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ABC MIÉRCOLES 7 s 2 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 83 Jardiel Poncela vuelve a las tablas con Un marido de ida y vuelta Gustavo Pérez Puig y Mara Recatero recuperan su montaje de hace veinte años J. B. MADRID. Enrique Jardiel Poncela, uno de los más populares autores del teatro español del siglo XX- -y que está en permanente estado de reivindicación- estrenó Un marido de ida y vuelta el 21 de octubre de 1939 en el teatro Infanta Isabel (unos días antes la había presentado en Barcelona con otro título, Lo que le ocurrió a Pepe después de muerto Casi medio siglo después, en 1986, Gustavo Pérez Puig (como productor) y Mara Recatero (como directora) repusieron la obra en un montaje que tuvo un gran éxito, y que ahora vuelven a poner en pie en el teatro Reina Victoria, donde se estrena mañana. Dice Pérez Puig que se trata de una comedia extraordinaria; es tan moderna como si Jardiel la hubiera terminado de escribir hoy mismo; se adelantó tanto a su tiempo que hoy está más graciosa, si eso fuera posible, que el día de su estreno Su autor definió Un marido de ida y vuelta como una farsa en tres actos Cuenta, con el ritmo desenfrenado y el humor disparatado que caracterizan a Jardiel, la historia de un hombre fallecido que, por amor, vuelve convertido en fantasma al lado de su esposa, que sin embargo se ha vuelto a casar. Jardiel llenó su obra de situaciones cómicas y de personajes prototípicos de su teatro, absurdamente lógicos, como el criado o la dama histérica. Andoni Ferreño y Abigail Tomey encabezan el amplio reparto (quince actores) de esta comedia junto con Juan Calot, José Lifante y Jordi Soler. La escenografía es de Gil Parrondo, colaborador habitual de Pérez Puig. TOROS César Rincón cuajó una faena magistral que le valió dos orejas EFE Otra soberbia lección de César Rincón en La México Salió a hombros con El Juli y con el mexicano Macías s La segunda tarde del LXI aniversario atrajo a 40.000 aficionados GUILLERMO LEAL MÉXICO D. F. Fue larga la segunda corrida del LXI aniversario de la Monumental de México. Pero, pese a los baches de tan extenso espectáculo, la gente no salió en absoluto defraudada. Y es que el colombiano César Rincón había dictado uno más de sus magisterios, que le valió dos orejas; El Juli había vuelto a desorejar a un toro en La México; y el joven Arturo Macías no quiso quedarse a la zaga y también puntuó doble con el último toro. Lo de Rincón fue otra vez soberbio. Qué manera de entregarse, de ponerse para que el toro haga, primero, lo que quiera y, segundo, para que termine haciendo lo que a Rincón le venga en gana. Con un manso de solemnidad poco pudo hacer, y encima los subalternos, en un descuido imperdonable, casi ocasionan que al maestro lo hubiese herido de fea manera: cuando se había ido ya por la espada los tres peones no fueron capaces de sujetar al animal, que obligó al colombiano a saltar la barrera. Cuando salió su segundo, también manso, Rincón lo dejó que se fuera a tablas y cuando el toro se sintió seguro, lo atacó con cabeza, decisión y mucho valor. El colombiano estuvo simplemente cumbre en un trasteo cuyos oles debieron escucharse hasta su natal Bogotá, y el eco en España. La estocada fue perfecta, recibiendo, emocionante en el embroque y por lo tanto el premio de dos merecidas orejas no podía ser otro. Cinco trofeos al final de una campaña de tres tardes en las que Rincón demostró que cuando se es tan buen torero, nunca termina uno de admirar al hombre. Lo de Julián nadie lo esperaba, pues en su anterior tarde el público le había tratado con dureza, de más, es cierto. Sin embargo Julián, más delgado, más relajado, salió a pelear a toda costa el triunfo hasta conseguirlo. A sus dos mansos les hizo faena. Al primero le dejó la muleta en la cara y lo obligó a embestir. Su segundo, bien comido, aunque de poca cara, se quedó parado; El Juli se quedó también ahí, a unos centímetros de esos pitones que también hacen daño. Su faena tuvo emoción y el público que abarrotó el tendido numerado, y casi las localidades sin numerar (alrededor de unas 40.000 personas se congregaron y rozaron el lleno de otros años) volvió a entregarle el cariño que nunca le ha perdido. Lo único triste es que esta vez Roberto Domínguez, su apoderado, convaleciente de un percance campero, no lo ha visto volver a triunfar en La México. CLÁSICA Ciclo de la Orcam Obras de Ginastera, Falcón y HaydnsIntérpretes: Orquesta de la Comunidad de Madrids Director: José Ramón Encinars Solista: Manuel Escalantes Lugar: Auditorio Nacional, Madrid La nueva expresión ANTONIO IGLESIAS Recordar a Alberto Ginastera, compositor argentino que supo elevar mucho la música de su país, excelente amigo de España, y fallecido hace unos veinte años, siempre será acogido con el interés que suscitan obras como su Pampeana número 3 un tríptico que nos recuerda su escritura sabia, compartida con un tributo a lo racial rítmico en el Impetuosamente central. Si a ello se le añade la inclusión de una página española, el Concerto para piano y orquesta del canario Juan José Falcón, obra dificilísima para el solista (el mexicano Manuel Escalante, que pu- do con octavas y staccato reiterativos, merced a una mecánica de excelente clase, sabiendo participar de un papel muchas veces concertante) y poniendo punto final a la sesión con una sinfonía, la número 52, de Haydn, cuando volvemos al reinado de la tonalidad dentro de las excelencias formales; bien puede totalizarse el subido interés que ha de serle atribuido a José Ramón Encinar. El merecido éxito de Escalante se destacó por sus grandes recursos y participó de ello el propio Falcón, subidendo al escenario a compartir los aplausos. Clarísimas las manos (sabido es que Encinar no usa la batuta) del conductor en su labor acompañante, ya se nos habían mostrado inteligentes y sensibles en la Pampeana de Ginastera, de la que logró una versión tan clara como sabiamente coloreada; esa siempre anheladaunidad conceptual se nos dio cumplidamente. Y nada digamos ante los aciertos mil, salvadas ciertas precipitaciones en el buscado virtuosismo del Presto final. Así pues, éxito merecido para todos, los profesores a la cabeza. Triunfador de la temporada Al joven aguascalentense Arturo Macías no le importó el aguacero que caía en la plaza, las malas condiciones de un ruedo que aguantó cuatro horas de condiciones climatológicas adversas, un toro que no se definía y que el público comenzaba a aburrirse, para entregarse en un último esfuerzo y erigirse como el triunfador de la Temporada Grande con su tercera salida a hombros. Cuando salió el octavo de la larga jornada, Macías no dudó en ponerse de rodillas, templarlo, mandarlo, torearlo así y de pie, para matar de una estocada efectiva y cortarle dos merecidísimas orejas. Qué fácil parece el toreo cuando se hace con verdad, con hambre y determinación. Mala fortuna tuvo Ignacio Garibay, quien poco pudo hacer con dos toros, que como el resto del encierro- -cuatro toros de Xajay (primero, tercero, sexto y octavo) y cuatro de Barralva- fueron mansos.