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ABC SÁBADO 3- -2- -2007 El crimen de Fago ESPAÑA 19 Fueron esenciales los datos de la escena del asesinato y el examen del coche de la víctima El presunto asesino se exculpaba en todo momento: Cómo se van a fijar en mi si soy el que menos dificultades pone para dar la cara El principal sospechoso, pues, estaba centrado desde hace tiempo, pero los investigadores sabían que ni siquiera una prueba de ADN en sí misma era suficiente para poder imputar el crimen. Por eso se esperó también a los resultados de los análisis de las comunicaciones realizadas por los vecinos de Fago en la noche del crimen y en los días siguientes. De nuevo las sospechas recaían en Mainar; y no sólo eso: los datos obtenidos desvirtuaban en buena medida la coartada aportada por el sospechoso. A primeras horas de la mañana de ayer los agentes de la UCO y de la Comandancia de Huesca recibían los últimos datos de las pruebas pedidas. La juez del caso, a la vista de esos resultados, decidía la detención de Mainar. A lo largo de todo el día los agentes registraron sus propiedades, sin que haya trascendido el resultado de estas diligencias, que se realizaron en presencia del detenido. ¿Caso resuelto? No del todo. Al menos hay un implicado más en el asesinato. Lo demuestra la propia mecánica del crimen, pero sobre todo lo confirma el testimonio del médico que aquel viernes, hace ayer tres semanas, iba por la carretera hacia Fago, vio el coche del alcalde en un margen de la carretera, y cuando quiso pararse para ver si le había pasado algo un individuo con linterna le deslumbró y le dijo que continuara su camino... Ese testigo no sólo vio a un hombre con una linterna que le hacía señales de que siguiese su marcha, sino también la sombra de un segundo desconocido. Fago, pues, comienza a dormir tranquilo, pero todavía no ha acabado su pesadilla. El ramillete de sospechosos es pequeño dicen fuentes de la investigación, que añaden: El segundo implicado está ya muy nervioso. Sabe que estamos muy cerca de él y teme que Mainar le delate. Si no ocurre nada raro, es sólo cuestión de horas. Y entonces sí, ese pueblo podrá descansar En frase de fuentes de la investigación, se demuestra que la sombra del tricornio es alargada Fago no es Nueva York Tres semanas después del crimen, un silencio tan hermético y frío como el invierno en Fago, recorre las calles de un pueblo al que le cuesta trabajo dar crédito a que el presunto asesino de su alcalde pueda ser uno de sus vecinos POR ROBERTO PÉREZ FAGO (HUESCA) Para nada nos lo podíamos imaginar Era la frase más repetida entre los pocos vecinos de Fago que ayer quisieron hablar sobre la detención de Santiago Mainar. El silencio es lo primero con lo que se topa el periodista. Nadie quiere hablar. En Fago no quedan más de una quincena de lugareños, la mayor parte de avanzada edad y no precisamente locuaces. Con la nieve y el hielo aún presentes en sus calles, las casas se encontraban cerradas a cal y canto. Informadores y miembros de las fuerzas de seguridad- -algunos de paisano- -eran ayer los pobladores de Fago, hasta el punto de triplicar la población local. Muy pocos se saltaron la ley de silencio y todos exigieron el anonimato. Así, un treintañero afirmaba, sin aportar nada más, que se había enterado a mediodía de la detención del guarda forestal. Otro, un jubilado, explicó que lo supo por la televisión Y un tercer vecino comentaba en el único bar del pueblo que le había sorprendido la noticia. En Casa Marieta su propietaria pedía por favor que no se le hicieran preguntas. No me lo puedo creer. Para nada nos lo podíamos imaginar Mainar y Grima tenían rencillas de antiguo. Pero el enfrentamiento no venía de la política explicaba el vecino de mediana edad en el bar, venía de bastantes años atrás El hombre relataba cómo, hace muchos años esas tensiones se manifestaron con denuncias por una yeguada que había comprado Mainar siendo guarda, que fue el trabajo por el que acudió a vivir a Fago, procedente de Montañana, al lado de Zaragoza capital. El jubilado recordaba que Mainar era algo solitario pero un vecino más. Lo mismo en lo que coincidían los otros tres habitantes: Es normal, un vecino más Este jubilado relataba también que si Santiago Mainar llegó hace veinte años, Miguel Grima lo hizo un par de años después. Santiago conocía al padre de Grima, que era contratista en Zaragoza Mainar posee una casa de turismo rural; Grima regentaba otra. De la buena relación de origen, nada quedó con el paso de los años. Al lado del jubilado, comentaban que Mainar había despertado envidias Compró yeguas, luego vacas, tenía una ganadería- -donde lo detuvieron ayer- -y no pocas fincas que cultivaba- -unas en propiedad, otras arrendadas- -además de su trabajo como guarda forestal y su casa rural. Otro vecino explicaba cómo se había producido la detención: Santiago salió de su casa, pasó por aquí delante- -la calle principal- -para ir hacia la vaquería y detrás salió un coche de la Guardia Civil, y ya no sé más Vecinos agobiados El jubilado explicaba que Mainar acudió a vivir a Fago con su esposa, pero el matrimonio se separó. Rehizo su vida con otras relaciones sentimentales, varias. Con su última pareja, una chica bien guapa de Zaragoza vivió ocho años, pero la relación se rompió hace uno o dos y ella se marchó. A cien metros de la Casa Consistorial, Casa Marieta, bar- tienda y en su fachada el cartel quejoso por una de las decisiones impulsadas por Grima, subir la tasa municipal por colocar mesas en la terraza veraniega. Esto no es Nueva York concluye la pancarta, tras explicar que el Ayuntamiento les cobra 254 euros al mes por cinco mesas cuando se colocan, para el buen tiempo, además de 25 euros de fianza por cada mesa. Fago, con pocos vecinos, se siente agobiado dicen algunos. Agobiados por el crimen, por el revuelo posterior, por la consternación tras la detención y, sobre todo, por la presencia de más periodistas que vecinos. Los mismos, que el próximo día 22 están llamados a una asamblea vecinal para elegir a un nuevo alcalde. Un pueblo pequeño, con una vaquería que ayer centraba la mirada de los informadores desde la distancia, en el cruce de la carretera desde el que no se veía la explotación y a la que la Guardia Civil cortaba el paso mientras seguían las investigaciones. IGNACIO PEREZ día no puso objeciones para que le fueran tomadas huellas de los diez dedos de sus manos, ni muestras de saliva para un análisis de ADN, ni a que se le sometiera a la prueba que permite demostrar si se ha disparado un arma. Porque él, como tantos otros, se sentía seguro de que no había dejado vestigios. Una vigilancia discreta Naturalmente los investigadores no mostraron aparentemente más interés en él que con otros vecinos de Fago. Había que dejar que se cociera en su propia salsa según se diría en lenguaje coloquial; había que someterle a discreta vigilancia se asegura en expresión de los investigadores... La idea, en cualquier caso, es la misma: una vez que había dado sus explicaciones, aportado su coar- tada, simplemente se trataba de echarla abajo. El exceso de confianza que fue permitir que se le mostraran muestras biológicas y dactilares- -en realidad haberse negado a ello le hubiera puesto igualmente en el centro del interés de los investigadores- -resultó fatal para Mainar. Según las fuentes consultadas por ABC se han encontrado vestigios biológicos suyos en el Mercedes del alcalde. Su presencia es particularmente acusadora, ya que su enemistad con la víctima hace que sea muy difícil justificar la presencia de esas huellas en el vehículo. Los análisis de ADN son laboriosos y por eso se ha tardado algún tiempo en conocer los resultados de los cotejos, unas semanas que en cualquier caso no han sido baldías para la investigación.