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ABC LUNES 5 s 2 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 73 CLÁSICA Christophe Rousset Obras de J. S. Bach, C. Ph. E. Bach, W. F. Bach. Intérpretes: E. Jacques (violonchelo) Jocelyn Daubigney (flauta) Christophe Rousset (clave) Les Talens Lyriques. Director musical Ch. Rousset. Lugar: Auditorio Nacional de Música. Madrid Frío ANDRÉS IBÁÑEZ Siempre he admirado a Christophe Rousset como clavecinista, pero sus Talens Lyriques me han resultado decepcionantes. A lo mejor era, simplemente, que no tenían una gran noche. Y además en la cafetería del Auditorio se les había estropeado el molinillo de café, con lo cual era o dedicarse al licor o tomarse un Nescafé de sobre. En España todavía no se saben incluir los pequeños placeres de la repostería en los grandes placeres del arte como se hace en otros lugares: miren, por ejemplo, el gran invernadero novecentista del Covent Garden. Pero volviendo al conjunto: el sonido no era tan inmaculado como uno cabría esperar, y en los tiempos rápidos había mínimos desajustes y también Mercé Aranega, ante el escenario del teatro Bellas Artes JAIME GARCÍA Sin verdad, no somos más que actores detrás de un personaje Mercé Aranega s Actriz, protagonista femenina de La cabra El montaje de La cabra, o ¿quién es Sylvia? en el teatro Bellas Artes ha devuelto a Madrid a una actriz barcelonesa, Mercé Aranega, que mantiene un electrizante duelo interpretativo con José María Pou beza. Durante esos veintiún días desayunaba, comía y dormía con el texto, y por la noche soñaba también con la función. No existía otra cosa Pero Mercé Aranega no se lleva el personaje a casa más que en el período de ensayos. Durante las funciones lo deja en el camerino. Actuar es jugar; yo juego a ser una reina, una mujer afilada, pero nada más La naturalidad, la verdad, son la columna vertebral de la interpretación para la actriz. Hay que conseguir que todo sea creíble. Yo soy de las que cree que se puede incluso traicionar a un personaje si consigues que sea más de verdad. Al fin y al cabo, nosotros le prestamos la voz, la cara, el cuerpo... En caso contrario, lo que verás sobre el escenario será a un actor persiguiendo a un personaje, que nunca se deja coger. Hay papeles muy escurridizos. Pero si lo haces de verdad, aunque no sea exactamente como parece que es, va a colar y el público se lo va a creer; y eso es el teatro, contarle a los espectadores una historia y que ellos se la crean En La cabra Mercé Aranega encarna a Stevie, la esposa de Martin, un acreditado arquitecto que se enamora de una cabra. La actriz mantiene con José María Pou (Martin) un apasionante duelo de esgrima verbal a lo largo del segundo acto. Mi personaje es un auténtico bombón, un papel espectacular. Stevie es una mujer muy inteligente, brillante como su marido; los dos juegan constantemente con el lenguaje y existe entre ambos, además del amor, una gran complicidad. Es un personaje maravilloso, uno de los mejores papeles femeninos con los que una pueda encontrarse Insiste Mercé Aranega en que siempre hay que interpretar desde la verdad; Stevie está viviendo una verdadera tragedia, pero la situación y los diálogos hacen que el público se ría; ocurre como con los payasos, que viven por dentro un drama pero hacen reír. El actor no puede caer, sin embargo, en el tono de comedia. Eso en este personaje está muy definido desde el principio, y ahí está su principal reto, en mantener el equilibrio. A mí, de todos modos, me gusta trabajar al borde del filo, ahí es donde está la grandeza Sobre las razones del éxito que la función está teniendo, dice Mercé Aranega que La cabra es una obra maestra; lo reúne todo. Desde un punto de vista formal, es una obra totalmente clásica, con carpintería de alta comedia: planteamiento, nudo y desenlace. Sin embargo, los elementos que la llenan no tienen nada que ver con ese clasicismo. Y ése es uno de los motivos de su éxito Más información sobre la obra: http: www. teatrobellasartes. es mínimos desequilibrios del tempo, que no por mínimos son menos molestos cuando lo que uno propone es, precisamente, la precisión de relojería en velocidades de vértigo. Hace frío en el Auditorio, las señoras no se quitan el abrigo y el propio Rousset se frota las manos en un cierto momento. No sabemos si el violonchelista Emmanuel Jacques es limitado en su expresividad o es que su expresividad es historicista En cuanto a la flauta de Jocelyn Daubigney, que tiene una tendencia a apresurar todas sus frases, apenas se oye. Yo pido perdón por ser tan bruto y no extasiarme ante una flauta barroca, pero es como escuchar un concierto para flauta remota y orquesta, una experiencia casi subliminal. Lo más bonito, el concierto de Bach para clave BWV 1052, con un movimiento lento en el que Rousset, según expresión de Cervantes (y de todo el mundo) hace hablar a su instrumento en una intensa, personal confesión. Pero puestos a ser historicistas ¿por qué nadie se atreve, por ejemplo, a improvisar el Adagio del Brandenburgo 3, que sólo existe de nombre, de acuerdo con lo que sería habitual en tiempos de Bach? Digámoslo con un término musical: no hay bemoles. TEATRO Café de Chinitas Autor: Jacinto Esteban, con textos de los hermanos Álvarez QuinterosDirección: Ramón BallesterossEscenografía: Luis JiménezsIntérpretes: Ch. Reina, M. Valverde, T. River, C. Vargas y E. Santamaría. Lugar: Teatro Muñoz Seca. Madrid. JULIO BRAVO MADRID. Tiene Mercé Aranega un extenso currículum teatral, especialmente en su Cataluña natal. Hace unos meses conquistó al público madrileño con su papel de Mary en el montaje de El largo viaje hacia la noche dirigido por Álex Rigola en la Abadía. Ahora brilla cada noche dando la réplica a José María Pou en La cabra, o ¿quién es Sylvia? uno de los espectáculos más deslumbrantes de la cartelera madrileña actual. Mercé Aranega no pudo ver la obra en Barcelona, donde estuvo varios meses en cartel con un reparto diferente (sólo José María Pou, también su director, estaba en él) Tras decir que sí, tuvo únicamente veintiún días para aprenderse el texto- -su papel es muy extenso- -y los movimientos. Me cuesta ponerme en marcha, pero cuando lo hago me tiro de ca- Copla y bandera JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Copla y bandera se llamó uno de los espectáculos de éxito que paseó por los escenarios españoles la gran Lola Flores y bien podría servir de enseña a este manojo de teatro y canciones que, con la copla por bandera, recrea la historia del legendario Café de Chinitas. Éste es un espectáculo sencillo y de proporciones modestas que asegura un buen rato a los amantes de la denominada canción española. Su leve estructura dramática arranca con la puesta en venta del local donde se alzaba el renombrado establecimiento creado en 1857 y cuyo nombre de debía, al parecer, al tal Chinitas, apodo de un transformista retrechero nacido en Aragón y llamado Gabriel López. El lugar, que cambió su denominación por la de Salón Royal en 1920 y fue clausurado en 1937, era un café cantante con reminiscencias golfas y durante años se mantuvo como referencia del flamenco cabal. La mencionada venta del local, por el que se interesan diferentes personajes, da pie a una recreación de la historia del Café de Chinitas y a una sucesión de breves cuadros dramáticos y números musicales de estupenda factura. El día que nací yo La bien pagá La Salvaora y otras muchas coplas levantan el vuelo muy bien cantadas por Charo Reina, Eva Santamaría y Carlos Vargas, que se multiplican en diversos papeles, como Máximo Valverde- -que encarna con buena planta y buen decir al dueño del local, ejerce de rapsoda y da la réplica a Charo Reina en El cuartito de hora cuadro de los hermanos Álvarez Quintero en clave, lógicamente, de gracia andaluza- -y el desbordante Toni River, que recupera las esencias del género de variedades y, entre otros cometidos, da vida con deliciosa picardía y notable capacidad de comunicación con el público al transformista Chinitas. El espectáculo no defrauda a los aficionados a la copla. Quien firma estas líneas lo vio un sábado por la tarde a teatro lleno y con el público feliz, cómplice y con sus expectativas de pasárselo bien más que cumplidas. Lo que no es mala cosa.