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ABC SÁBADO 10 s 2 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 75 CLÁSICA W. Rihm: Integral de los cuartetos de cuerdasIntérpretes: Cuarteto MinguetsLugar: Auditorio Nacional, Madrid TOROS Musicadhoy La nueva expresión ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Jamás ha sido tan necesario precisar el exacto significado de las palabras. Conmover, recuperar, volver a la tradición, creer en la música como forma de expresión son conceptos defendidos por muchos de los compositores nacidos a partir de 1950. Pero dichos sin más surgen peligrosos como el filo de una cuchilla. Semejante colección de términos también pondría felices a aquellos que entienden la comunicación como retórica populista, abiertamente emocional y autoafirmativa. Pero no es eso: tan sólo la explicación de una subjetividad que, día a día, estalla en múltiples y apasionantes soluciones artísticas de carácter personal. A veces a costa de un exacerbado individualismo. De manera que, perdido el sentido gremial, han sido muy contados los músicos que se han dejado ver en los tres conciertos dedicados a la trascendente integral de los cuartetos de cuerda de Wolfgang Rihm. Más de treinta años lleva el compositor alemán componiendo cuartetos. Acumula doce obras que se han escuchado en estricto orden cronológico. Desde el rigor serial a la exquisita cercanía de lo que crece, respira, dialoga, se recrea en bellos encuentros tímbricos y se afirma en la contundencia rítmica, en la fuerza y en la tensión dialéctica. Y entre ambos polos una muy personal multiplicidad de elementos en continua transformación. En general es la impresión de un pensamiento poliédrico, de un léxico riquísimo capaz de inventarse a sí mismo a través de una retórica en continua transformación. Música tan cargada en recursos que exige a intérpretes como el Cuarteto Minguet, empastados, siempre alerta, capaces de una concentración y una resistencia física extraordinarias. Piénsese en la extrema tirantez del segundo cuarteto, en la heterogeneidad de los dos siguientes, reelaboración de un pensamiento afilado en otros modelos, en los tres cuartos de hora del sexto, heterogéneo, arrebatado en sus periodos de obstinación rítmica, la estilización del siete y el ocho con sus gestos de teatralidad, la contrastante forma del décimo. No es de extrañar el entusiasmo final de todos los que, sin reservas, se acercaron llevados por el ánimo de conocer. África en el corazón Mañana, con ABC, nueva entrega de cine clásico, Las nieves del Kilimanjaro por tan sólo un euro POR MANUEL LUCENA GIRALDO La relación del gran escritor Ernest Hemingway con el cine fue como su propia vida: complicada. En este sentido, Las nieves del K i l i m a nj a r o (1952) constituyó una de sus experiencias positivas, pocos años antes de que el alcoholismo y la depresión se lo llevaran escopeta en mano por delante. Hasta qué punto Hemingway confiaba en la narrativa cinematográfica, o la consideraba un subproducto de lo literario, constituye otro de los enigmas que se llevó a la tumba, pues dejó testimonios contradictorios sobre ello. De lo que no cabe duda es de la potencia creativa que desplegaba en sus historias, de su plasticidad para ser llevadas al cine de gran formato por la grandeza de los paisajes que recorrían y de la fuerza emocional de sus personajes. Todos estos elementos están presentes en esta magnífica película, un clásico que ha ganado con el paso del tiempo, de modo que a pesar de ser considerada en su estreno sólo un magnífico film de aventuras ha ido ganando reputación como una muestra de verdadero arte cinematográfico, una imitación y una metáfora de la vida. Era lo que sabía hacer Hemingway, que aquí fue adaptado con maestría por Casey Robinson. Este dejó al director Henry King lo mejor del escritor, una espléndida y madura historia corta que habla de manera descarnada de la peripecia vital de un ser humano que parece él mismo, lista para ser contada por los actores apropiados. Y vaya si lo fueron. El escritor Harry Street (Gregory Peck) sufre un accidente de caza en África y, en un delirio de fiebre, rememora los triunfos, fracasos y concesioJULIÁN DE DOMINGO Los empresarios José Cutiño y Joaquín Domínguez muestran los carteles al alcalde de Olivenza, Ramón Rocha El doblete de Ponce marca la vuelta de Ortega en Olivenza La reaparición del maestro se convierte en el gran atractivo de una feria consolidada ROSARIO PÉREZ OLIVENZA (BADAJOZ) Los esperados carteles de la Feria de Olivenza han visto la luz. El ciclo, consagrado ya como la primera gran cita de la temporada gracias al trabajo continuado durante diecisiete años de empresa y Ayuntamiento, cuenta con el aliciente mayúsculo de la reaparición de Ortega Cano, que además viene envuelta en un hecho singular: Enrique Ponce toreará por la mañana y por la tarde del mismo 4 de marzo. O sea, que en menos de seis horas Ponce hará dos paseíllos para despachar cuatro toros. Tal derroche quiere rendir homenaje a su constante presencia en Olivenza desde que su feria tomó cuerpo: sumará su actuación número 20. Pero el verdadero gancho es el maestro Ortega, que vuelve a los ruedos tras la muerte de Rocío Jurado, lo que convertirá el pueblo extremeño- -escenario de otras reapariciones como las de Ojeda o Espartaco- -en un verdadero hervidero mediático. Los carteles finales son los siguientes: Sábado 3 de marzo. Toros de Daniel Ruiz para El Juli, Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera. Domingo 4. Por la mañana: toros de Zalduendo para Ponce, Morante y Alejandro Talavante. Por la tarde: toros de Núñez del Cuvillo para Ortega Cano, Ponce y Antonio Ferrera. Los empresarios del coso, José Cutiño y Joaquín Domínguez, y los propietarios, los hermanos Jesús y Justo Ortiz, consideran que el serial está muy rematado -sólo falta el nombre de Cayetano, que no ha podido anunciarse por su lesión en la mano- -y auguran el cartel de no hay billetes en el trío de corridas. Director: Henry King. Año: 1952. Duración: 113 minutos. Color. Intérpretes: Gregory Peck, Susan Hayward, Ava Gardner. Guión: Casey Robinson. Fotografía: Leon Shamroy, John De Cuir. Montaje: Barbara McLean. nes que han salpicado su trayectoria. En las evocaciones que hace del pasado, aparecen los amores que le han marcado. Primero, Cynthia Green (Ava Gardner) en el estudiado y rencoroso papel de la primera esposa, joven y adepta al hogar pero no a los fulgores que pretende el escritor, hasta que se entrega desdichada a la bebida y la muerte. En segundo término, la condesa Liz (la alemana Hildegard Neff) hace el papel de esposa fría, hábil y escurridiza, que intenta mantener el control sobre Harry y lo ama tanto como sabe y puede, que no es mucho (a juicio del postulante) Y finalmente aparece la tercera esposa, Helen (Susan Hayward) modelada por el carácter del escritor, casi uno de sus personajes, pues llega a ser capaz de entender, aceptar e incluso desear el tipo de vida que le ofrece. El médico llega a tiempo, y Harry- Gregory Peck se salva para seguir escribiendo, deseoso tras esa noche de recuerdos de vivir plenamente. Valdemorillo Oreja para Carrero en el debut de Guzmán Pedro Carrero cortó ayer la única oreja en la Feria de Valdemorillo (Madrid) al ejemplar más manejable de la deslucida novillada de Campo Amor. Completaban el cartel Carlos Guzmán- -entregado en su debut con caballos, aunque con los nervios lógicos- -y Ana Infante- -que destacó al natural, según informa burladero- Éste fue el balance: Carrero, oreja y saludos tras aviso; Infante, saludos y silencio tras aviso, y Guzmán, saludos y silencio tras dos avisos.