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ABC DOMINGO 4 s 2 s 2007 Hacia un nuevo proceso s Las víctimas ESPAÑA 21 Fue casi siempre de los que estaban detrás y sólo una breve temporada fue concejal en San Sebastián. El socialismo vasco perdió para las instituciones públicas un magnífico y mordaz polemista, pero ganó, en la vida intrapartidaria, un jurista excepcional y un influyente y reflexivo militante que no ocultaba jamás lo que pensaba. Se opuso a la integración de Euskadiko Ezkerra en el PSOE, no mantuvo relaciones complacientes con el sector más vasquista del PSE, no le importó tampoco defender en el País Vasco a policías, guardias civiles y policías autónomos acusados por radicales del entorno de ETA. En algunas ocasiones envió mensajes o se reunió con personas próximas a la banda buscando vías para el fin de la violencia, pero los propios documentos de ETA reflejan que Fernando Múgica pretendía la tregua, pero no quería aceptar las reivindicaciones de los terroristas. Un hombre valiente Seguramente todo esto es lo que Aguirre Lete, el ordenante del asesinato, el que facilitó a los pistoleros la información necesaria, es lo que quería asesinar matando a Fernando Múgica: el significado, en el torturado País Vasco, de un socialista español que se tragaba el miedo para defender la libertad, la Constitución, que jamás mostró complejos ante el nacionalismo. Un hombre, además, que sonreía, reía y miraba el mundo con sentido del humor. Hoy, en el cementerio donostiarra de Polloe, la familia y los amigos recordarán a Fernando Múgica Herzog con la ofrenda floral, las oraciones, el kaddish y la palabra. La familia Múgica se ha convertido hoy, en el País Vasco, en un referente de la lucha contra ETA, de la negativa a la negociación con la banda, de la defensa de la libertad. El año pasado, en el mismo acto en memoria del asesinado, su hijo José María pidió la derrota definitiva y sin paliativos de ETA Su hermano Rubén, uno de los portavoces del Foro de Ermua, escribía con motivo del juicio a los asesinos que ha de haber vencedores y vencidos, porque sólo de tal forma se hará justicia con los asesinados, y porque será así cómo la sociedad española seguirá proclamando su decencia Quizá en la memoria de algunos de los que hoy se concentren como cada año en el cementerio de San Sebastián esté, junto a Fernando, aquella casa familiar que se llamaba, en euskera, Mi patria Porque, a la postre, la patria está en la familia y en la libertad. No basta la paz a secas y sin adjetivos- -dicen los Múgica- sólo la libertad nos hará iguales La viuda de Fernando Múgica, acompañada de sus tres hijos, el día en que fue juzgado el pistolero García Gaztelu, Txapote EFE La memoria de los Múgica Se cumplen once años desde que el pistolero de ETA Francisco Javier García Gaztelu, Txapote asesinó, de un tiro en la nuca, a Fernando Múgica. Sus compañeros y amigos le rinden hoy homenaje en el cementerio de San Sebastián. ristas más tarde al encontrarse con la Policía Autónoma, que no disparó. Aquel día, aciago como tantos en el País Vasco, el presidente González estaba en Rabat. Se enteró del asesinato de su amigo (le apoyó en Suresnes, aunque la relación de Múgica era mejor y más intensa con Alfonso Guerra) en la escalerilla del avión, ya de vuelta. El lendakari Ardanza, en Bruselas, inaugurando la nueva oficina de representación en Europa del Gobierno vasco. Como una maldición, cuando pretendía dar una imagen de europeismo en la capital belga, llegaba la persistente noticia de que los valores europeos eran una y otra vez vulnerados brutalmente por el terrorismo. Ni la cálida brisa marroquí ni el gélido frío de Bruselas podían disimular la realidad: ETA estaba en plena campaña de ataque a los representantes de los partidos constitucionalistas en el País Vasco. rante la dictadura. El trío formado con su hermano y José María Benegas, junto a un pequeño puñado de personas, fueron el soporte del partido, tanto en la actividad clandestina como en el fundamento intelectual del proyecto. En su despacho, antes y después de la muerte de Franco, se defendía y se daba soporte jurídico a socialistas y sindicalistas de UGT. En la casa familiar de Igueldo- -que se llamaba Nere Aberria (Mi patria) -ondeaban siempre la ikurriña y la bandera de Israel. Impulsor del PSE Gaztelu, Lasarte y quienes les ayudaron obedecían una orden del dirigente etarra Juan Luís Aguirre Lete, que sabía bien lo que quería simbolizar con aquel asesinato, ya intentado sin éxito el día anterior: un modo de entender el País Vasco que se basaba, más allá de las convicciones socialistas de Múgica, en la Constitución y en la libertad. Fernando Múgica había sido un militante antifranquista, hijo de padre comunista y de madre judía, baluarte de la reconstrucción del Partido Socialista en Guipúzcoa du- Germán Yanke Fue él José María Múgica, hijo de Fernando, asesinado por ETA hace ahora once años, no tuvo duda al identificar en la Audiencia Nacional al asesino de su padre, Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote Lo hizo el 6 de febrero de 1996, en el centro de San Sebastián, junto a su despacho de abogado, de un tiro en la nuca mientras otro terrorista, Valentín Lasarte, cruzaba para cubrirle al otro lado de la calle. Mientras huían, el abogado socialista se desangraba en la acera junto a su hijo. Una empleada de una tienda cercana miraba la escena paralizada y Txapote le gritó: Deja de mirarme o te pego un tiro Algunos tiros efectuaron los terro- En su casa familiar, llamada Nere Aberria mi patria siempre ondearon la ikurriña y la bandera de Israel Defendía un País Vasco en libertad, y por ello el dirigente etarra Aguirre Lete ordenó que lo mataran La familia Múgica se ha convertido hoy en un referente de la negativa a la negociación con ETA