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56 MADRID MIÉRCOLES 7 s 2 s 2007 ABC Manuel de la Fuente EQUILIBRIOS ronto se hará necesaria la comparecencia de Íker Jiménez y todos sus contertulios de Cuarto milenio para intentar discernir qué extraño fantasma o fantasmón o qué extraña presencia del más allá se cuela en los túneles de la línea 6 del Metro madrileño y la deja fuera de combate un día sí y otro también. Conocida como la circular desde luego no hay que darle muchas vueltas para comprender que alguien le está echando mal de ojo a este trayecto, que falla más que el alumbrado público de mi calle, allá por la Ciudad Lineal. Quizá sea el llamado efecto mariposa, ése que consiste en que el aleteo de este pequeño y delicado insecto en Chile pueda provocar un maremoto en el Extremo Oriente. Porque en Madrid, este efecto se cumple. Y a rajatabla. Un pequeño e inofensivo alcance entre dos vehículos en la Nacional 6, al noroeste de la ciudad, puede originar un caos circulatorio (algo así como una tromboflebitis de la movilidad) en todo el barrio de Usera, justamente en la otra esquina del mapa de Teixeira. El equilibrio de la gran urbe madrileña es, por supuesto, un equilibrio extremadamente inestable, como todo equilibrio que se precie, por eso las costaladas son tan frecuentes. A menudo, el ritmo trepidante y las prisas nos impiden ver todo lo que está a punto de venirse abajo a nuestro alrededor. De guisa que en mi calle, ya saben, allá por Ciudad Lineal, una furgoneta de reparto aparcada en doble fila produce un atasco en todo el barrio, sin que nadie ni nada pueda impedirlo. Jugamos con fuego, lo sabemos y hasta parece que nos gusta. Luego llegan los llamados accidentes, el crujir de dientes y las excusas. Todos somos mariposas y le damos marchita a nuestras alas sin reparar en que el más mínimo batir de ellas puede levantarle el bisoñé al convecino de al lado. O quizá somos simplemente transeúntes asustados por las calles de la vida, que salimos adelante tropezón a tropezón, apoyándonos en el hombro a menudo doliente del ciudadano de al lado. Parecería increíble si no lo viviéramos cotidianamente, hora tras hora, minuto tras minuto. Partiendo del caos más absoluto nos hemos instalado en el hostil territorio del despropósito. Pero que ahí nos las den todas. P El escritor y premio Nobel Ernest Hemingway y el actor Spencer Tracy fueron algunos de los asiduos a su barra ABC La catedral de los cócteles En su barra se acodaron personalidades como Ernest Hemingway, los duques de Windsor, Spencer Tracy, Gary Cooper o Ava Gardner. Floridita, el mítico cóctel- bar de La Habana abre ahora sus puertas en Madrid siguiendo el ejemplo de Londres y Moscú POR MABEL AMADO MADRID. El premio Nobel Ernest Hemingway inmortalizó su mítico Daiquiri helado en la novela Islas en el golfo Mientras, otras personalidades del mundo del arte, la música, el cine, la moda o la literatura tomaron ejemplo y se acodaron en su barra para disfrutar de cócteles caribeños y puros habanos al son de la música cubana más auténtica. Floridita, el cóctel- bar más famoso de Cuba, en La Habana Vieja, ha escrito historia social y literaria desde su primer y originario local, La Piña de Plata Vinculado a la llegada del hielo a la isla, ahora, más de un siglo después, surca de nuevo el océano para instalarse en Madrid, siguiendo el ejemplo de Londres, Moscú y Dublín. De la mano de Sol Meliá y Havana Holdings, Floridita ha cobrado vida en el número 3 de la calle de Diego de León, en pleno barrio de Salamanca. con más de 25 tipos de daiquiris y otros tantos mojitos refrescantes. No en vano, Floridita se considera la cuna- -e incluso la catedral -del daiquiri con nombres como el Frozen Daiquiri o Daiquiri helado el Daiquiri Vino Helado el Mocha Mulata o el Mojito de té de manzana Pero antes de lanzarnos a la degustación, demos una vuelta por el local, distribuido en varias áreas. Además de la zona de restaurante, la barra, la sala de fumadores y un salón, se ha habilitado una pista de baile y dos salas más que permiten la recreación de distintos ambientes según lo requiera la ocasión. Sin embargo, quien haya pisado el Floridita original de La Habana, con su decoración de estilo British Regency, su cuidadosa carpintería, las fantásticas lámparas y las pinturas de sus paredes, comprobará cómo el local de Madrid ha sabido fusionar la magia de los años cincuenta con un ambiente actual y cosmopolita. Al igual que el local de la ciudad de Londres, Floridita Madrid tendrá cuatro pilares destacados: la música, la gastronomía, los puros y, por supuesto, los cócteles. Comencemos por la música, una marca de la casa. Para recrear los sonidos y bailes caribeños, las mejores bandas de la isla se darán cita de forma continua en su pista. Entre ellas destaca Buena Fe una formación estrella en la isla de Cuba que evoca el son, la rumba, el reggae e, incluso, un pop diferente. ra ofrecer una cocina actualizada. Así, dentro de ese menú ecléctico pero armonioso, cobrará protagonismo la langosta traída de Cuba y servida de tres formas diferentes: en una parrilla al carbón, salteada con tomates y finas hierbas o al modo clásico Thermidor. Terminada la comida, pueden pasar al salón de fumar. Allí se respirará el aroma de los mejores habanos- -distribuidos por La Casa del Habano, otro colaborador en este proyecto- -realizados por excelentes maestros torcedores. Pero si prefiere rememorar a Hemingway, escoja un buen lugar en la barra y disfrute con cualquiera de los daiquiris o mojitos del local. Todos llevan el legado de El Constante aunque nuevos mixólogos- -elaboradores de cócteles- -hayan reelaborado o inventado nuevos combinados. Y recuerden, cuando traspasen la puerta y la atmósfera caribeña les envuelva, olviden las prisas, noseestresen ydisfrutencon el son cubano, el aroma de los habanos y la maestría coctelera... Langosta de Cuba Otro pilar de la cultura cubana es la gastronomía. Aunque resultado de la interacción de las influencias española, africana y asiática, el local de Madrid combinará los sabores clásicos cubanos con toques latinos pa- Más de un siglo de historia entre piratas y corsarios La historia de este mítico local se remonta a finales del siglo XIX, cuando La Habana era una ciudad de poco más de 84.000 habitantes protegida del asedio de piratas y corsarios por una muralla. Por una de sus puertas, la de Montserrat, comenzaron a entrar los primeros cargamentos de hielo. Y allí mismo se instaló un establecimiento que ofrecía zumos de frutas, batidos y bebidas con alcohol bien refrigeradas. Su nombre: La Piña de Plata, aunque pronto cambió por el ahora internacional Floridita debido al cada vez mayor Daiquiri helado Desde este emplazamiento, y sin olvidar sus orígenes, el local sigue los pasos de su homónimo de Londres y recrea la atmósfera de La Habana Vieja con tintes modernos y cosmopolitas. En total, son cerca de 300 metros cuadrados con un aforo de 200 personas y siete ambientes diferenciados donde el visitante podrá disfrutar número de visitantes de Estados Unidos que atravesaba la península de Florida. En este local las frutas, el ron, la ginebra, el vermouth o el coñac fueron combinándose para dar vida al antecedente de los clásicos cócteles. Pasó el tiempo y en 1910 incorporó una zona de restaurante- -con el chef francés Lapont- -y su barra se encargó a un inmigrante español conocido como El Constante Su dedicación y creatividad en la preparación de combinados convirtieron a Floridita en la cuna del daiquiri y uno de los locales más célebres del mundo. No en vano, en 1953, el Esquire Magazine lo reconoció como uno de los siete mejores bares del mundo y pronto se convirtió en visita obligada de artistas, políticos, literatos, músicos...