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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA El descapotable unca me fié de los hombres con descapotable. Ignoro el por qué de mi instintivo razonamiento pero lo cierto es que por esto, o por cualquier otra circunstancia, no me había subido a un descapotable en la vida, y menos conducido por mí misma. Pero como nunca es tarde si la dicha es buena, aquí estoy, en el descapotable que ha dejado a disposición de la familia mi generoso cuñado Manuel, que es hombre de fiar, y tal vez por eso, le sobra este descapotable que no quiere vender porque le tiene cariño pero que nos deja siempre que lo queramos. Y yo, hasta ahora, no lo había querido. Ni lo necesité hasta que mi coche se recalentó el otro día, con una de esas calenturas que le dan a los coches con los años. Antes de subirme, yo diría que también de manera instintiva, y sin tener mucho sentido la cosa porque no pensaba quitar la capota, me fui a revolver el armario para buscar el pañuelo de gasa más largo y colocármelo en la cabeza, con las gafas oscuras. El coche, empezaba a influirme. Comprendí la sensación que debió de tener en el siglo pasado el señorito del Pazo de Payo, con su descapotable blanco de asientos rojos, paseando por estos caminos, y que recuerda a la maravilla de ir encima de un carro de hierba en verano. Bajo la mirada atónita de mis vecinos, dejé el pueblo atrás y al atravesar la ría me alegré de llevar puesta la capota cuando dos gaviotas, que suelen ser muy traicioneras, pasaron justo por encima. Estuve tentada de llamar a mi amiga Isabel para ir a lo Thelma y Louise hasta la costa de la muerte, pero no me atreví. Claro que estuve a punto, porque todo cambia según el coche que se lleve. Nunca antes quise que siempre hiciera sol. Estoy mirando por la ventana a ver si sale y convenzo a mi marido para que me de un paseo junto al mar con el descapotable. Pero tiene que estar al llegar con mi coche arreglado, y tal vez será mejor volver a la realidad de la vida cuanto antes. Antes de que me enfríe, antes de que la lluvia moje la tapicería de cuero, antes de que un mosquito se me incruste en el ojo, antes de que descubra que la felicidad tampoco está en tener un descapotable. N Mónica FernándezAceytuno Son vinos de los bodegueros más puristas y que más lejos van en el sendero ecologista bién ha recibido críticas, entre ellas, lo absurdo que para algunos es el hecho de sembrar teniendo en cuenta la luna y las estrellas (sus prácticas se basan en siglos de observación de cultura sumeria, maya, china, romana y griega) algo que resulta un tanto estrambótico para la comunidad científica, que también critica el preparado 500 consistente en introducir en un cuerno de vaca estiércol, enterrarlo durante el invierno y después, con una mezcla de litros y litros de agua, removida primero en el sentido de las agujas de un reloj y después al contrario, rociar la tierra. Hacen otros preparados que incluyen sílice molida, manzanilla, diente de león... Sustancias que los antiguos utilizaban como abono. Pero para conseguir vinos biodinámicos, hay que poner una gran pasión en el trabajo. En España hacen estos vinos Albert i Noya, Álvaro Palacios, Bodegas Lezaun, Telmo Rodríguez, Descendientes de J. Palacios, Dominio de Pingus, Mas Estela y Quinta Sardonia, entre otros. En Ribera del Duero hay ya dos o tres bodegueros trabajando en esta línea. Precisamente Peter Sisseck, un danés afincado en Quintanilla de Onésimo (Valladolid) que elabora el vino más caro de España, Pingus es uno de ellos. Los biodinámicos- -señala Peter Sisseck- -son vinos cultivados según los métodos propuestos por el austriaco Rudolph Steiner. En 1924 dio un curso sobre una manera nueva de cultivar la tierra que, en los últimos años, se ha aplicado y con éxito a la viticultura. Aunque el método conlleva una filosofía propia- -muy complicada y a veces difícil de entender- -se basa en una serie de principios. Para empezar, no se toma la tierra como algo meramente orgánico sino como algo lleno de espiritualidad, pues el mundo no es sólo una materia. En la tierra hay cosas que, en el momento oportuno, se pueden estimular a través de las energías del cosmos. Son fuerzas mínimas pero si se unen tienen su logro Somos tan modernos hoy- -prosigue Sisseck- -que lo hemos olvidado, pero siempre se ha trabajado o arado con las fases de la luna. Hace 70 años ésto no era extraño, pero ahora que lo controlamos todo, se nos hace raro. Es algo físico y eso se ve. Según las distintas fases de al luna el vino es mucho más brillante, más claro, huele mejor... Yo, desde el año 2000, trabajo siguiendo las líneas básicas de la biodinámica. Y lo noto. Mis vinos tienen mejor equilibrio, al- FOTOS: ABC Arar con las fases de la luna go muy difícil de explicar y muchas veces incluso de medir. Pero pasa lo mismo con el arte ¿Por qué Las Meninas son maravillosas? ¿Quién establece los parámetros de la belleza? Cuenta Sisseck que a los trabajadores del campo al principio no les explicó nada. Mandaba hacer las cosas y punto. Ellos le miraban y pensaban que estaba un poco loco. Con el tiempo se llevó la sorpresa de que eran ellos los que acudían a decirle que había que hacer esto y lo otro. Se habían puesto a estudiar la biodinámica porque habían visto que funciona. Las lunas, las tierras, las tormentas, las fuerzas de la naturaleza... Todo tiene su influencia, lo que no se puede controlar son las fuerzas de la naturaleza, como el pedrisco De la misma opinión es Ricardo Pérez Palacios, sobrino de Álvaro Palacios, que, estudiando Enología en Burdeos empezó a oír hablar de la biodinámica. Lo practica en sus viñedos de El Bierzo, Descendientes de J. Palacios desde 1999 y es de los que piensa que con este sistema la viña está mucho más sana, el nivel de enfermedades se controla mejor y el resultado final es un vino diferente, más ecológico y elaborado con mayor respeto a la naturaleza.