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3 2 07 AIRE LIBRE Balleneros Huellas del pasado en la Antártida Una expedición española ha partido esta semana tras el rastro de los primeros pobladores del continente helado. El proyecto se entronca en el contexto del Año Polar Internacional 2007- 2008 TEXTO: MIGUEL ÁNGEL BARROSO FOTOS: J. C. TAMAYO n marinero holandés que navegó con él sostuvo que el explorador español Gabriel de Castilla fue el primero en echar el ojo a la Antártida, allá por 1603; habría llegado a los 64 S y avistado alguna de las islas Shetland del Sur. En realidad, la historia de la Terra Australis Incognita está llena de descubrimientos más o menos comprobados, de rumores, de leyendas. En 1819 el navío español San Telmo desapareció en mitad de una tormenta al sur del Cabo de Hornos. Se cree, por los restos encontrados recientemente, que pudo alcanzar esas inhóspitas tierras. Ese mismo año, el capitán William Smith, arrastrado también por la furia del viento, arribó a las Shetland en un bergantín inglés y sopesó las grandes posibilidades comerciales del lugar gra- U cias a la abundancia de lobos marinos. James Weddell, uno de los grandes navegantes antárticos, recorrió aquellas aguas en 1821 y 1822 y notificó media docena de naufragios; por los vestigios encontrados- -abundantes huesos de focas- -aventuró que los tripulantes del San Telmo pudieron sobrevivir algún tiempo. A principios del siglo XIX los cazadores de lobos marinos crearon los primeros asentamientos: improvisaban refugios en cuevas o levantando muros de piedra y salían despavoridos cuando empezaba el crudo invierno austral. Claro que con los naufragios hubo más de una partida que esperó en vano que la fueran a buscar. Se han encontrado zuecos, pipas, botellas, remos y telas de velas. Más tarde llegaron los balleneros. Pasaban el verano en la Antártida esperando a los cetáceos que acudían a alimentarse de los grandes bancos de krill. Estos cazadores, la mayoría noruegos, vivían en buques que eran auténticas factorías flotantes. Faeneaban la ballena en el agua y la subían a bordo troceada. En pequeñas bahías de aguas calmas instalaban depósitos de carbón, barriles, calderas para proveerse de agua dulce... Puertos que fueron los orígenes de las estaciones balleneras de Isla Decepción o de las Georgias del Sur. Año Polar Internacional Hoy, convertida la Antártida en santuario para las ballenas (al menos sobre el papel) las instalaciones levantadas entre la roca y el hielo han entrado en el plano de la arqueología. Esta semana ha partido hacia el fin del mundo una expedición hispano- luso- argentina patrocinada por BFGoodrich Tires que buscará el rastro de los pioneros. Se trata de la primera expedición privada promovida en nuestro país en un cuarto de siglo señala José María Jayme, presidente de la Fundación Regiones Polares y participante en cinco campañas antárticas españolas. La anterior, realizada por la Asociación Españoles en la Antártica, se realizó en 1982 en la goleta Idus de Marzo con el empresario y marino Guillermo Cryns al frente. Fue un viaje de reconocimiento que tuvo un gran eco en los medios de comunicación y, de alguna forma, abrió brecha para Los barriles donde se almacenaba el aceite de las ballenas se esparcen sobre el hielo en los viejos campamentos