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20 ESPAÑA En la muerte de la hermana menor de la Princesa de Asturias VIERNES 9 s 2 s 2007 ABC Gracias a todas las personas que se han sentido apenadas por la muerte de mi hermana pequeña Doña Letizia y la familia Ortiz Rocasolano son arropadas por la Familia Real en el último adiós a Érika Ortiz TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTOS IGNACIO GIL y ERNESTO AGUDO MADRID. En una mañana de carnívoro frío y de voraz lluvia, de espesa niebla y de silenciosa muerte, la Familia Real arropó a la Princesa de Asturias, y a la familia Ortiz Rocasolano, en la desgarrada despedida de su hermana pequeña, Érika Ortiz, que fue incinerada en el Tanatorio de La Paz. Diluviaba en Madrid cuando a mediodía el coche fúnebre trasladó su cuerpo desde el Instituto Anatómico Forense, y el mismo diluvio universal arreciaba sobre el camposanto de Tres Cantos, su última morada. Es como si el cielo quisiera llorar también comentaba una señora al pie de una capilla envuelta en un silencio de crepúsculo. Era imposible sostener el sosiego. Los deudos que velaban a sus seres queridos en el Tanatorio se asomaban al paso del cortejo para sacar lágrimas de flaqueza, para rezar una oración, para lanzar un beso al cielo, un guiño, un adiós. Era el dolor compartido hacia una familia destrozada por la muerte de un ser querido de casi 32 años y madre de una niña de 6, Carla. Cuatro minutos antes de las dos de la tarde, la mesnada de cámaras, fotógrafos y periodistas que se remojaba frente a la capilla donde se iba a oficiar el responso giró sus objetivos, que amarraban con escalofriante silencio, hacia el pasillo central. Su Alteza Real el Príncipe de Asturias acababa de detener su vehículo, a unos veinte metros de la entrada. Abre su puerta y rápidamente acude a sostener a la madre de Doña Letizia, Paloma Rocasolano, que viaja junto a su hija. Don Felipe y Doña Letizia, en su sexto mes de embarazo, aguardan a que se incorpore el abuelo materno de la Princesa de Asturias para dirigirse hacia la capilla. El Príncipe de Asturias extiende su brazo izquierdo hacia el hombro izquierdo de Paloma Rocasolano, que destrozada por el dolor apenas puede levantar sus ojos- -protegidos por unas gafas oscuras- -del suelo. Doña Letizia se aferra a su abuelo, Francisco, mientras sus lágrimas se confunden con las que el cielo desliza por la comisura de dos enormes paraguas negros. Don Felipe prende uno de ellos, y Doña Letizia el otro, bajo el que se guarecen su madre y su Los Príncipes, desolados El Rey se funde con la Princesa de Asturias en un emotivo abrazo, ayer en el Tanatorio de La Paz, de Tres Cantos abuelo. El trayecto hacia la capilla, a paso lento, sólo es roto por el chasquido de las cámaras. A su izquierda, y a paso más rápido, el padre de la Princesa de Asturias, Jesús Ortiz, acompaña a su madre, Menchu Álvarez del Valle, a su mujer Ana Togores, y son los primeros en entrar en la iglesia. Detrás de los Príncipes caminan la abuela materna de Doña Letizia, Enriqueta, junto a familiares (como David Rocasolano y su mujer Patricia) y Antonio Vigo, ex pareja de Érika Ortiz, y padre de su hija Carla, acompañado de su madre, y profundamente apenados. Telma Ortiz Rocasolano regresaba desde Filipinas tremendamente entristecida y desolada. Pasan ocho minutos de las dos de la tarde en una mañana de carnívoro frío y de voraz lluvia, de espesa niebla y de silente muerte cuando llegan Su Majestad el Rey- -a Doña Sofía le fue imposible porque volaba en ese momento desde Jakarta- y las Infantas Doña Elena y Doña Cristina, acompañadas por sus respectivos maridos, Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarín. La lluvia como el rayo de Miguel Hernández no cesa, mientras en el interior de la capilla, poblada de coronas de flores, principia el responso que oficia el capellán del Palacio de la Zarzuela, Serafín Sedano, en la más estricta intimidad. Las causa oficial de la muerte de Érika Ortiz ha sido una parada cardiovascular Los resultados definitivos de la autopsia los conocerá la familia dentro de quince días Reverencia de la Princesa al Rey