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ABC DOMINGO 11 s 2 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA EL GOBIERNO, EN LA IZQUIERDA EXTREMA El Gobierno no ha querido el moderantismo y ha favorecido el extremismo reactivo. El presidente y la vicepresidenta tienen perfecta conciencia de dónde habita la derecha extrema que hace imposible la abundancia de electores en el espacio ideológico central que es el natural de los populares y, potencialmente, de un PSOE sensato... AS posiciones políticas son siempre relativas porque están en función de las circunstancias. Por esa razón, María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta primera del Gobierno, venía siendo considerada- -tanto en lo ideológico como en lo político- -como moderada en relación con la radicalidad de actitudes, comportamientos y decisiones del presidente del Gobierno y del Ejecutivo como tal. Sin embargo, en una huida hacia delante propiciada por los sucesivos fracasos gubernamentales, la vicepresidenta ha perdido ese capital de fiabilidad que le otorgaba su aproximación más ecuánime que otras a los grandes asuntos políticos. Ese esfuerzo de ponderación justificó en su día que el propio Benedicto XVI la recibiera en Valencia, específicamente, y le atribuyese cualidades de empatía para solucionar los obstáculos existentes en las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno. Fernández de la Vega ha sido- -por lo menos hasta ahora- -una instancia accesible a la interlocución desde la discrepancia y una garantía de solvencia laboral ante la irrelevancia de la mayoría de los titulares de los demás departamentos ministeriales. Ella con el vicepresidente Solbes- -refugiado en un silencio persistente y férreo- -ofrecían un flanco abordable para la recuperación de un diálogo- -social y político- -con los adversarios o- -desde los medios de comunicación- -con los críticos hacia la gestión del Gobierno. l designio radical de Rodríguez Zapatero y la necesidad de elevar la apuesta ante la sucesión de reveses ha absorbido a su primera colaboradora en el Ejecutivo que el pasado martes protagonizó un bochornoso- -por elemental y reduccionista- -discurso ante el grupo parlamentario socialista en el que se permitió descalificar a todo el Partido Popular- -y por derivación a sus electores, de forma indiscriminada- -atribuyéndole la condición de derecha extrema acusándole de carecer de conciencia de límite en la confrontación política e imputándole el fomento del desorden y la exaltación y el propósito de minar las instituciones Ignoro si la vicepresidenta actuó por obediencia o por convicción, pero sea una u otra la motivación que alentó su soflama, allí acabó con su registro político- -el más amplio del Gabinete- luego estrechado más aún por el nombramiento de un ministro de Justicia pensado para que su gestión sea de confrontación con el Partido Popular y para meter en cintura a los jueces y magistrados y cuya inspiración se atribuye a Fernández de la Vega. El dechado de sectarismo con el que se ha conducido el fiscal Fernández Bermejo, preludia que Rodríguez Zapatero ha optado por aquel aforismo según el cual, cuando uno está perdido debe echarse al río. Y en ese chapuzón irresponsable le sigue- ¡quién iba a decirlo en ella! -la vicepresidenta primera, de tal suerte que el desequilibrio gubernamental- -hasta ahora inestable- -se ha vencido indefectiblemente hacia una izquierda extrema. Se sitúa en ese territorio minoritario y exaltado aquel Gobierno que trata con más consideración semántica a miembros de una banda terrorista L que a la oposición democrática; aquel que reivindica la memoria para el rencor y no para la conciliación; aquel que se alía- -en Madrid y en Barcelona- -con la fuerza política más antisistema; aquel que en vez de defender a un Tribunal acosado por la muchedumbre encabezada por los gobernantes democráticos, ofrece falsas coartadas a los vociferantes; aquel que rehuye los compromisos internacionales y se confronta con los sistemas más democráticos y se amiga con los populistas; aquel que amputa la dimensión trascendente de los individuos en aras de un laicismo beligerante y nihilista; aquel que destroza instituciones inveteradas como la familia para transmutar su naturaleza y normar el matrimonio homosexual obviando otras alternativas menos lesivas para unos e igualmente útiles para otros; aquel que no soporta democráticamente la recusación de un magistrado de la jurisdicción de garantías constitucionales y pretende cambiar las reglas del juego a mitad del partido; aquel, en fin, que trata de desvencijar- -y no sólo por ignorancia, que también- -toda una estructura política y social para migrar a un modelo que ni sus propios impulsores definen ni siquiera conocen. E E l arrasamiento que el Gobierno practica de todo cuanto en la sociedad española tenía de convencional, de pauta asumida de conducta, de regla de compromiso en la vida pública, de consideración de la excelencia como un valor necesario en el ejercicio de la política, es una decisión táctica y estratégica que se sitúa en un extremo- -en este caso, el izquierdo- -del territorio ideológico y político. Cuando esta labor de piqueta se complementa con actitudes de sedicente tolerancia y con una cargante jactancia en la práctica de las llamadas políticas sociales acompañado todo ello de una clamorosa ausencia de compromiso internacional- -la Alianza de las Civilizaciones es un puro subterfugio para la vaciedad de principios en los que deambula el presidente del Gobierno- es que estamos ante una experiencia auténticamente subversiva respecto de las garantías de la convivencia que los españoles hemos ido renovando año tras año desde 1978, y aún antes de la Constitución. Este es un Gobierno de museo ideológico en el mundo occidental. Ni un solo Estado de nuestro entorno- -Francia, Alemania, Italia- -admite contraste con las políticas de este Ejecutivo al que únicamente le sonríen- -a modo de máscara, por cierto- -algunos guarismos estadísticos relacionados con la macroeconomía y que tienen más que ver con la autonomía empresarial del tejido social que con la implementación gubernamental de nuevas reformas y liberalizaciones. Se trata de un Gobierno acabado que recurre a la extremosidad y que practica exactamente lo que la vicepresidenta atribuyó a la oposición: la exaltación, la falta de conciencia en los límites de la confrontación, el sectarismo y la ausencia de sentido de Estado. El icono- -vergonzante y vergonzoso- -de esta nueva e insólita situación quizá sea la fotografía en el diario The Times del asesino De Juana Chaos que, sin remordimiento por sus veinticinco crímenes, reclama no se sabe qué cuestiones políticas al Gobierno mientras éste calla en una especie de tácito otorgamiento de contrapartidas con tal de que la banda terrorista se contenga y no lo liquide políticamente con un nuevo atentado cuyo impacto no podría absorber la ciudadanía. ay algo muy grave, añadido a todo lo anterior, en este propósito liquidador del Partido Popular, al que se quiere rodear de un cinturón sanitario tal y como dijo un orate de la progresía y que pretende presentarse como derecha extrema Y lo grave es que el Gobierno- -y, por lo tanto, María Teresa Fernández de la Vega también- -sabe que sus políticas- -por acción en unos casos y por omisión en otros- -han dejado en barbecho el espacio moderado que muchos en España pretendían cultivar. En realidad- -visto ahora con perspectiva- -este Gobierno no ha querido el moderantismo y ha favorecido el extremismo reactivo. El presidente y la vicepresidenta tienen perfecta conciencia de dónde habita la derecha extrema que hace imposible la abundancia de electores en el espacio ideológico central que es el natural de los populares y, potencialmente, de un PSOE sensato. Esa derecha extrema no está en el PP- -por más que ellos así lo pretendan- -y es un recurso político sucio estigmatizar al oponente para sacar de la decepción y la modorra ideológica a una izquierda arcaica a la que sólo estimula las emociones fuertes y bien dosificadas que administra José Luis Rodríguez Zapatero, un extremista de izquierda, que ha logrado que su vicepresidenta confunda la referencia del Consejo de Ministros con la tribuna de los mítines partidistas. H JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC