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82 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 31 s 1 s 2007 ABC CLÁSICA CLÁSICA Temporada CDMC Obras de Rihm, Dutilleux, Ravels Int. Cuarteto Capuçon (Renaud Capuçon, violín; Aki Saulière, violín; Béatrice Muthelet, viola; Gautier Capuçon, chelo) sLugar Auditorio 400. Museo Reina Sofía. Madrid Liceo de Cámara Obras de BachsIntérpretes: Rachel Podger, violín. Anssi Karttunen, violonchelosLugar: Auditorio Nacional. MadridsFecha: 24- I Vive la France! ANDRÉS IBÁÑEZ ¿Cuántas veces han visto a un violonchelista sostener una partitura rebelde con la punta laqueada de su zapato? Gautier Capuçon es una tempestad. En un pasaje de violentos pizzicatti, salta una de las cuerdas de su violonchelo, y ha de levantarse y salir de la sala para cambiarla. Es Duomonolog de Rihm, un duomonólogo de música especulativa, queremos decir especular (de espejo) en que violín y chelo se reflejan mutuamente. Ainsi la nuit de Henri Dutilleux es música tocada como en sfumato, sin que se perciban los bordes. Una interpretación extremadamente volátil y apasionada, de una obra bellísima que crea un continuo de embrujos sonoros que se diluyen unos sobre otros en complejas, delicadísimas figuraciones, y que resulta al mismo tiempo inequívocamente francesa. El Cuarteto Capuçon está dominado por la intensa personalidad de los hermanos Renaud (violín) y Gautier (violonchelo) dos instrumentistas excepcionales que están desarrollando intensas carreras como solistas y que se reúnen de vez en cuando para hacer música de cámara, uno siente, por el mero placer de hacerla. Todos los años la familia organiza un festival de música en su Chambery natal también por el mero placer de hacerlo, un festival que cuenta con el apoyo de las autoridades locales y que es la ocasión de hacer gran música y de disfrutar de los placeres de la mesa, la conversación y la amistad. La música de los Capuçon surge, precisamente, de ese compromiso intenso no sólo con la música, sino también con la amistad y con el placer. Músicos jóvenes que tocan con un maravilloso sentido de descubrimiento y de aventura, con una pasión y una entrega y una sensación de riesgo y de vértigo que hoy ya sólo podemos encontrar, supongo, en la música contemporánea. Así el cuarteto de Ravel, que nos parece descubrir de nuevo, y que los Capuçon tocan en oleadas arrolladoras de un sonido intensamente luminoso, trabajado hasta en sus menores detalles. Al final, la señora que se sienta a mi lado murmura: Vive la France! Sólo música ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Tres sesiones ha dedicado el Liceo de cámara a las sonatas, partitas y suites para violín y violonchelo de Bach. En este curso, en el que el ciclo madrileño se ha propuesto seguir la huella del cantor de Santo Tomás a lo largo de la historia, se hacía imprescindible observar estas pisadas. En ellas está parte de la esencia del ciclo, el punto a partir del cual cobra sentido el argumento general. A veces estas cosas se explican mejor sin necesidad de palabras. Basta una impresión. La más poderosa tiene que ver con el escenario vacío, dominado desde el centro por el violín de Rachel Podger o por el violonchelo de Anssi Karttunen, según las obras. Un retrato sobrio y contundente. Pero incluso así, se hace necesario penetrar en la materia. Albert Schweitzer cuenta que a Bach le gustaba tocar la viola para sentirse dentro de la polifonía, rodeado de voces, por arriba y por abajo. La imagen también tiene mucho de ilustrativa, por cuanto da idea de la naturaleza de estas obras en las que el instrumentista se convierte en el fiel de intrincados efectos polifónicos. Podger y Karttunen pueden serlo porque tienen la técnica, aun cuando se haga patente el esfuerzo por domar el instrumento. La obsesión por la nota a la que ha llevado el disco y tantas interpretaciones fríamente impecables tiene entre sus peores inconvenientes el haber maleducado al oído. Por eso, en la segunda sesión, destellos de virtuosismo al margen, fue necesario esperar al final parte para saborear cierto rigor. Fue ahí donde se hizo patente la interesante profundidad de Karttunen, su expresión afirmativa y su resuelta realización rítmica, especialmente coherente y amable ante la Gigue de la primera Suite Con mayor finura y exquisitez, Podger apuró la segunda partita: desde la Sarabanda y sus decididos golpes de arco, a la fantástica Giga tan bien resuelta, antes de acabar con la famosa Ciaccona Ahí, la esporádica rebeldía de las cuerdas, fue sólo una anécdota frente a la seguridad, claridad y temperamento con el que se dibujó esta música que por algo es arquitectura en estado puro. Sting, Andy Summers y Stewart Copeland, en una imagen promocional de Police ABC The Police se reúne para actuar en la gala de los Grammy El trío británico, que celebra este año el treinta aniversario de su formación, grabó su último álbum, Synchronicity en 1983 J. L. MADRID. Más de veinte años después de la edición del último álbum de estudio de Police, sus miembros- -Sting, Stewart Copeland y Andy Summers- -volverán a compartir escenario para abrir, el próximo 11 de febrero, la gala de los Grammy, cuyos promotores han logrado convencer a los tres músicos británicos, distanciados y empleados desde hace años en proyectos personales, para que encabecen el reparto de una función tradicionalmente marcada por el regreso a escena de viejas estrellas del pop y la reunión de artistas como Prince y Beyoncé, que formaron un excepcional dúo en la ceremonia de 2004, Paul Simon y Art Garfunkel- -de nuevo juntos en la gala de 2003- -o Madonna y Gorillaz, que unieron sus fuerzas en la edición del año pasado. Aunque la vuelta a los escenarios de bandas desmembradas se ha convertido en un fenómeno recurrente- -para este verano está previsto el regreso de los Smashing Pumpkins y The Jesus And Mary Chain- la reunión de The Police venía siendo más que un rumor en un curso marcado, entre otras efemérides, por el treinta aniversario de la formación de la banda que convirtió en clasicos canciones como Message In A Bottle que, de forma puntual, volvió a reunirse para celebrar su ingreso en el Salón de la Fama del Rock en 2003. CLÁSICA Wozzeck Música: M. Gurlitt. sReparto: J. Reuter, A. -K. Behnke, D. Jeffery, G. Clark, D. Kuebler, K. Jarnot, C. Díez y F. Vas. Orq. Titular del T. Real y Coro de la Comunidad de Madrid. sDir. J. López Cobos. Dir. coro: J. Casas. sTeatro Real. Madrid Otro Wozzeck ANTONIO IGLESIAS Bastarían los últimos compases del precioso epílogo del Wozzeck del alemán Manfred Gurlitt para, buscando un resumen, poder afirmar como latente denominador de su estética, que se aspira un perfume romántico en su esencial expre- sionismo; el asunto parecía exigirlo así, cuando se siente una canción de cuna se nos habla de la infidelidad, los celos, las alucinaciones, la locura, etc. E insisto en las consideración del final de esta titulada Tragedia musical en 18 escenas y el epílogo para mostrarnos la adecuación estética que se trae a colación. Tenemos que agradecer que la programación del Real haya dado a conocer, aunque fuera en versión de concierto, esta página operística de la que se habló siempre, pero que no pudo conocerse aquí en España. La hizo muy bien Jesús López Cobos y su espléndida Sinfónica, por los resultados habidos en el foso, mucha calidad y emoción, dado que en el palco escénico nos la daban con generosi- dad cantantes de auténtica categoría, como los barítonos Johan Reuter y Darren Jeffery, la soprano Anna- Katharina Behnke, o los tenores Graham Clark, David Kuebler y Francisco Vas. Las contribuciones del coro de la Comunidad de Madrid, preparado por su titular Jordi Casas, merece la insistencia ante la labor notoriamente conocedora, con juvenil entusiasmo que, todavía, hace enrojecerse sus orejas, las de Jesús López Cobos, en un trabajo modélico. La agrupación coral estuvo situada esta vez en el foso, mientras en el escenario se mantenía desplegado el sugerente decorado ideado por Bieito para el otro Wozzeck el de Berg. Una sesión de interés y éxito enorme.