Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 4 s 2 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA HACE FRÍO EN ERMUA RMUA era una palabra mágica, un conjuro, el abracadabra democrático que convocaba a los ciudadanos decentes en defensa de su libertad amenazada. Ermua era el símbolo de un punto de no retorno, el del delirio etarra en su máximo grado de barbarie y crueldad y el de la determinación de una sociedad dispuesta a rebelarse contra el conformismo. Desde aquel trágico verano del 97, todos los senderos de la libertad, todas las ideologías y todos los credos del pensamiento libre confluían en Ermua como anIGNACIO te un altar cívico donde CAMACHO las víctimas guardaban como vestales el fuego sagrado de la resistencia. Ermua significaba la refundación del consenso, la renovación del pacto esencial de la convivencia, la alianza liminal de una nación unida por la voluntad de sobrevivir en paz frente a los demonios de la sangre y del odio. Nueve años después, la voz del Foro de Ermua, la voz doliente y afligida de las víctimas, sigue llamando a la misma unidad bajo el mismo principio, pero el Gobierno y medio país se han descolgado de ese enérgico acuerdo de fortaleza civil, nacido de la inequívoca voluntad de derrotar al terrorismo. La manifestación de ayer, con su explícito lema contra la negociación, era un test palmario, una prueba incontestable sobre la pervivencia de aquel compromiso unitario, y el Gobierno ha marcado con su ausencia una cruz en la casilla del no. Simplemente, ha emprendido otro camino, ha cambiado de aliados, ha modificado la bitácora, ha revocado la estrategia. Y ha abandonado el principio de firmeza para trocarlo en una blanda, viscosa, evanescente retórica de armisticios disfrazados bajo el solemne concepto de la paz. Pero no habrá paz sin el beneplácito de las víctimas. Podrá haber transacciones, concesiones y arreglos, pero no habrá una solución moralmente aceptable y capaz de cerrar la herida abierta por el terror en la sociedad española. Y será siempre, en el mejor de los casos, una componenda hemipléjica que dejará a la mitad de los ciudadanos con el amargo sabor de una derrota. Hace tiempo que el Gobierno decidió orillar a las víctimas para buscar un acercamiento a los verdugos, pero en las últimas semanas se ha retratado dos veces en una descarnada frialdad que ha desnudado su vaga afecto retórico. La primera, cuando Zapatero rehuyó acercarse al funeral de los asesinados en Barajas, dejando los féretros en una patética soledad institucional que ofendía su dignidad y su memoria. La segunda fue ayer, interpelado directamente en la calle bajo un lema sin ambigüedades. Preguntado si desea derrotar al terrorismo por cientos de miles de ciudadanos que marchaban detrás de una pancarta explícita, el Gobierno ha hecho mutis con la cabeza baja y la mirada ausente. Y el espíritu de Ermua, nacido en el calor de un verano de sangre, plomo y rabia, se ha quedado tiritando en la húmeda atmósfera de este febrero frío como las tumbas y gris como la desolada melancolía de un abandono. E EL RECUADRO DAR LA VUELTA AL CALCETÍN OMO mi suegra como ya dije de Los duros antiguos pero sin mi suegra: sólo como ya dije. Como ya dije son unos genios, unos monstruos, unos virtuosos en el arte de la manipulación y de la conversión de la mentira en verdad a base de repeticiones. Unos artistas en el arte de darle la vuelta al calcetín. La famosa vuelta de la tortilla del cambio felipista es nada al lado de la vuelta del calcetín que practican. La muchachada socialista que se quedó con el santo y la limosna de las siglas tras depurar a los históricos santones del PSOE se hizo a la sombra de los pinos, como una sevillana de María del Monte, la célebre foto de la tortilla porque querían darle la vuelta a la ídem. Antes de asentarse en el poder con el triquitraque de Atocha, los socios fundadores del zapaterismo deberían haberse hecho la foto del calcetín. Como la que ha dado la vuelta al mundo desde una mezquita de Ankara mostrando los zancajos delanteros de los pinreles del presidente del Banco Mundial, pero con unos calcetines en perfecto estado de revista y policía. Al calcetín sí que le dan cada día la vuelta, más que a la tortilla. Y si lo dudan, consideren un dato de ANTONIO la calceta de España: ¿se imaginan la BURGOS que estarían liando el PSOE e islas adyacentes si el Puerto Urraco con nevada de Gago hubiera sido al revés, que hubiesen asesinado al alcalde del PSOE y detenido como presunto homicida al ex candidato del PP a las municipales? Otro dato: ¿se imaginan que el PP gobernara en Andalucía y en España, y que en la bahía de Algeciras se le hubiera estrellado un barco, mecachis en la mar, y hubiera puesto aquello de chapapote hasta las mismas trancas, y ni la ministra del ramo ni el presidente autonómico se hubieran dignado aportar por allí? ¿Se imaginan a ese PSOE tonante? (Que he dicho tonante, como Zeus, tonante con o; lo de tunante con u es lo que usted ha leído... ¿Se imaginan las excursiones de fin de semana de los voluntarios de mono blanco, los telediarios emitidos a pie de playa pringosa, las pegatinas de Nunca mais Pero ocu- C rre como con Fago: que como el chapapote ha pringado a los nuestros, aquí No Passsa Nada. Y paso a la manifestación de ayer tarde. Según los artistas en dar la vuelta al calcetín, los dignísimos integrantes del Foro de Ermua, las asociaciones de víctimas del terrorismo, los asistentes todos eran manifestantes de mala fe Según el polígrafo de esta Máquina de la Mentira para dar la vuelta al calcetín, los manifestantes de buena fe son exclusivamente los que apoyan al Gobierno; y a la ETA, ni toserle. Manifestantes de buena fe eran los que fueron con las pancartas prefabricadas con esa palabra que parece que están en misa, hala, a darse la Paz, daos fraternalmente la Paz con los asesinos, hijos míos, que es lo que habrá dicho el tal Blázquez con el portapaz en su manifa, que no sólo era una manifestación de buena fe, sino además mitrada. Cuando se celebró la manifestación de los de buena fe, no hacían más que preguntar dónde estaba Gallardón, dónde Esperanza Aguirre, dónde el PP. ¡Artistas del calcetín! Ayer en la manifestación del Foro de Ermua nadie preguntaba dónde estaba Zapatero. Quizá porque todo el mundo lo sabe: en la Moncloa, esperando que suene el teléfono rojo (manchado de sangre) que le mantiene en contacto permanente con la ETA para las dos grandes P de la mentira, la Paz y el Proceso. El lema de los manifestantes de ayer no puede ser más suscribible: Por la libertad, derrotemos juntos a la ETA. No a la negociación El Gobierno no estaba. Si en este bando de la dignidad y de la memoria hubiera el arte de dar la vuelta al calcetín que tienen los otros, hubieran dicho que no estaban porque el lema les repateaba el hígado. No están por la libertad, sino por la rendición; no quieren derrotar a la ETA, sino hocicar ante ella, y menos juntos con nadie, para que así no se le escape a ZP el Nobel de la Paz, adiós Jerry Adams. ¿Cómo van a decir no a la negociación, si es la que siguen tramando desde el mismo día que la ETA asesinó con su bomba a los dos pobres ecuatorianos de Barajas? Bueno, pues ellos son los únicos de la buena fe. No, son los de la buena pipa: ¿quieres que te cuente el cuento de la buena pipa del arte de dar la vuelta al calcetín?