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ABC LUNES 5 s 2 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL PODER DE LAS MIL CARAS N la novedosa interpretación del republicanismo cívico que viene haciendo el Gobierno de Zapatero, la clave del mantenimiento del poder parece consistir en el desparpajo necesario para sostener al mismo tiempo una tesis y su contraria. Naturalmente, ese equilibrio de cínica ambigüedad sólo puede ejercitarse desde la izquierda, beneficiaria de un doble rasero moral instalado en el subconsciente colectivo del electorado español con tanta firmeza como la convicción de que el liberalismo o la derecha han de ser sometidos a un implacaIGNACIO ble escrutinio de coherenCAMACHO cia. Cualquier posición de sedicente progresismo cuenta de antemano con un beneplácito general que le exime de la prueba de las contradicciones, y le facilita la ocupación de un generoso espacio político. Así, resulta perfectamente posible combinar la retórica de unidad antiterrorista con la práctica excluyente del diálogo con los asesinos y sus cómplices. O increpar a Ibarretxe en Bilbao mientras se le abre en Madrid la puerta de Moncloa. O apiadarse del sufrimiento de las víctimas al tiempo que se trata de aliviar la pena de sus verdugos. O exhibir gran consternación ante un atentado y desentenderse de la honra a los muertos causados por el crimen. U organizar una marcha por la paz y ausentarse de otra por la derrota de ETA. O proclamar la fortaleza del Estado constitucional y acelerar su deconstrucción a través de las reformas estatutarias autonómicas. O exaltar la solidaridad en el reparto del agua y cancelar los trasvases que lo garantizan. O subvencionar los cultivos del tabaco y la vid y elaborar leyes para arrinconar su consumo. O encumbrar el laicismo en la vida pública y fomentar los cultos musulmanes. O combatir la corrupción en Telde y Andratx y permitirla en Marbella o Ciempozuelos. Todo cabe en un discurso omnicomprensivo e indeterminado, cuya anfibología conceptual queda recubierta por la máscara exculpatoria del talante, el diálogo, la tolerancia y otros mantras genéricos e indoloros. La última manifestación, por ahora, de esta fabulosa ambivalencia ha ocurrido en Sevilla, donde el Gobierno se dispone a acoger una cumbre de la OTAN mientras financia, a través de un Ayuntamiento socialista, encuentros y manifestaciones contra dicha reunión y aloja en dependencias oficiales a centenares de militantes antiglobalización a los que entretiene con recitales subvencionados de algún cantautor cubano. Al tiempo, un delegado del Gobierno igualmente socialista ha organizado un espectacular dispositivo de seguridad que como primera providencia ha tomado como rehenes a miles de ciudadanos en férreos controles de tráfico. De este modo, atendiendo a la vez a la OTAN y a sus objetores, el partido al mando se asegura por partida doble el éxito de la convocatoria y de su contestación. Y no pasa nada. Salvo que la derecha sigue sin aprender cómo se manejan con desenvoltura los recursos del poder al servicio de su propia lógica. E SI ES QUE SOIS UNOS FACHAS... HORA resulta que enarbolar la bandera rojigualda o hacer sonar el himno nacional en una manifestación que reclama la derrota del terrorismo constituye- -López Garrido dixit- un gesto de utilización sectaria y partidista de los símbolos de todos Esto me recuerda una anécdota que me sucedió de niño, cuando empezaba a frecuentar la biblioteca pública de mi ciudad. En un anaquel descubrí hasta media docena de ejemplares repetidos del Quijote que criaban polvo, sin que nadie se dignase tomarlos prestados. Un día me decidí a llevarme uno de aquellos mamotretos a casa. Cumplida la fecha de su devolución, pedí al bibliotecario que me permitiera renovar el préstamo por otros quince días. Pero el bibliotecario me abroncó muy airadamente, reprochándome el intento de monopolizar la obra de Cervantes y de evitar que los demás socios de la biblioteca pudieran disfrutarla. Mohíno y avergonzado, le señalé al bibliotecario el anaquel donde los otros cinco tomos repetidos del Quijote seguían criando polvo: JUAN MANUEL Pero si hay Quijotes de sobra... balDE PRADA bucí. Nada, nada- -me reprendió el bibliotecario- No me vengas con disculpas. No puedes pretender apropiarte de una obra que tiene que estar a disposición del resto de socios Del resto de socios que no pensaban leérsela nunca o que la despreciaban concienzudamente, olvidó precisar. Uno tenía entendido que para confeccionarse una bandera de España le bastaba con entrar en una tienda de tejidos y pedir que le cortaran un par de metros de tela rojigualda. Pero las declaraciones lastimadas de López Garrido nos desvelan que sobre estos símbolos de todos como sobre el lince ibérico, pesa una orden rigurosísima de protección. ¡Acabáramos! Ahora se entiende por qué en ciertas manifestaciones convocadas o jaleadas por la facción gobernante abundan tanto las banderas con una franja morada; no se debe- -como los fachas malpensados habrán sin duda deducido- -a que en tales manifestacio- A nes participen, con el beneplácito de la facción gobernante, individuos refractarios al régimen político consagrado en nuestra Constitución, sino más bien a un muy patriótico anhelo de preservar la bandera rojigualda, que es especie textil en peligro de extinción. Ahora se entiende también que la facción gobernante, cuando se hallaba chupando banquillo, reaccionase con tanto alboroto cuando se izó provocadoramente en la madrileña plaza de Colón aquel banderón con los colores de la enseña nacional. ¡Hace falta ser sectario y partidista para semejante dispendio! Los participantes en la manifestación del sábado eran un hatajo de fachas irredentos. Sólo a unos fachas irredentos se les ocurriría invocar la unidad de los españoles en una manifestación que reclama la derrota del terrorismo; sólo a unos fachas irredentos se les ocurriría pensar que la derrota del terrorismo es una aspiración noble y patriótica. La derrota del terrorismo- -a ver si nos enteramos de una maldita vez- -es una solución autoritaria, una pretensión dictatorial. López Garrido lo ha dejado bien claro, con pregunta retórica digna del sapientísimo Goebbels: ¿Quién ha utilizado los símbolos nacionales en la Historia de España, apropiándoselos para combatir? Los fachas, y nadie más que los fachas; quienes participábais en la manifestación del sábado- -acusa tácitamente López Garrido- -no sois más que los hijos y los nietos de aquellos fachas antañones que derribaron la Segunda República. Hemos de deducir, aceptando el paralelismo establecido por López Garrido, que los terroristas a quienes ahora pretendéis combatir son los herederos de aquella República. La bandera rojigualda y el himno nacional, queridos fachas, no son vuestros. Pertenecen a quienes se avergüenzan de mostrarlos, a quienes prefieren arrumbarlos en el desván del olvido, a quienes cada día los esconden y evitan, los escarnecen e injurian. Esos símbolos, como la nación a la que representan, sólo pueden usarlos ya- -como trapo de cocina o felpudo- -quienes odian a España, entregada en bandeja de plata para que la troceen a placer. Amar a España, como derrotar al terrorismo, es pretensión de fachas recalcitrantes.