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S 6 3 2 07 ROSA BELMONTE EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 16 S 6 LOS SÁBADOS DE Agua para quien la quiera Entre la potomanía (en este caso, castiza) y la fibromanía, estamos arreglados stoy harta de oír hablar de comida, de lo que come la gente, de las veces que come al día. Casi prefiero que me cuenten la mili, lo que sólo pasa ya con señores talluditos, que a los jóvenes el servicio militar les suena tan raro como el UHF. El despacho parece un centro dietético. Y el office, la despensa del Challenger. Eso que pensábamos al ver Los Supersónicos de que en el futuro nos alimentaríamos de pastillas no es del todo ciencia- ficción. Es cierto que seguimos dándole al jamón, el mejor amigo de una chica, pero también que los sustitutivos de la comida en forma de batidos o barritas están a punto de conquistar el mundo. Podría hacer una tesis sobre las razones para adelgazar. La principal, según mi observación de los demás que tengo más cerca, es hacer sitio. Es decir, que se adelgaza igual que se tiran revistas viejas: para poder tener sitio donde colocar las nuevas. Se adelgaza para poder volver a hincharse a lo pavo. Aunque el concepto adelgazamiento ya está superado por las mentes más avanzadas (o por las más permeables a los impactos exteriores) De lo que se trata es de comer de forma sana. Una cosa sana es el salvado, que ya podía serlo el foie. Hay quien ha adoptado algo demasiado parecido a la dieta para gallinas (gallinas corrientes, no de las que quieren ser una patata frita) Mismo sabor, mismo aspecto. Ana, mi secretaria, tiene bajo la mesa una caja de All- Bran y va picando como si de pipas se tratara. Con ese ritmo de ingesta de fibra, la mayor parte del horario laboral se la pasa en el baño. Eso sí, siempre se lleva el teléfono inalámbrico. Y yo no puedo evitar, cada vez que hablo con ella y no tengo contacto visual, imaginármela en semejante sitio. Como lo sabe, la mayor parte de las veces me advierte de que no está en el wáter, aunque en el fondo me da igual porque es tan eficaz en la silla de Vitra que en el inodoro de Roca. Debería instalarse allí y llevarse también el ordenador. Es que entre la fibra y el agua que bebe pasa en el wáter más tiempo que con su familia, cosa que tampoco le afeo porque es lo más parecido a la familia de Charles Manson que he visto en mi vida. Su padre es clavado. Y estuvo en la cárcel, razón por la que conocí yo a Ana. No mató a nadie pero pudo haberlo hecho. Conducía borracho. Lo peor es que lo que conducía era una carroza en la Cabalgata de Reyes. Tan borracho estaba que se salió del desfile, se saltó algunos semáfoABC E El cliente me preguntaba si me encontraba bien, pero hablar era lo último que podía hacer. Sólo beber, comer (el pan) y poner la cara de la niña de Aterriza como puedas ros, puso a la policía a perseguirlo y produjo la histeria (y algunas lesiones) de los papánoeles que transportaba. Así que no tiene nada de raro que Ana se meta esos viajes de fibra y agua. Algo tiene que meterse. Hace poco me acerqué a su ratio de ingesta de agua y por nadie pase. La potomanía no es lo mío. Comida con un cliente encopetado. Y menos mal que no estaba sola. No vuelvo a comer guindillas. No es que pidiera guindillas, eran angulas, pero una semilla de las guindillas se me quedó atrancada. Y empecé a beber agua, todo el agua que había en la mesa. Casi me trago también la del florero con nenúfares. Una botella grande de agua, por favor. O todas las que tenga pidió mi querido colega Manuel cuando me vio robándole su copa. El cliente me preguntaba si me encontraba bien pero hablar era lo último que podía hacer en ese momento. Sólo beber, comer (el pan) y poner la cara de la niña de Aterriza como puedas Eso es lo que Manuel contó a todo el despacho, lo graciosa que había estado en mi actuación. Se estaba vengando. Puse la misma cara en la mesa que después en su coche. Justo antes de hacerme pipí en la tapicería mientras me acordaba de Concha Velasco y de las pérdidas nada leves. Nunca nadie se ha alegrado tanto de tener tapicería de cuero. Me temo que siempre voy a ser la que se meó en su coche.