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76 LUNES 5- -2- -2007 ABC CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo El regreso de los astronautas Esta semana la NASA ha rememorado sus tres tragedias mayores, distantes en años, pero muy seguidas en el calendario: el 27 de enero (de 1967) murieron tres astronautas del Apolo 1; el 28 de enero (de 1986) se perdieron las vidas de los siete tripulantes del transbordador Challenger, y el 1 de febrero (de 2003) las de los siete tripulantes del Columbia. Esta última desgracia estaba muy fresca cuando la agencia norteamericana tomó la decisión de lanzar sondas no tripuladas a Marte. Hizo falta que todo un Hubble precisara de una intervención a vida o muerte, para que se volviera a hablar de mandar seres humanos al espacio. ¿Y a Marte? Los optimistas creen que en una década... 6 de agosto de 2004: Opportunity atraviesa el cráter Endurance, cuyas dunas son ricas en hematites Tres años no son nada Lanzados para una misión que iba a durar tres meses, los robots Spirit y Opportunity han desbordado todas las expectativas de la NASA ANNA GRAU NUEVA YORK. Parece que fue ayer, pero ya hace tres años. La Mars Rover Spirit se lanzó el 10 de junio de 2003 y llegó a Marte el 4 de enero de 2004. La Mars Rover Opportunity dejó la Tierra el 7 de julio de 2003 y se posó en el planeta rojo el 25 de enero de 2004. Aunque la NASA conserva imágenes del equipo de la misión emocionándose hasta las lágrimas cuando las dos sondas alcanzaron su destino, en principio se trataba de un objetivo modesto: que los dos robots resistieran tres meses. Tres años después, y con el proyecto prorrogado almenos hasta septiembre de 2007, decir misión cumplida es decir poco. Steve Squyres, profesor de Astronomía de la Universidad de Cornell, codirector del proyecto con Peter Theisinger, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, es de los primeros en admitir que el triunfo de las Mars Rover se debe en parte al buen hacer, y en parte a la buena suerte. La historia de estos dos robots comprende episodios de gran gallardía e ingenio, como cuando Opportunity se quedó El proyecto Mars Rover pasará a la historia por su relevancia en la caza y captura de numerosos indicios geológicos de un pasado húmedo- -no necesariamente sostenido- -en Marte, así como de la observación de tormentas de arena, acción meteórica, etc. La llegada del Opportunity al gigantesco cráter Victoria tuvo algo de llegada a la Tierra Prometida, como proclamó la NASA, orgullosa. Entre sus tareas recientes, destaca el rastreo de las huellas de anteriores misiones no tripuladas en Marte, así como reportar el intento- -hasta ahora fallido- -de aclimatar una bacteria en el planeta que por ahora es el más firme candidato a albergar vida que se conoce. Creciendo juntos Pero la singularidad de esta misión, más allá de la espectacularidad de los datos obtenidos, es que los robots y los humanos que los manejan desde la Tierra han crecido juntos. Juntos han aprendido a vencer los obstáculos y a abrirse paso en un medio hostil. A medida que el futuro y las ambiciones de las sondas se ensanchaban, se hacían también mayores sus retos. Superarlos ha significado toda una carrera espacial en sí misma. Hubo que aumentar, por ejemplo, la memoria disponible para evitar una sobrecarga de datos que hiciera inviable la transmisión. Hubo que cruzar los dedos y esperar que los ro- Microscópicos granos de hematites, minerales que denotan la presencia de agua en el pasado bloqueado días y días frente a una duna de arena, que los científicos simularon en la Tierra, para desarrollar una técnica que permitiera apartar la arena y avanzar. Junto a este logro, situaciones más chuscas: para tres meses que los Mars Rover iban a estar en el convento, a nadie se le había ocurrido dotarles de artilugio alguno para asear sus espejos. Ya era triste que las sondas sacaran pecho para nada, si el polvo las iba a cegar de todos modos... Menos mal que el viento solar vino en ayuda de la ciencia, restaurando una visión diáfana.