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ABC SÁBADO 10- -2- -2007 MADRID www. abc. es madrid 45 Cae una red que organizaba cacerías furtivas a la carta de especies en peligro de extinción Más de un centenar de trofeos, algunos congelados, entre el material intervenido por el Seprona a los 7 detenidos M. J. ÁLVAREZ MADRID. Lobos, gatos monteses, jinetas, zorros, cabras hispánicas... A la carta y al gusto del consumidor. Así actuaba la banda dedicada a la caza furtiva de especies protegidas y en riesgo de extinción, en parajes y espacios naturales o protegidos, que ha sido desmantelada por el Servicio de Protección a la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) Las sospechas comenzaron a finales del año pasado al tener conocimiento de una cacería furtiva en la zona del Soto de Viñuelas, en Tres Cantos, un área que cuenta con especial protección por su flora y su fauna. El entramado de la red, integrada por cuatro miembros, era, fundamentalmente, familiar. La componían dos hermanos y la mujer de uno de ellos. El cabecilla, J. C. F. D. vivía de este ilícito negocio, dado que ni ejercía ni se le conocía actividad alguna en su lugar de residencia: Candeleda (Ávila) Tenía una larga experiencia; no en vano, al igual que su progenitor, P. F. D. de 49 años, cuenta con antecedentes por monterías ilegales. Ambos, junto a la mujer del segundo, A. M. A. D. un colaborador y sus peculiares clientes tres adinerados empresarios malagueños, fueron detenidos in fraganti el pasado fin de semana cuando se encontraban en plena batida en el sur de la Sierra de Gredos. En concreto, en la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos (Cáceres) Se cree que ejercían su actividad por toda España, especialmente en espacios y parques naturales, dadas las piezas intervenidas y el modus operandi empleado. La cuñada del jefe de la banda y su marido se encargaban de captar a la clientela en cobrarse alguna especie cinegética difícil o prohibida través del boca a boca internet o anuncios en publicaciones especializadas. Una vez establecido el contacto, en función del interés del montero por una determinada pieza, se pactaba el lugar y la fecha para la batida. En función del ejemplar en cuestión, la ma- En la zona de Gredos El cabecilla acumulaba en un frigorífico de su garaje cabezas de rebeco, corzos, zorros, jabalíes, lobo, jinetas, entre otras yoría, en vías de extinción, especialmente el lobo y el gato montés, catalogados con la máxima protección en el Convenio Internacional de Especies Amenazadas (Cites) se establecía un precio. O, en el caso de las cinegéticas, según la longitud de su cornamenta, el coste podía alcanzar hasta los 18.000 euros. El cliente pagaba el 50 antes de la montería y, el resto, a la entrega del trofeo. De este modo se aseguraban el dinero en caso de que el cliente desistiera. El cabecilla conocía la zona de Gredos como la palma de su mano, por su origen y su ilegal actividad. No obstante, si la pieza deseada estaba en otra provincia- -Zamora, León, Segovia... -y el que la codiciaba no quería o no podía desplazarse, la red se la proporcionaba. Tras las pertinentes pesquisas que condujeron a la banda, la prueba definitiva fue el hallazgo el 1 de febrero en un paraje cacereño de los cuerpos abandonados y recién decapitados de dos machos de cabra hispánica, con los proyectiles aún en su interior. Estaban en una zona montañosa, a más de 2.000 metros de altura. De ese modo se aseguraban que la carroña eliminaría los cuerpos, mientras que los fugitivos de la red se llevaban lo que les interesaba: la cabeza, que escondían en el monte. Siempre en un sitio seguro para recuperarla sin testigos y la guardaban en un congelador. Después se las pasaban al comprador o se las vendían a los taxidermistas. En los registros de los miembros de la banda se intervinieron, entre otros objetos, dos silenciadores, una carabina de aire comprimido, cartuchos para armas de gran calibre, trofeos de caza de cabra hispánica, venado muflón, gamo, corzo y rebeco, así como numerosos cuchillos de montería, machetes, ropa de camuflaje, navajas multiusos y cuernas de cabra hispánica. También se hallaron colmillos de jabalí, cráneos de antílope africano, búfalo africano, cabra montés, zorro y precintos de la Junta de Castilla y León. Estos precintos son el certificado de que la caza cobrada se ha abatido en una cacería autorizada. Al parecer, los mismos eran facilitados supuestamente por un guarda forestal, informa Efe. En la casa del cabecilla de la red se encontró además un frigorífico, ubicado en el garaje, con 5 cabezas de rebeco, 18 de corzo, 3 de jabalí, un de lobo, dos jinetas, un zorro, un gato montés, 2 ánades reales, un perdiz y un turón. Ninguno de los miembros de la red tenía permiso de armas: los perdieron porque cuentan con antecedentes delictivos relacionados con la caza furtiva. Ésta actividad ilícita está penada en España con multas y retirada de la licencia de armas. Medallas y precios La cornamenta de los machos puede ser considerada Medalla de Oro Plata y Bronce según sea el volumen, belleza, porte, tamaño y longitud del asta. Oro En las piezas que se abaten en las reservas naturales tras hacer los pertinentes descastes para controlar la natalidad o para desechar alguna res. Los precios son de 18.000 euros en las cacerías autorizadas. La banda pedía 12.000. Plata La rebaja era de los 12.000 a los 9.000 euros Bronce Exigían 6.000 euros, frente a los 9.000 euros del mercado. Zorros, rebecos, jinetas. Más de 2.000 metros de altura Los clientes interesados en cobrarse alguna especie cinegética prohibida pagaron hasta 18.000 euros