de un tour por la terminal más popular y más temida de Barajas. 16,45: Llegamos a la cinta 18, la adjudicada para el vuelo de Iberia 0439 procedente de Bilbao. Estamos en un espacio que impresiona. Como el techo es de cristal, se ve todo lo que está pasando arriba, en la planta superior. El público pasa por encima de nuestras cabezas. La sen- Pero siempre hay problemas. La cinta transportadora se ha detenido y dos maletas perdidas permanecen abandonadas