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ABC VIERNES 9 s 2 s 2007 Polémico relevo en el Ministerio de Justicia s La versión del Gobierno ESPAÑA 13 El Gobierno encomienda a Bermejo renovar el CGPJ como misión prioritaria El nuevo ministro tratará de pacificar la relación entre el Ejecutivo y la judicatura s Tendrá que negociar apoyo parlamentario a la reforma de la ley que regula el TC GONZALO LÓPEZ ALBA MADRID. Impulsar la renovación del Consejo General del Poder Judicial, piedra angular de la conflictiva relación entre el Gobierno y la judicatura, y cuyo mandato concluyó en noviembre del año pasado, será una de las prioridades de Mariano Fernández Bermejo como nuevo ministro de Justicia, según fuentes gubernamentales consultadas por ABC. Esta prioridad se inscribe en el marco más genérico del cometido principal de pacificar -según la terminología gubernamental- -las relaciones del Ejecutivo con el Poder Judicial y su órgano de gobierno, que han alcanzado un momento de máxima tensión con decisiones como el mantenimiento en prisión del etarra De Juana. A ello se suma la guerra política abierta por la recusación de Pérez Tremps como miembro del Constitucional para dictaminar sobre el Estatuto de Cataluña. Fernández Bermejo está considerado como un duro negociador pero tendrá que enfrentarse al hecho de que el PP no tiene ningún interés en propiciar la renovación del CGPJ ya que, en su actual composición, decidida cuando gobernaba José María Aznar, cuenta con mayoría de vocales afines. El PP condiciona esta negociación a una nueva reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para que se vuelva al criterio de mayoría simple, en lugar de reforzada, para el nombramiento por el Consejo de los altos cargos judiciales, como los magistrados Tribunal Supremo o los presidentes de los tribunales superiores de justicia. Además, el nuevo ministro tendrá que negociar el apoyo parlamentario a varias reformas de calado impulsadas por Juan Fernando López Aguilar, pero que aún no han sido aprobadas por el Parlamento, como las que afectan a la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional y otras que contienen profundas reformas procesales- -como la generalización de la doble instancia- -o la creación de los consejos autonómicos. Aunque, dado su perfil y su trayectoria de enfrentamientos con los gobiernos de Aznar, Zapatero preveía que el nombramiento de Bermejo irritaría a la derecha destacados miembros del Gobierno consultados por ABC se confesaron sorprendidos por la virulencia con que ha sido acogido. López Aguilar, que hoy se despide del Consejo de Ministros, reclamó que se respete la cortesía mínima de los cien días para que pueda desplegar su impronta antes de ser juzgado y censuró las descalificaciones preventivas de grueso calibre de que ha sido objeto. A más rechazo del PP más satisfacción en el PSOE. Así, su número dos José Blanco, dijo que sus críticas son la señala que demuestra que se ha acertado en el nombramiento Álvaro Cuesta, secretario de Libertades de la ejecutiva, dijo que su elección es un gran acierto y subrayó que no se amilana Según fuentes próximas, Zapatero ha valorado en Bermejo la firmeza de sus convicciones, su rigor profesional, su carácter incorruptible y su sensibilidad hacia lo social El candidato de la vicepresidenta De la Vega Bermejo era uno de los candidatos propuestos por la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, a petición del presidente del Gobierno, que recabó nombres de varios ministros. Su elección refuerza a De la Vega, cuya negativa a ser candidata a la Alcaldía de Madrid había llevado a algunos dirigentes socialistas a cuestionar que conservara intacta la confianza de José Luis Rodríguez Zapatero. La elección de Bermejo, compañero y amigo de la vicepresidenta desde hace años- -fue su asesor cuando ella dirigía el gabinete técnico del ministro Fernando Ledesma- refuerza a De la Vega en el escenario de que el elegido hubiera podido ser Antonio Camacho, nombrado número dos de Interior por José Antonio Alonso y mantenido por Alfredo Pérez Rubalcaba. La preferencia de López Aguilar era de continuidad, con el ascenso de su número dos López Guerra. Aunque Zapatero ya preveía que iba a irritar a la derecha la virulencia de la reacción sorprende en el Ejecutivo