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ABC JUEVES 1 s 2 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL EXTRATERRESTRE U reino no es de este mundo. Lo apuntaban sus orejas de marciano, sus cejas trekkies, su mirada glacial perdida en un horizonte de infinitos, la prosodia dificultosa con que maltrata el idioma, y sobre todo esa extraña manera tan suya de interpretar la realidad desde un prisma lejano, diferente, ajeno. Pero ahora lo han reconocido los suyos, arrebatados de una pasión tribal que sacraliza sus tótems y los exalta con el halo de arrobo y éxtasis del diferencialismo: Ibarretxe no es un ciudadano más Cómo no habíamos caído antes. Sólo alguien de otro planeta, un ser situado por encima de nuestras comunes limitaciones de vulgaridad y finitud, podría situarse por enciIGNACIO ma del sufrimiento, del CAMACHO drama, de la zozobra de una sociedad acongojada por el terror y la violencia. Sólo un ente distinto del común de los mortales, configurado interiormente por circuitos inmunes al sentimentalismo y la pasión, puede elevar su visión iluminada más allá del dolor desconsolado de las víctimas para posarla en un inalcanzable designio de prioridades abstractas, en un remoto imaginario de ideales superiores. Sólo un visitante sideral, exento de afectos, libre de lastres morales, invulnerable a la piedad y a la compasión, sería capaz de desentenderse de la tragedia con la frialdad pragmática y seca de un robot programado para ejecutar un plan sin concesiones a los altibajos del alma. Si el lendakari fuese un hombre normal, un ciudadano corriente sometido a la tentación del desaliento, al pálpito de la indignación o a la trémula conmoción de la rabia, su conciencia le impediría reunirse con los cómplices de los asesinos, y una honda sacudida interior le empujaría a acercarse a sus paisanos desamparados por la exclusión y la amenaza, a envolverlos con firmes palabras de determinación y consuelo. Sentiría repugnancia ante el chantaje, rebeldía ante la indiferencia, coraje ante la coacción. Y se pondría al frente de una vigorosa reacción institucional sostenida por la limpia voluntad de su enérgica conciencia. Nadie puede, empero, exigirle una conducta previsible o normal a un ser situado por encima de las ordinarias servidumbres del pueblo. Y menos, juzgarle de acuerdo con las pautas comunes que rigen los hábitos de una ciudadanía enfangada en el pantanoso conflicto de la convivencia. Él está al margen de esas rutinas cargantes y pesarosas, blindado frente a los fastidiosos enredos de la legalidad, la moral o el deber. Tiene una misión que cumplir, un proyecto que desarrollar, un objetivo que alcanzar, una encomienda que concluir. Sin cortapisas ni obstáculos, sin trabas ni restricciones. Y menos que ninguna, las que brotan de códigos elaborados para ordenar el fatigoso avatar de ciudadanos vulgares, sometidos al albur de las pasiones y necesitados de barreras que contengan su incontinente tendencia al desorden de los sentimientos. Dejémoslo, pues. No es que no sea un ciudadano más, es que se trata de un extraterrestre. S EUROPA RESISTIRÁ pesar de los frenazos y trampas, la Unión Europea parece decidida a salir de esta crisis. La canciller alemana, presidenta de la UE en este semestre, negociaba estos días con dos grandes antieuropeos, mejor dicho tres: los hermanos Kaczyinski, polacos, y el presidente Vaclav Klaus, checo. Lo cual no significa que polacos y checos sean enemigos de la UE, sino que, disculpen el lenguaje, los señores Klaus y Kaczyinski mantienen su campaña de extorsión. La Unión siempre se encontrará frente a esta clase de adversarios. Si no tiene fuerza para defender sus razones, para someter a gentes así, significará que la Unión no vale. Pero valdrá, estén seguros. La presidencia alemana y el representante europeo para la política exterior, Javier Solana, adelantan las reformas del tratado. Dos de ellas, aparentemente formales, son decisivas: acabar con el castrante mecanismo de la presidencia semestral y crear en su lugar un presidente del Consejo de la Unión para cinco años, con un vicepresidente- ministro para la política exterior europea, respaldado por un pequeño servicio exterior. Sólo este cambio prestaría tal dinamismo, tal fuerza a la UE, que la haría irreconocible en DARÍO diez años. Y es de justicia reconocerVALCÁRCEL lo: quien ha peleado por esta reforma con formidable tenacidad, desde Bruselas, ha sido un español. La segunda reforma, inseparable de la primera, es la adopción de las decisiones por mayoría: todo lo cualificada que se quiera, pero mayoría. En una Unión de 27 miembros no es posible la unanimidad. La Unión Europea tardará largos años en fraguar, pero acabará quizá por ser un cuerpo integrado, capaz de tomar decisiones. Algunas decisiones de alcance histórico se toman ya en un terreno tan difícil como la defensa. El envío a la frontera de Líbano- Israel de 6.000 soldados, con más de 1.000 efectivos alemanes patrullando las aguas del Mediterráneo Este, ¿qué es sino un arriesgado ejercicio de defensa A común? Seamos prácticos: Reino Unido resistirá más en la medida en que perciba una Europa indecisa. Pero los británicos son al fin inteligentes y prácticos: avanzarán hacia la integración si las decisiones del núcleo son firmes. Ese núcleo (alemanes, franceses, italianos y españoles) habrá de negociar con Gordon Brown, quizás en junio primer ministro. Brown será quizá pragmático: es inteligente y sabe el enorme peso que la UE representa. Los cuatro estados que apoyan un futuro tratado para 2009 suman 250 millones de europeos. Belgas, griegos, finlandeses, bálticos y eslovenos añaden 30 más. No aspiran a un acuerdo mínimo: quieren que garantice el avance hacia la integración pactada, con un núcleo variable: los británicos, por ejemplo, podrían retrasar su entrada en el euro, pero afirmar su participación en la Europa militar. Madrid acaba de celebrar dos grandes reuniones en apoyo del futuro tratado, una privada y otra pública: la segunda de ellas presidida por el ministro Miguel Ángel Moratinos. Merkel y Solana creen que el nuevo tratado podría retroalimentarse de respaldo ciudadano. Sólo una Unión basada en la ciudadanía podría abordar el cambio climático, las futuras fuentes de energía, la legislación sobre migraciones, la lucha contra el terror... El no- tratado sería un hundimiento, un Titanic comunitario. La idea de Europa no se hundirá. Los europeos son pueblos que han sufrido y escarmentado durísimamente. Buscan desde 1950 una salida común. Cada avance, pactado, será más difícil. Pero los valores de Europa pesarán. Se han publicado en estos días dos imágenes: una en la última página de ABC de ayer, el sargento Ziegel junto al senador John McCain. Otra en el Herald Tribune del lunes pasado: piedad infinita de un médico iraquí mientras atiende a una niña herida en un atentado. Esperanza en medio del horror. Paul Ricoeur y su defensa de una memoria justa y feliz, contra el abismo de la melancolía. También esto es Europa: en medio del cruce de intereses, destaca sobre todo la defensa de la civilidad. Hablar al otro, no satanizar al otro. La violencia retórica lleva indefectiblemente a la violencia física.