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4 OPINIÓN VIERNES 9 s 2 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro ERC Y SUS E INCOHERENCIAS UN MINISTRO PARA LA CONFRONTACIÓN L nombramiento de Mariano Fernández Bermejo como ministro de Justicia es una provocación de Rodríguez Zapatero no sólo al Partido Popular, sino también al Poder Judicial, a los fiscales y, en general, al sistema institucional, al que se le debe un mínimo de respeto en la selección de sus más altos cargos. Fernández Bermejo es, ante todo, un sectario, en el sentido más peyorativo del término. Y lo ha demostrado de la peor manera posible, esto es, desde el ejercicio de las funciones públicas que tuvo encomendadas como fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en el que se mantuvo hasta 2003, cuando la entrada en vigor del nuevo Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal produjo la renovación de todas la jefaturas de la Fiscalía. Por eso, afirmar que Fernández Bermejo fue perseguido o represaliado por el PP es sencillamente una falacia, porque el Gobierno de Aznar lo mantuvo en su puesto durante siete años, y ello a pesar de que su deslealtad enfermiza hacia el entonces fiscal general, Jesús Cardenal, debió acarrearle la correspondiente sanción disciplinaria. Para saber lo que es un fiscal represaliado, baste recordar a Eduardo Fungairiño. El principal problema de Fernández Bermejo no lo tuvo con el PP. Lo ha tenido siempre con sus compañeros de carrera, que nunca le han dado su voto de confianza para ninguna de las jefaturas que al final ostentó gracias, exclusivamente, a su fidelidad al PSOE. Incluso ni sus compañeros de la Unión Progresista de Fiscales le apoyaron en las elecciones al Consejo Fiscal celebradas en 2005, a pesar de ser el líder de la candidatura. Quedó en cuarto lugar y fuera del Consejo Fiscal, que es el órgano de representación de los fiscales. Este nombramiento es una agresión política deliberada al Partido Popular, porque se hace a conciencia del resentimiento que siempre mostró Fernández Bermejo hacia este partido. En un homenaje celebrado tras su cese en la jefatura de la Fiscalía de Madrid, Fernández Bermejo llegó a decir, con gran solaz de la izquierda y refiriéndose a los populares: Luchamos en su día contra los papás de los que nos E gobiernan y no tenemos ningún temor a los hijos Este espíritu guerracivilista de Fernández Bermejo, exhibido siendo todavía fiscal en activo, ayuda a explicar su nombramiento, en el contexto de una acción de gobierno basada en el enfrentamiento y la división social, en el hostigamiento constante al Partido Popular y, más allá de siglas y partidos, a la derecha democrática española. Ningún prestigio profesional acompañó a Fernández Bermejo en su carrera como fiscal y ningún mérito digno justifica su nombramiento como ministro de Justicia, sólo el premio a los servicios prestados y a los que prestará en los próximos meses. Al contrario, su designio se perfila claramente como el fiel ejecutor de la política bronca que el Gobierno y el PSOE quieren intensificar para tapar el fracaso de esta legislatura y evitar- -según su criterio- -la desmovilización de su electorado. Con esta designación, Rodríguez Zapatero renuncia a cualquier posibilidad de entendimiento con el PP por ejemplo, para pactar la renovación del Consejo General delPoder Judicial, pero también a sosegar las relaciones con esteórgano de gobierno de los jueces y a templar el clima de tensión creado en torno al Tribunal Constitucional. Más aún, si finalmente el magistrado Pérez Tremps dimite y el Gobierno nombra a su sustituto. Además, están pendiente en el Congreso de los Diputados importantes y peligrosas reformas de la Administración de Justicia y del Ministerio Fiscal, cuya tramitación habría requerido un ministro de mayor altura intelectual y técnica. Sobre todo, una persona con cierta autoridad en el mundo de la Justicia, lo que no es Bermejo, cuyo nombramiento asegura una etapa de crispación y confrontación. Es un ejercicio de cinismo inmejorable que el mismo Gobierno que denuncia que el PP se aleja del centro y la moderación, ponga al frente de Justicia a un personaje como Fernández Bermejo. Es, también, un retrato fiel del verdadero talante delpresidentedelGobierno, quien, con estenombramiento, renueva su apuesta personal por la discordia política, la falta de respeto a las instituciones y su indiferencia hacia la división social que están provocando sus decisiones. SQUERRA Republicana de Cataluña no termina de aclararse. Inmerso en una contradicción interna que ha agotado ya hasta su propia capacidad para sorprender, este partido- -unos meses socio de referencia de Zapatero y otros no- -se ha revelado ahora como el más ferviente defensor del Estatuto catalán. A la hora de la verdad, ERC votó no a la reforma; pidió alos catalanes quela rechazaran en referéndum; dinamitó el tripartito; jubiló a Maragall; coadyuvó- -aunque no en solitario- -a la mayor crisis institucional de Cataluña en 30 años; y alimentó su victimismo alegando haber sido traicionada por Zapatero. Hace ahora un año, ERC impulsó todo este despropósito, impropio hasta del más inexperto estratega político, sólo porque el Estatuto- -el que está en vigor con ellos en el reeditado tripartito- -no colmaba sus exigencias. Y sin embargo, ahora todo se reputa falso. ERC, en su delirio de paradojas, da muestras evidentes de que el Estatuto sí es de su agrado. Hasta tal punto es así, que ha tildado la recusación de Pérez Tremps en el TC de impúdica y ha dicho que si nuestro Estatuto no cabe en la Constitución, no quedará otra vía que la soberanista Con su protección del Estatuto, lo que le garantiza más años en la Generalitat, ERC demuestra un descaro insuperable en política. Es una formación descentrada y oportunista, pero gracias a Zapatero goza de una innegable capacidad para rentabilizar sus incoherencias y hacer fortuna de ellas. MIRADAS A ARRIESGADAS IRES de modernidad soplan en el Prado. Primero, el museo pasó de ser organismo autónomo a ente público, lo que le ha dado una mayor agilidad en su gestión. Cuando su esperada ampliación entra en la recta final, de la mano de Rafael Moneo, un fotógrafo alemán de éxito se ha hecho un hueco en las históricas salas de Villanueva. Las obras de Thomas Struth cuelgan junto a Velázquez, Goya, Ribera, El Greco, Durero... repartidas por once espacios del Prado. Su director, Miguel Zugaza, quiere ofrecer otras miradas sobre su colección, guiños que asomen el Prado a la actualidad. Decisión respetable, pero también discutible: ¿qué aporta una instantánea de un cuadro de Delacroix expuesto en un museo de Tokio, frente a los Fusilamientos de Goya? ¿Y una foto de un vermeer en la National Gallery de Londres, colgado junto a un ribera? ¿Qué sentido tiene una fotografía entre retratos de corte de Velázquez? Que el Prado se muestre poroso a la actualidad está bien, pero entraña demasiados riesgos colaterales ¿Dónde está el límite? ¿Quién entra y quién no? ¿Veremos a Barceló en la galería central? ¿Debe un museo como el Prado lanzar la cotización de un artista, presente en ferias y bienales? Las galerías se frotan las manos, viendo el filón que se avecina. El gran templo del arte en España no parece el escaparate más adecuado para el mercado. DIFÍCIL MOMENTO PARA LA OTAN A misión de la Alianza Atlántica en Afganistán atraviesa momentos críticos. El ministro de Defensa de aquel país, Abdul Rahim Wardak, ha afirmado con claridad que el año 2006 ha sido el peor de todos los que han transcurrido desde la caída de los talibanes en 2001. El comandante supremo aliado, Bantz Craddock, ha pedido, en consecuencia, a los países miembros de la OTAN un aumento de su contribución militar para evitar un fracaso que sería a todas luces catastrófico para todos y para el prestigio de la Alianza. Frente a esta situación, el Gobierno español, que alberga una reunión informal de ministros de Defensa, se ha negado a aumentar su aportación a la misión, ni siquiera asumiendo un turno del mando del cuartel general, que era una aspiración del Ministerio de Defensa y que habría permitido a los altos oficiales españoles mostrar sus sobresalientes cualidades profesionales. El Gobierno se empeña en ignorar que han cambiado radicalmente las circunstancias en las que en su día basó su decisión de establecer las dimensiones de nuestra contribución a la misión en Afganistán y, como en casi todos los demás campos de nuestra política exterior, mantiene una trayectoria que nos condena a una decreciente relevancia internacional. En todos los campos de la política exterior, las posiciones españolas son ineficientes y nuestros intere- L ses estratégicos se van quedando arrinconados. En muchas ocasiones da la impresión de que aquellos que tienen que tomar las grandes decisiones sobre los asuntos internacionales- -empezando por el propio Rodríguez Zapatero- -estarían más cómodos fuera de las estructuras atlánticas, en un imposible no alineamiento o, como mucho, guardando una permanente actitud autista, sobre todo en aquello que tenga que ver con las relaciones con Estados Unidos. Aunque España cumple este año sus veinticinco años como socio de la OTAN, el Gobierno de Zapatero y muchos dirigentes socialistas parecen seguir anclados en las posiciones que tenía el PSOE antes del referéndum de 1986. Sólo así se explica la conducta del alcalde de Sevilla, socialista, que en una incoherente pirueta política es capaz de acoger al mismo tiempo en su ciudad a los ministros de Defensa de los países miembros de la Alianza- -junto a los de Afganistán, Rusia y de países de la orilla sur del Mediterráneo- -y a los grupos antisistema, que han gozado de apoyo institucional y económico del Ayuntamiento de la ciudad. La diplomacia está hecha de lenguajes sutiles y, sobre todo, de silencios. No se puede esperar que la OTAN y los demás países que realizan el mayor esfuerzo en Afganistán reprochen en voz alta la actitud española. Pero el deterioro del prestigio de nuestra posición es real.