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ABC MARTES 6 s 2 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA BANDERA DE LA LIBERTAD ON lógica cabal, el Foro de Ermua ha recordado a los socialistas la sencilla manera que tienen a su alcance para evitar esa patrimonialización de la bandera y el himno de España que tanto parece preocuparles: usándolos en sus actos y manifestaciones como emblemas de la defensa de la libertad y la igualdad de los ciudadanos españoles. De cajón. Símbolos constitucionales para los valores de la España constitucional. Que por no ser de nadie, son de todos... de todos los que creen realmente en esos valores sobre los IGNACIO que se levantó nuestra reCAMACHO fundación democrática. Ahí les duele la impostura. Porque no hay más que ver la carita que pone Zapatero en las (escasas) ocasiones en que se ve obligado a participar en protocolos militares u oficiales con el correspondiente aparato de simbología ceremonial. Se le nota el cartón, se palpa su incomodidad, su rigidez, su engorro. Los dirigentes de este nuevo PSOE adanista- -Felipe dixit- -y tardoprogre tienden a creer que estas cosas de los símbolos del Estado pertenecen al pacto forzoso que la izquierda hubo de aceptar en una Transición dirigida por el franquismo residual, y que en el mejor de los casos forman parte de una parafernalia propia de los partidos de fútbol. Ellos como se sienten a gusto es bajo los compases de la Internacional y detrás de la enseña republicana, esa rancia antigualla tricolor que lucía, bien visible y a tamaño XXL, en la marcha por la paz del 13 de enero. Eso sí, cuando van a Cataluña se ponen firmes con mucho respeto al sonar Els segadors vibrante y pacifista himno en el que se insta a cortar cabezas a golpes de hoz. Quizá el aspecto más negativo del zapaterismo sea que ha devuelto a la socialdemocracia española a la mentalidad previa al pacto de la transición, saltando por encima del pragmatismo patriótico que, con todos sus defectos, supuso la etapa gonzalista, y recayendo en lo que Lenin- -otro pragmático- -llamó la enfermedad infantil del izquierdismo. Esta gente considera el himno y la bandera un vergonzante asunto del facherío, como si los hubiese inventado Franco, y el mismo concepto de nación española les parece una cuestión reaccionaria, un resabio carca, una reliquia retrógrada. En esa supuesta modernidad tan pueril han disuelto la idea de la nación como garante de la igualdad, y dado cuerda a un identitarismo a la carta, un confederalismo fragmentario que prima los derechos de los territorios sobre los de los ciudadanos. Eso sí que es reaccionario, pero para saberlo hay que estudiar un poco de Historia. Frente a ese disgregacionismo involucionista, los emblemas del Estado están ahí como símbolo del amparo de la libertad de todos. Para evitar que alguien se los apropie lo que procede no es liarse a banderazos, sino asumir y generalizar su uso sin complejos y con naturalidad cívica. Eso se llama patriotismo constitucional, y trata de algo llamado España. C LA LEY SECA DEL ZAPATERISMO N el mejor momento vitivinícola de nuestra historia, al Gobierno se le ocurre una ofensiva formal contra el vino. Es como la LOGSE: en el punto más intenso en la necesidad de mayores conocimientos, la ley decidió propagar la ignorancia pupitre a pupitre, aula por aula. Habrá causado alarma en La Moncloa que los vinos españoles cada vez tengan más prestigio y compitan mejor. Vamos de tan buena embocadura que ha llegado la hora de aplicar una ley seca por fases. Al republicanismo cívico, tan austero como la entelequia krausista, los sommeliers se le antojan el abogado del diablo. Acabemos con el pecado antes de que incluso los vinos blancos españoles alcancen el don de la perfección. Multemos la pasión por el vino en el momento en que los nuestros son de cada vez mejores. Con el Gobierno de Rodríguez Zapatero hemos llegado a un extremo anunciado por Jardiel Poncela: para hacer una vida higiénica que beneficie a la salud hay que tener una salud a prueba de bomba. Demonizaron el aceite de oliva y ahora todo vale con la dieta mediterránea. Cuando nos dimos cuenta de lo sano que era el aceite de oliva, ya VALENTÍ lo estaban embotellando los italianos. PUIG A este paso, después de alertarnos de todos los males que conlleva el consumo de whisky, acabaremos finalmente por tener que comprar el scotch como medicina, en las farmacias, entre estantes con jarabes de gárgaras, desodorantes y preservativos. Lo mismo va a ocurrir con el vino. Felipe II se recuperó de algunos achaques precisamente gracias al vino. En una peculiar encrucijada, la sanidad pública opta por priorizar el combate contra los males del vino y dejar para otro día los horrores de la heroína, el hachís o la cocaína. A modo de primera respuesta, las organizaciones agrarias piden al Gobierno que se mantenga la consideración del vino como producto alimentario y no como bebida alcohólica. El sentimentalismo puritanista programa gran parte de nuestras vidas: nos obliga a fumar en la calle como animales rabiosos, critica las mega- hamburguesas, amaga con prohibir los toros. La Ley de medidas sanitarias para la protección E de la salud y la prevención del consumo de bebidas alcohólicas por menores tiene la autoría de la generación que del prohibido prohibir ha pasado a tutelar los pasos ajenos con un paternalismo demagógico. Son la nueva clase la que programa museos con pintura que prácticamente no gusta a nadie y contrata montajes de ópera en los que donde originalmente había un trono hoy se sitúa una letrina. Tampoco tomarse unas cañas es lo más saludable. Quizá porque el introductor de la cerveza en España no fue un intelectual republicano del Quebec, sino Carlos V. De vez en cuando, la consumía por litros. Según los historiadores, al retirarse a Yuste incluso se hizo acompañar por su cervecero flamenco. Amadeo I de Saboya se bebía unas jarras cuando iba por las tertulias del café Fornos. Siglos de historia van a evaporarse por ley. Protección al menor, desde luego, pero que no coarten la dulce libertad de los adultos. Tanto proteccionismo sanitario comienza a dañar trazos de una cultura que concentraba en torno a la caña de cerveza las maneras sociales de una convivencia encomiable. Esas leyes secas cierran unas puertas, pero no abren otras. ¿Hacen falta leyes que cambien las costumbres o leyes que se adapten a la costumbre? En el venerable silencio de las bodegas, miles de barricas resguardan el aroma de esos vinos españoles que van entrando en los mercados mundiales. Es un silencio que pronto cesará al aparecer el panzer legislativo de la ministra Salgado. Uvas sutiles, esquejes refinados, potencias aromáticas, sabores delicados: cuántos siglos de gloria y paciencia para llegar a esos caldos benéficos que son los vinos españoles de hoy. Después de ejecutar al zar Nicolás II y los suyos, el pelotón bolchevique descubrió una bodega con miles de botellas de jerez español. De haberlo encontrado antes del magnicidio, seguramente la revolución soviética no hubiese ido adelante. Ese precedente explica que el zapaterismo vaya casi directamente a por las bodegas, las cepas y los secretos de la enología. Nada importa dar esa ventaja a los vinos franceses, californianos, neozelandeses o surafricanos. vpuig abc. es