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ABC DOMINGO 11 s 2 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA CON SU PAN SE LO COMAN UANDO el felipismo convirtió Andalucía en su patio trasero, los capataces de la autonomía trenzaron como los antiguos caciques un régimen de clientelismo, sumisióny silencio. Dotada con un presupuesto varias veces billonario, la Junta penetró con porosa eficacia en un tejido social desestructurado, y en vez de articularlo mediante la cohesión territorial y la pujanza emprendedora lo subvirtió a través de una reddedependenciavinculada a los privilegios políticosyalas subvenciones económicas. No quedó un ámbito por someter: desde los sindicatos a las cofradías, IGNACIO desde la Universidad a las CAMACHO academias de flamenco, desde los empresarios a los desempleados, desdelos funcionarios a los menestrales. Amparado en un partido omnímodo, Chaves se mudó a un palacio y, durante los ocho años del aznarato, se enfeudó en sus resortes de poder rodeado del protocolo hierático de un virrey autocomplaciente y satisfecho. Desdeeseinmenso aparatoclientelar, apoyado poruna eficaz maquinaria de propaganda que vomita desde Canal Sur consignas de vasallaje trufadas de mezquinos estereotipos folklóricos, el socialismo ha convertido la autonomía en un marasmo, un erial aquietado e inmóvil, un cortijo de regalías en el que no se mueveuna hojasin la anuenciadelosmayorales. Tras un comienzo optimista cuyo fulgor se apagó con los últimos cohetes del 92, ha fracasado la articulación regional, ha emergido un confuso localismo provinciano, se ha frenado la convergencia social, se ha estancado el dinamismo económico y ha naufragado la esperanza de un salto cultural. Sólo la Administración se ha desarrollado de una manera hiperbólica: la Junta es la primera empresa, el primer contratista, el primer empleador, el primer consumidor de bienes, el primer anunciante, el mayor propietario de inmuebles... y el mayor empresario de comunicación. En este calmo océano de dependencia, Chaves aún considera insuficiente su dominio, y al amparo de la deriva catalana ha propuesto ampliar las competencias de su régimen hasta convertirlo en un miniestado. Más facultades, más capacidad de maniobra, más atribuciones, más dinero. Su autoridad es tan incontestable que hasta el PP ha tenido que avenirseanegociar esta vueltadetuerca estatutaria para no quedar aislado en un desierto de incomprensiones. Pero lo que los andaluces necesitamos no es más autogobierno ni máspoder, sinomenos servilismo, menos prepotencia y más libertad. Desconocido para la inmensa mayoría, el nuevo Estatuto no es más que un capricho político al margen de la demanda ciudadana, porque mientras no cambie la dirección del poder Andalucía sólo podrá profundizar en su galbana ensimismada. No merece la pena ni contestarlo en las urnas, pero basta la memoria de la ilusionante alborada del 28- F para saber que este triste referéndum sin pena ni gloriaesapenasun vagoremedodeaquellasacudida derebeldía esperanzada. Silencioy ausencia, pues; que voten los que han convertido la autonomía en su medio de vida. Con su pan se lo coman, aunque, a la postre, se lo acabarán comiendo también con el nuestro. C EL RECUADRO REVÁLIDA PARA UNA PRINCESA N aquella casa de la urbanización playera, vamos a poner Sotogrande para no dar pistas, había ese silencio que sólo existe en las casas de los ricos. En aquella casa de la urbanización playera, vamos a poner Guadalmina para despistar, había ese silencio centroeuropeo queda eldinero. Ladueña de la casahabíainvitadoa cenita simpática a un grupo de amigos. Estaban ya en el café y el menta poleo de la terraza de blancos butacones. Copas y charlita. Salieron a relucir, cómo no, los Príncipes de Asturias. Los presentes eran de la pretendida antigua observancia monárquica, pero de la secta de los que largan. Para abreviar: de los que les pareció mal en su momento que el Reylegalizara elPCE. Pusieron a Doña Letizia como sesuelen: como no quieran dueñas. Y del Príncipe, ni te cuento lo que largaron. Estaba en la tertulieta, café y habano encendido, jamando partida, un viejo monárquico. De los de Estoril. Delos viejos liberales del Conde de Barcelona. Tratábase de un notario jubilado de Madrid, que durante la cena había dado un recital de ingenio y agudeza, dominador de ese bien ya casi tan escaso como el agua que es el arte de la conversación. Su brillante ANTONIO locuacidad en la mesa se había trocado en BURGOS mutismo evidente y patente durante los cruces de invectivas, chistes de Sabina y mal gusto, y cuchufletas varias contra la Princesa de Asturias. Al verlo tan callado, la dueña de la casa trató de sonsacarlo: -Hay que ver lo callado que te has quedado de pronto- -le dijo- con lo ocurrente que has estado en la cena. Que queremos saber tu opinión: a ti, ¿qué te parece Letizia? Y el viejo monárquico, muy serio, sentenció: -Pues me pareceque Doña Letizia es la Princesa de Asturias y punto. Se hizo inmediatamente un silencio de culpabilidad. Un silencio de casa rica, rica, rica. Y empezaron a hablar del tiempoydelascenitassimpáticasquequedabanen otrascasas de amigos para las venideras noches bajo las estrellas. E Aparte de un señor, el notario jubilado de Madrid, al querecuerdo en aquella ejemplar lección de lealtad a la Institución con una sola frase, se me aparece ahora como un adivino. En los recientes y dolorosos acontecimientos de la trágica muerte de su hermana pequeña a muchos nos ha parecido lo mismo que al jubilado notario, monárquico de Estoril: que Doña Letizia es la Princesa de Asturias. Bastante Princesa de Asturias. Ha superado la reválida cíclica y permanente a queen España sometemos a las personas reales. Hay republicanotes que dicen que es mejor elegir un presidente cada cierto número de años, compareciendo en las urnas. Hasta frente a ese argumento sale triunfante la Institución Monárquica: a los Reyes, los Príncipes y las Infantas se les exige un mayor control de calidad. Tienen que pasar la ITV cada día, comparecer a cada instante ante las urnas de la opinión pública. En la España que se proclama mayoritamente juancarlista del Rey abajo todos los miembros de la Real Familia han de aprobar cada día la selectividad. Su Majestad, como sacó cum laude en el discurso televisado con que paró el 23- F tiene ya aprobado por curso. Pero a los Príncipes de Asturias se les exige que superen la selectividad diaria. Doña Letizia ha superado ahora, y a qué precio de dolor, su reválida de Princesa de Asturias. Desde la muerte de Lady Di, al pueblo republicanote y juancarlista le encanta que sus Reyes se peguen unas pechadas de llorar importantes, que sean humanos, como nosotros Seexige queel solemne distanciamiento de la magia de la Monarquía sea sustituido por la identificación y cercanía con el pueblo. A los Reyes, que antes eran educados para no expresar sus sentimientos en público, ahora se les exige quesalten al corear elgol dela selección de fútbol; que se rompan las manos aplaudiendo; que besuqueen y abracen a los artistas. Que lloren. Que no sean como los Reyes siempre fueron, sino como nosotros queremos que sean. Doña Letizia se ha aprendido tan bien su oficio a la española y aprobado con tan buena nota esta reválida del dolor, que nos ha hecho ver, en vivo y en directo, las mismas lágrimas de Doña Sofía cuando el Yakolev o el 11- M. Como el viejo notario monárquico, cada vez tengo más claro que Doña Letizia es la Princesa de Asturias. Y punto.