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10 2 07 TENDENCIAS Esparza, que aún cree en la palabra belleza, se ha propuesto con su nuevo libro explicarnos cómo hemos llegado hasta aquí en toda esta locura del arte moderno Cadáveres, excrementos, cubos llenos de vacío, mutilaciones o cuadros borrados. Nunca antes había ocurrido nada semejante: la sociedad ya no se reconoce en la producción artística que genera. ¿Se ha vuelto loco el mundo del arte? Y en respuesta a su pregunta- -la misma que se hace una legión de ninguneados espectadores- José Javier Esparza, con 20 años de dedicación al estudio y crítica de la cultura, denuncia Los ocho pecados capitales del arte contemporáneo (Edit. Almuzara) que la próxima semana vive en Arco uno de sus momentos estelares José Javier Esparza ESCRITOR Y PERIODISTA ESPECIALIZADO EN CULTURA La gran impostura del arte moderno es su precio POR VIRGINIA RÓDENAS FOTO: MAITE BARTOLOMÉ -Defina arte en general y arte contemporáneo en particular. -Hay enciclopedias dedicadas a responder a eso; infructuosamente. Digamos que el arte es una expresión de lo que los hombres llevan dentro, incluida la mirada sobre lo que tenemos fuera. El arte actual sigue siendo eso, pero con la particularidad de que se ve peor. Por dos razones, ante todo: por un exceso de subjetividad del artista, que lleva a la incomunicación, y por un exceso de sumisión al mercado, que valora artificialmente cosas sin valor. ¿Quién decide lo que es arte? -Los artistas dicen que ellos. El mercado dice que él. Pero es la sociedad, entendida como cultura compartida, la que al final decide que una obra dure como arte. -Una pregunta de lerdo: ¿Qué tiene de artístico una caca en una lata, una vaca y un ternero despedazados en formol, restos humanos devorados por moscas o un manchón blanco bajo el título Blanco -Es anti- arte o, para ser más precisos, no- arte. Así lo entendió Duchamp cuando abrió camino presentando un urinario. Si ahora se considera arte es porque he- mos puesto todo cabeza abajo. Los lerdos son quienes aplauden. -En defensa de algunos artistas actuales se puede argumentar que Van Gogh o el mismo Mozart fueron incomprendidos en su época. -Pero no es verdad. El artista siempre ha tenido algo de incomprendido, pero no tanto por la gente como por la Academia, que es la que fija el canon- -el canon que el innovador rompe- A Mozart lo miraban mal los académicos, pero la gente se lo pasaba pipa con su música. Lo mismo sucedió con la gran ópera del XIX (Verdi, Wag-