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4 OPINIÓN VIERNES 2 s 2 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro CINCO MINUTOS SIN LUZ INCO minutos sin electricidad no suponen una gran diferencia en la vida de nadie. Cinco minutos sin televisión, sin ordenador, sin lavadora, sin cargar el móvil, sin bombillas, sin nada que consuma energía eléctrica... Nada de eso constituye un sacrificio que esté fuera del alcance de la mayoría de las personas. Ni tampoco servirá para reducir el gasto energético o para suavizar, aunque sólo sea un poco, nuestra responsabilidad en el proceso de calentamiento que sufre el planeta en que vivimos. Lo que realmente llama la atención sobre esos cinco minutos de apagón voluntario que miles de ciudadanos de todo el mundo compartieron ayer, entre las 19,55 y las 20,00 horas, es precisamente eso, que fueron minutos compartidos, simultáneos, globales. Cinco minutos justo un día antes de que el mundo conozca el contenido del último informe del Panel Internacional sobre Cambio Climático (IPCC) que se hará público hoy y del que deberán salir muy serias recomendaciones para la política medioambiental internacional de los próximos años. Lo de menos es que instituciones concretas, altos cargos, partidos, ministerios, etcétera, se hayan querido sumar a la iniciativa. Lo de más es que esta acción materializa, quizá por vez primera, la preocupación hasta ahora dispersa que miles de ciudadanos- -aunque es evidente que todavía no los suficientes- -comparten sobre las tremendas consecuencias del calentamiento y del cambio climático. En ese sentido, esos cinco minutos sin luz pueden aportar una gran claridad y convertirse en un serio toque de atención tanto para los ciudadanos de a pie como para quienes tienen que tomar las decisiones políticas. No olvidemos, por ejemplo, que en la reciente encuesta del CIS sobre las principales preocupaciones de los españoles, las cuestiones medioambientales ocupaban el puesto diecisiete... en una lista de veintiuno. Puede que la visión de decenas de monumentos en penumbra, de cientos de edificios en la sombra y de miles de hogares inmersos en una momentánea oscuridad pueda hacer las veces de un toque de atención a escala planetaria y servir, quizá, como motor de arranque de una toma de conciencia necesaria para proteger la vida del ser humanoa y, quién sabe si llegará el caso, nuestra propia supervivencia como especie. Una toma de conciencia que siempre empieza, pero no termina de producirse. El camino de esta iniciativa- -a la que nadie se ha atrevido a decir no públicamente- -ha sido, una vez más, de abajo arriba, y no al revés. Es decir, difundida por un grupo ecologista que se ha servido del poder- -también global- -de comunicación de internet para obtener un apoyo popular, primero, que se ha ido traduciendo en apoyos institucionales y políticos, después. No es la primera vez que esto sucede. Ni será la última. El apagón voluntario de cinco minutos, convocado a través de internet por un grupo ecologista y al que tantos se sumaron ayer, no va a cambiar la vida de nadie, ni va a solucionar problema alguno. Pero puede ser, eso sí, el comienzo de algo que termine por salvarnos a todos. C LOS NACIONALISMOS TENSAN LA CUERDA G OBERNAR es decidir. No se puede estar diciendo que sí a todo y a todos, porque es evidente que hay demandas incompatibles entre sí y, sobre todo, porque las pretensiones de algunos sectores son insaciables. Zapatero quiso hacer del talante un estilo propio de gobernar para marcar distancias con las formas de José María Aznar. Entre sonrisas y buenismo, la situación se le ha ido de las manos. No sirve para nada la deriva confederal de la organización territorial del Estado, porque en el País Vasco la ambición nacionalista no cesa y el estatuto catalán- -de muy dudosa constitucionalidad- -no ha colmado las apetencias de los más radicales. El sistema autonómico pierde su vertebración entre reclamaciones y conflictos de todo tipo mientras el presidente del Gobierno sólo sabe repetir esa fórmula vacía de la España plural y continúa prometiendo lo que casi nunca podrá cumplir. Ocurrencias institucionales sin regulación jurídica, como la Conferencia de Presidentes en el Senado, o entrevistas con banderas y más sonrisas en La Moncloa no han servido para que un Estado complejo -la España plural de Zapatero- -funcione mejor, sino todo lo contrario. Se disparan las reivindicaciones territoriales, a veces con un inaceptable tono localista, y el principio de solidaridad se convierte en una simple fórmula retórica que sólo se invoca cuando conviene. El victimismo nacionalista crece y nada parece ya suficiente para satisfacer unas reclamaciones de muy dudoso fundamento. El caso de Cataluña resulta especialmente significativo. En las últimas semanas, el nuevo tripartito pisa el acelerador de la confrontación con el Gobierno a pesar de las afinidades políticas y las alianzas coyunturales. Montilla ha vuelto a opinar sobre la opa de Endesa y esconde su propio fracaso bajo el manto de una operación contra Cataluña Carod Rovira visita al ministro de Asuntos Exteriores para anunciar iniciativas que no le corresponden en materia internacional. La Ley de Dependencia y el desarrollo de la Ley de Educación- -con un recurso ante el TC sobre enseñanza en castellano- -abren nuevos frentes de controver- sia. Ni siquiera le ha servido a Zapatero aprobar una ley que permite el traslado de los papeles de Salamanca, un proceso vivido como un auténtico expolio patrimonial en Castilla y León: todavía quieren más, y están dispuestos a exprimir la debilidad del Ejecutivo hasta que ya no quede ni siquiera ese Estado residual que Pasqual Maragall bautizó poco antes de su despedida. En el País Vasco, la reacción virulenta de los nacionalistas contra el Poder Judicial alcanza un grado de intensidad mayor que nunca. Pero no se trata sólo de exigir al Estado: otras veces el enfrentamiento se produce entre dos comunidades autónomas no sólo vecinas, sino también afines por todo tipo de razones históricas y sociológicas. Es el caso de Murcia y Castilla- La Mancha en la llamada guerra del agua mientras el Gobierno se dedica a capear el temporal como buenamente puede sin adoptar nunca decisiones con sentido de Estado. El efecto, los abrazos y las buenas intenciones duran tan poco como las burbujas de una bebida espumosa. Según avanza la legislatura, se hacen notar sin remedio las carencias de un Gobierno que nunca ha ofrecido planes concretos para los asuntos que preocupan de verdad a los ciudadanos y que confía su suerte electoral a factores que no siempre controla. La creación de expectativas insatisfechas es siempre fuente de malestar y destruye la confianza en los gobernantes, su mejor patrimonio político en un sistema democrático. En materia de organización territorial, Zapatero ha cometido un error muy grave al reabrir el proceso estatutario de forma innecesaria y precipitada, sin tener una idea precisa de cuál es el punto de llegada. Lo peor de todo es que la dinámica política hace casi imposible dar marcha atrás una vez que se ponen en funcionamiento los mecanismos reivindicativos. Las reglas del juego están muy claras según la Constitución y la jurisprudencia del TC, y son más que generosas para permitir el equilibrio entre los principios de unidad y autonomía que presiden el modelo. Ahora está todo en el aire, porque las concesiones permanentes no sirven de nada salvo para alimentar el deseo de pedir sin medida. RUMBO A LA DICTADURA BOLIVARIANA n el Parlamento venezolano no quedan ya diputados opositores y, sin embargo, a Hugo Chávez no le ha bastado saber que todos los legisladores son partidarios suyos, sino que ha preferido autotransferirse la potestad legislativa para hacer y deshacer a su antojo, sin tener que molestarse siquiera en esperar que otros cumplan sus órdenes. El mecanismo de la llamada ley habilitante es formalmente legal, pero su uso exagerado y claramente injustificado suscita serias dudas sobre la condición democrática del Gobierno de Hugo Chávez. El presidente venezolano ha atravesado una línea roja tras la que el argumento de haber sido elegido en las urnas no es suficiente para justificar que se sirva de ello para construir un régimen en el que todos los demás ingredientes de un sistema de libertades sean violados sistemáticamente: ha destruido el poder judicial, ha viciado las salvaguardas del proceso electoral, ha empezado a cerrar medios de comunicación porque le molestan las críticas y ahora ha anulado al Parlamento para legislar por decreto en lo que el propio Chávez anuncia como un proceso revolucionario de transformación institucional del país, un medio para construir un sistema basado en el socialismo cubano, en el que han desaparecido las elecciones. No queda más remedio que advertir de que Hugo Chávez está llevando a los venezolanos de cabeza a una dictadura. E Desde que llegó a la presidencia hace más de seis años, Hugo Chávez no ha hecho más que reformas radicales y transformaciones a su gusto. Ha redactado personalmente una Constitución que luego impuso a la Asamblea y, a partir de ella, ha hecho con la ley de su país lo que le ha venido en gana, sin haber encontrado una mínima fuerza opositora a la que no haya podido aplastar de una forma u otra. Su próxima ambición anunciada es hacerse con el control de las empresas privadas que ejerrcen sus actividades en los sectores estratégicos de la economía del país, a través de un programa de nacionalizaciones. El hecho de que acuda ahora al ejercicio exagerado de la ley habilitante- -por segunda vez desde que es presidente- -no es más que el reflejo de su obsesión patológica por el ejercicio directo del poder, además de una expresión del fracaso de los mecanismos ordinarios de su Administración: el régimen venezolano es Chávez y nada funciona por debajo del presidente, porque todos sus subordinados están chapoteando en la corrupción y nadie es capaz de seguir las ensoñaciones revolucionarias del ex militar golpista. Por eso Chávez no cesa de asumir personalmente el control de nuevas parcelas del poder mientras lleva al país a la deriva delirante de su proyecto de socialismo o muerte ya sin siquiera molestarse en ocultar, o al menos camuflar, su carácter totalitario.